Julio 26
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer”. Juan 15:5
Los fotógrafos novatos a menudo no saben qué están enfocando. Saben qué creen estar enfocando, pero luego la imagen termina con los rostros borrosos y los edificios mal posicionados. Pueden voltear a ver su trabajo y decir: “¡Esto no es a lo que estaba apuntando!”. Sin embargo, la verdad es que las fotografías revelan exactamente dónde y cómo estaba posicionado el lente.
En los altos y bajos de la vida y en todos los puntos intermedios, la manera en que tú y yo reaccionamos a las circunstancias revela el ángulo del lente de nuestra cámara, el enfoque de nuestro corazón y nuestra mente. Por lo tanto, el reto para los creyentes es vivir con un enfoque centrado en Dios.
Jesús dejó muy claro que, si queremos tener un enfoque centrado en Dios, debemos entender primero quiénes somos sin Él. De hecho, Jesús explicó a Sus discípulos que separados de Él no podían hacer nada; después de todo, “en Él todas las cosas permanecen” (Col 1:17). Nuestra necesidad de Jesús no es parcial; es total. Ninguno de nosotros puede siquiera respirar sin que Dios lo permita. ¿Cómo entonces podemos tomar el crédito por la obra que está haciendo por medio de nosotros? Estaríamos totalmente empobrecidos si no fuera por la ayuda divina.
Este principio recorre toda la Biblia. Moisés, elegido por Dios para sacar al pueblo de Israel de la opresión y la esclavitud, insistió en que no podía realizar su trabajo si Dios no estaba con él… y tenía razón (Ex 3:11-12). Amós era boyero y cultivador de higueras y no tenía nada que contribuir al ministerio cuando Dios lo nombró profeta (Am 7:14-15). De la misma manera, Daniel, con su increíble habilidad para interpretar sueños, fue diligente en dar todo el crédito a Dios (Dn 2:26-28). Cada uno de estos hombres reconoció su dependencia total de Dios. De hecho, ni una sola persona en la Escritura que logró grandes cosas para Dios lo hizo sin depender por completo en Él. Para encontrar la habilidad para realizar el trabajo que habían sido llamados a hacer, tenían que mirar hacia arriba y no hacia adentro.
Como cristianos, somos llamados a vivir con un enfoque centrado en Dios; no debemos atribuir demasiada atención a nosotros mismos ni a nuestras habilidades porque, si lo hacemos, podemos estar oscureciendo la gracia y el poder de Dios en nuestra vida. En Cristo, no debemos jactarnos en nuestras habilidades ni buscar cualquier oportunidad para llamar la atención a nosotros mismos. En cambio, debemos simplemente aspirar a ser conocidos como siervos del Dios vivo, ser útiles en Su servicio a medida que trabaja en nosotros según Su buen propósito; y apuntar, no hacia nosotros, sino hacia Él en todo lo que hacemos y decimos.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
