Julio 24
Simón, Simón, mira que Satanás los ha reclamado a ustedes para zarandearlos como a trigo; pero Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos (Lucas 22:31-32).
Aunque Pedro pecó de una manera lamentable, al negar a Jesús tres veces, la oración de Jesús lo protegió de la ruina total. Fue llevado al llanto amargo y restaurado al gozo y la valentía que se mostraron en el mensaje de Pedro en Pentecostés. Así es como Jesús está intercediendo por nosotros hoy para que nuestra fe no falle. Eso mismo nos dice Pablo en Romanos 8:34.
Jesús prometió que Sus ovejas serían preservadas y nunca perecerían: “Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y me siguen. Yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de Mi mano” (Juan 10:27-28).
La razón es que Dios obrará para preservar la fe de Sus ovejas. “Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6).
No estamos solos en la batalla de la fe. “Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención” (Filipenses 2:13).
Nuestra perseverancia en la fe y el gozo está, final y decisivamente, en manos de Dios. Sí, debemos luchar. Pero esta misma lucha es la que Dios obra en nosotros. Y sin duda lo hará, porque, como dice Romanos 8:30: “A los que justificó, a ésos también glorificó”. La glorificación de los hijos justificados de Dios está prácticamente hecha.
Él no perderá a ninguno de los que ha traído a la fe y la justificación.
