El placer cotidiano de mi mamá era observar la vida silvestre desde su porche, con vista a nuestro estanque en el campo. Una mañana de primavera, vio a seis patitos peludos que seguían a su mamá por el agua. Con la taza de café en la mano, se quedó mirando incrédula cuando el sexto patito, al final de la fila, desapareció de repente bajo el agua, dejando solo unas ondas. Unos instantes después, mientras la mamá pato y su grupo seguían nadando ajenos a todo, se escuchó un pequeño chapoteo cerca del final de la fila, y el quinto patito desapareció. Los depredadores del estanque, unas tortugas mordedoras gigantes, se habían llevado a esos patitos.
Las familias cristianas de todo el mundo enfrentan la tristeza de ver cómo sus queridos hijos pródigos son apartados del camino de la rectitud. El enemigo de nuestras almas viene a robar, matar y destruir. Viene de noche y, sí, como esas tortugas mordedoras, a veces a plena luz del día. Nuestro enemigo no es de carne y hueso, sino Satanás y las fuerzas espirituales del mal que merodean buscando a quien devorar (Ef 6:12; 1P 5:8).
Quizás tus seres queridos estén atrapados en este mismo momento. Es posible que tus amados estén vagando, resistiéndose a Jesús a propósito. Pero, a diferencia de esos patitos ahogados, aún hay esperanza para tus hijos atrapados y descarriados. Entonces, ¿cómo pueden los papás cuidar a los hijos pródigos y ayudarlos a volver a Cristo?

Intercede en oración
Lucha de rodillas por tus hijos. Es desgarrador cuando alguien a quien amamos, alguien a quien hemos cuidado y en quien hemos invertido durante décadas, se aleja de Cristo. Habrá días que te harán caer de rodillas. Quédate ahí. El único que puede recuperar lo que te han robado nos espera ahí, en el suelo.
Ora por cada cosa buena que Dios ha tejido en tu ser querido: las semillas de la fe, la bondad, la curiosidad, el espíritu divertido, el talento artístico. Tú conoces la lista porque la viste desarrollarse y ayudaste a que floreciera. Dios, quien dio todos esos dones, puede consagrarlos de nuevo a Cristo. Pídele que nutra cada señal de gracia que puedas recordar.

Ora Isaías 43:12-13 cuando el miedo te despierte a las 3:00 a. m. y te susurre que tu ser querido que se ha alejado está fuera de tu alcance:
Y Yo soy Dios.
Aun desde la eternidad, Yo soy,
Y no hay quien libre de Mi mano.
Yo actúo, ¿y quién lo revocará?
De eternidad a eternidad, Dios es Dios. Nadie puede alejarse de Su alcance. En los momentos oscuros, ora para que tus hijos regresen al cuidado del Padre (Jn 17:11) y tengan una fe que no falle (Lc 22:32).

Ora de acuerdo con lo que Dios nos dice que Él es: compasivo y misericordioso, lento para enojarse, lleno de amor y fidelidad inquebrantables. Aunque no excusa a los culpables, perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado (Ex 34:6-7). Da gracias a Dios porque es un Dador de misericordia incansable, y confía en que Él irá a donde tú no puedes.
Comparte bondad con verdad
Sé amable sin ceder en lo esencial. “Sobre todo, sean fervientes en su amor los unos por los otros”, nos dice Pedro (1P 4:8). Si la bondad de Dios tiene como objetivo llevarnos al arrepentimiento (Ro 2:4), entonces nuestro amor sincero, compartido gracias a Su fuerza, puede convertirse en un camino hacia la reconciliación y la restauración. Sirve a quien se ha alejado de Dios de formas creativas y consideradas, y di que sí a Sus peticiones siempre que puedas.

En nuestra sociedad, el término “afirmación” ha sido secuestrado para significar: validar los sentimientos y las decisiones de alguien, sean cuales sean. La afirmación bíblica es mucho más rica: declarar la verdad de Dios sobre los demás, resaltar el bien que Él ha puesto en ellos y recordarles la esperanza del evangelio. Una se centra en uno mismo; la otra se centra en el Salvador. Busca evidencia de la obra de Dios en tu ser amado descarriado y encuentra formas de decirle: “¡Bien hecho!”, con frecuencia.
Mostrar amabilidad tiene una salvedad: debemos ofrecerla sin comprometer la verdad. El apóstol Pablo dice que el amor “no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad” (1Co 13:6). Si comprometemos la verdad de la Palabra de Dios para mantener la paz, apagamos precisamente la luz del porche que oramos para que atraiga a nuestros seres queridos descarriados de regreso a casa.

Confía en la obra soberana de Dios
Cuando te sientas cansado, cuando te cueste mantener a raya el miedo y conservar la paz en tu alma, tal vez sea hora de descansar bajo esa misma luz del porche.
Espero en el Señor, en Él espera mi alma, y en Su Palabra tengo mi esperanza… Oh Israel, espera en el Señor, porque en el Señor hay misericordia, y en Él hay abundante redención (Sal 130:5, 7).

La redención generosa y voluntaria de Dios nos libera de la desesperación para que pongamos nuestra esperanza en Su carácter.
Jesús tiene todo el poder sobre las personas muertas, tanto física como espiritualmente. Me consuela profundamente la fe de Marta, quien fue un ejemplo de cómo descansar en la esperanza incluso después de haber preparado el cuerpo de su hermano para el entierro. Cuando Jesús llegó, Lázaro ya llevaba cuatro días en la tumba. Marta exclamó con fe: “Y Marta dijo a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto’”. Y tuvo aún más fe para continuar: “Aun ahora, yo sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá” (Jn 11:21-22).
En mi calendario de oración diario, un Post-it amarillo me marca la página. Cada mañana, cuando lo muevo al día siguiente, leo las palabras que me dan paz, escritas con marcador negro permanente: “Aun ahora”. Me da valor la fe de la mujer que me enseñó a orar estas dos palabras. El mismo Jesús que sacó a Lázaro de una tumba física puede sacar a tu hijo descarriado de una tumba espiritual. No importa qué tan lejos haya llegado tu hijo, ni cuánto tiempo haya estado lejos; aun ahora, Jesús puede traer a este ser tan preciado de regreso a casa.
Jesús venció a la muerte. Salió de Su propia tumba, lo que significa que ninguna tumba, ya sea física o espiritual, tiene la última palabra. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos” (1P 1:3).

Los que están espiritualmente muertos, los hijos pródigos, las hijas perdidas, los niños arrebatados no están fuera de Su alcance. Aunque tus seres queridos hayan caído en la trampa del diablo para hacer su voluntad, “quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad”, y puedan escapar (2Ti 2:25-26 RV60). No todos los que andan perdidos están perdidos para siempre. Por la misericordia de Dios, aun ahora, que tu ser querido que anda perdido, regrese a casa.
Publicado originalmente en Desiring God.