¿La obediencia sin afecto sigue siendo amor?  

¿Amamos a Dios solo al obedecerle, o también lo amamos verbalmente al usar un lenguaje afectuoso al hablar de Él y dirigiéndonos a Él? John Piper responde.

Bienvenidos de nuevo al podcast de este lunes. Hoy tenemos una pregunta de las grandes: ¿Amamos a Dios solo al obedecerle, o también lo amamos verbalmente al usar un lenguaje afectuoso al hablar de Él y dirigiéndonos a Él? Una pregunta de enorme importancia que llega al corazón mismo de lo que llamamos hedonismo cristiano.

La pregunta es de un oyente anónimo:

¡Pastor John, hola! Mi pastor admitió recientemente que no ama a Dios, ni a Cristo, emocionalmente. Dijo que ama a Dios, o ama a Cristo, al cumplir Sus mandamientos. La obediencia es amor, afirma, y suele referirse a 2 Juan 6 (‘En esto consiste el amor: en que andemos conforme a sus mandamientos’). Y a 1 Juan 5:3 (‘Porque en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos’). He conocido a muchos otros cristianos en mi vida que parecen no tener lugar para un lenguaje emocional o afectivo hacia Dios. Les gusta relacionarse con Él simplemente en términos de obediencia. ¿Es esto saludable? ¿Qué tan importante es cultivar un lenguaje afectivo hacia Dios como Dios? ¿Y qué les diría a aquellos que se sienten incómodos con ese tipo de lenguaje en su relación con Dios y siempre usan únicamente este lenguaje de la obediencia?.

Bien, escucho tres preguntas.

1. ¿Es saludable relacionarse con Dios únicamente en términos de obediencia y no de afectos? Respuesta: no, no es saludable. En el mejor de los casos, es confuso; en el peor, es mortal. Volveré sobre esto más adelante.

2. ¿Qué tan importante es cultivar un lenguaje afectivo hacia Dios? Respuesta: es muy importante. Sin embargo, el lenguaje no es lo más importante. Lo más importante es la realidad de los afectos de nuestro corazón hacia Dios. El lenguaje de los afectos es importante solo porque la realidad del corazón es importante.

3. ¿Qué les dirías a quienes se sienten incómodos con el lenguaje afectivo en su relación con Dios y solo usan este lenguaje de la obediencia? Les diría: “Superen su incomodidad con el lenguaje afectivo, porque la Biblia está llena de él, llena de él, tanto hacia el hombre como hacia Dios”. Se sienten incómodos con la Biblia. Ese es su problema. Y les diría que, si su corazón está realmente emocionalmente muerto hacia Dios, se arrepientan y clamen por vida.

¿Confuso o muerto?

Ahora bien, debemos tener cuidado con nuestras palabras aquí, porque puede ser que este pastor no esté negando que tenga afectos reales y fuertes hacia Dios; tal vez solo esté negando que deba llamarlos “amor”. El amor a Dios, dice él, es otra cosa: es decir, el amor es obediencia. Ahora bien, si eso es lo que está diciendo, entonces quizás sea un buen cristiano y simplemente esté confundido en cuanto a la Biblia. En otras palabras, su corazón puede estar en el lugar correcto, pero está nombrando las cosas de manera no bíblica, y probablemente esté confundiendo a su congregación en el proceso. Así lo sugiere esta pregunta.

Por otro lado, y esto da más miedo, puede ser que realmente no sienta ningún afecto por Dios, y en ese caso necesita nacer de nuevo. Si ni siquiera hay una semilla de mostaza de deleite en Dios, de gratitud hacia Dios, de esperanza en Dios, de satisfacción en Dios, de deseo por Dios, si ninguna de esas emociones está en su corazón hacia Dios y Cristo, entonces no es cristiano. Así que permíteme tratar de dirigirme a ambos tipos de personas al mismo tiempo.

El primer tipo es el cristiano que está confundido acerca de los sentimientos que genuinamente tiene por Dios y simplemente no sabe si llamarlos amor o no. Y el segundo es la persona que cree que es cristiano cuando no tiene ningún sentimiento en su corazón por Dios y Cristo; simplemente está emocionalmente muerto hacia Dios.

Los afectos en la vida cristiana

Ahora bien, esto es lo más importante que hay que decir sobre la confusión que supone afirmar que se ama a Dios con obediencia, pero no con los afectos del corazón: eso es como afirmar que hay fruta, pero negar que haya manzanas. Lo he dicho muchas veces. Afirmar la obediencia y negar los afectos es como afirmar que hay fruta y negar que haya manzanas, porque la obediencia significa hacer lo que Dios manda, y Dios manda que tengamos afectos. Es confuso, es contradictorio, decir: “Obedezco a Dios, pero no tengo ninguno de los afectos que Dios me manda tener”. Eso es realmente confuso y contradictorio.

