Septiembre 21
«Bienaventurados son ustedes cuando los hombres los aborrecen, cuando los apartan de sí, los colman de insultos y desechan su nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo, pues sus padres trataban de la misma manera a los profetas». Lucas 6:22-23
Es una verdad autoevidente que muchos de nosotros consideramos importante agradarle a la gente. Así que nos sorprende descubrir que Jesús enseñó enfáticamente sobre la bendición que recibimos cuando otros nos aborrecen, excluyen e insultan «por causa del Hijo del Hombre».
Es por causa de nuestra relación con Jesús que se produce esta condenación. De hecho, Jesús describió algo que aplica a todo creyente verdadero: cuando tomamos el bando de Cristo, somos rechazados por el mundo. Jesús explicó esta verdad en otras partes de la Escritura. Por ejemplo, la noche antes de morir, les recordó a Sus discípulos que el mundo lo aborreció a Él antes que a ellos y que, como Sus siervos, ellos (y nosotros también) debían esperar la misma persecución que el Señor experimentó (Jn 15:18-20).
Puede que hayas experimentado esta persecución en la escuela; quizás defendiste la Biblia y de pronto te viste aislado de tu grupo de compañeros. Puede que hayas probado el dolor de ser excluido de un grupo de amigos o pasado por alto para un ascenso en tu trabajo solo porque le explicaste a alguien quién es Jesús, por qué murió y qué significa Él. Puede que incluso hayas pasado por el dolor de ser rechazado por los miembros de tu propia familia a causa de tu fe. Si das un paso al frente y defiendes a Cristo, entonces, sutil, pero claramente, el odio de los demás comenzará a dejarse ver y el sentimiento de desprecio se puede volver casi abrumador.
No hay nada fácil ni disfrutable en ser difamado o ignorado cuando vives en obediencia a Dios. De hecho, el rechazo a menudo es acompañado por una gran angustia. ¿Cómo, entonces, podemos encontrar bendición y consuelo en medio de esto?
Debemos aferrarnos a la verdad que Jesús menciona aquí: que cuando nos encontramos en el extremo receptor del aborrecimiento del mundo como respuesta a nuestra fidelidad al Hijo del Hombre, nada anda mal: de hecho, estamos en el lugar donde encontraremos bendición. En otras palabras, esta forma de maltrato es una evidencia tangible de nuestra fe genuina y de nuestra relación con el Señor. Además, Jesús nos promete que, si nosotros lo confesamos delante de los hombres, Él también nos confesará delante de Su Padre en el cielo (Mt 10:32).
El hombre o la mujer que lleva una vida santa, que está preparado para anunciar y obedecer la Palabra de Dios con valentía y que se niega a buscar el punto medio inexistente entre una vida obediente y una popular, eventualmente entrará en conflicto con los impíos y desatará la enemistad del mundo. ¿De qué forma estás siendo llamado a arriesgarte a ser rechazado para hablar de Cristo o vivir para Él? ¡No pierdas el ánimo! En cambio, responde a las calumnias o al desagrado hacia ti por causa del evangelio con regocijo: «porque [tu] recompensa es grande en el cielo». El mundo no tiene nada que ofrecer que se compare ni de cerca con eso.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