1. Dios manda que tengamos afectos

Por ejemplo, el Salmo 37:4 dice: “Pon tu delicia en el Señor”. Ahora bien, eso es un mandato. Por tanto, un pastor que dice ser obediente a los mandamientos de Dios debería ser obediente al mandato de deleitarse en el Señor. Ahora bien, tal vez no lo llame amor, aunque creo que debería hacerlo, pero tal vez no lo haga. (Y en un momento mostraré por qué creo que debería hacerlo). Eso no es un problema grave. Confundir el lenguaje no es un problema grave. No tener ningún deleite en el Señor sí es un problema grave.

Pero por ahora, ya sea que llame al deleite en el Señor amor o no, se le ha mandado que se deleite. Y es simplemente confuso y contradictorio decir que obedece a Dios pero que no se relaciona con Él por medio de sus emociones, porque esas emociones son un mandato. Y si no las tiene, está desobedeciendo el mandato. Podemos agregar al Salmo 37:4 el mandato del Salmo 32:11: “Alégrense en el Señor”. Y Filipenses 3:1: “Regocíjense en el Señor”. Y muchos otros.

2. Los afectos son un modelo piadoso

No solo se nos ordenan los afectos hacia Dios, sino que esa forma de sentir en el corazón se nos presenta como un ejemplo, no solo un mandato, sino un ejemplo, de cómo las personas piadosas se relacionan con Dios. Por ejemplo, en Salmo 43:4: “Entonces llegaré al altar de Dios, A Dios, mi supremo gozo”. O Salmo 84:2: “Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del Señor; Mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo”. O el Salmo 63: “Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti… Tu misericordia es mejor que la vida… Como con médula y grasa está saciada mi alma… Cuando en mi lecho me acuerdo de Ti” (Sal 63:1, 3, 5-6).

3. Debemos orar por esos afectos

Y no solo se nos ordena tener afectos por Dios y se nos dan ejemplos de cómo las personas piadosas se relacionan con Él, sino que también se nos enseña a orar por esos afectos. Esto es lo que debemos hacer si no los tenemos. Salmo 90:14: “Sácianos por la mañana con Tu misericordia”. Este es un clamor a Dios para que nos dé los afectos por Él que deberíamos tener y que tal vez no tengamos en este momento.

Y además de todo eso, Jesús advierte contra la obediencia exterior en la que el corazón no siente nada. Mateo 15:8-9: “Este pueblo con los labios me honra”, es decir, los labios se mueven; eso es obediencia exterior, “pero su corazón”, dice, “está muy lejos de mí; en vano me rinden culto”. “En vano”: esa es una afirmación enorme, terrible, horrible. Sin corazón, nuestra obediencia externa no es nada.

Por tanto, concluyo que es confuso y contradictorio decir que obedeces los mandamientos de Dios, pero que no buscas precisamente esos sentimientos de amor por Dios que Él mismo ha ordenado.

Un amor digno de Cristo

Ahora, una última cosa. ¿Por qué deberíamos usar la palabra amor para referirnos a estos afectos hacia Dios? No estoy diciendo que el amor a Dios se reduzca únicamente a los afectos. La Biblia habla del amor de una manera muy amplia. Pero afirmo que el amor a Dios no es menos que los afectos hacia Dios. Ahora bien, ¿por qué diría eso? Y daré solo una razón: Mateo 10:37. Jesús dijo lo siguiente: “El que ama al padre o a la madre más que a Mí, no es digno de Mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí, no es digno de Mí”.

Ahora bien, en esa frase, el amor por Jesús no puede significar la obediencia a Sus mandamientos, porque Él está comparando el amor por Jesús con el amor por nuestros hijos. “Quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí”. El amor por nuestros hijos no significa obediencia a nuestros hijos. Así que el punto es que debemos amar a Jesús con el mismo tipo de amor que sentimos por los miembros más preciados de nuestra familia, solo que aún más, y ese es un amor afectivo.

Así que espero que el pastor que dijo: “Amo a Dios al cumplir Sus mandamientos, no con mis afectos”, se dé cuenta de que Dios nos manda que sintamos afecto por Él. Y espero que esto sea solo una confusión de lenguaje y no un caso de verdadera frialdad de corazón.


Publicado originalmente en Ask Pastor John, Episodio 2025 

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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