Mayo 14
El propósito de nuestra instrucción es el amor (1 Timoteo 1:5).
Viktor Frankl fue un prisionero en los campos de concentración nazi de Auschwitz y Dachau durante la Segunda Guerra Mundial. Como profesor judío de neurología y psiquiatría, obtuvo renombre a nivel mundial por su libro El hombre en busca de sentido, del que se vendieron más de ocho millones de ejemplares.
En esa obra despliega la esencia de la filosofía a la que llamó logoterapia, que dice que la motivación humana más fundamental es la de encontrar el significado de la vida. En medio de los horrores de los campos de concentración, pudo observar que el hombre puede tolerar casi cualquier cómo que la vida le presente si cuenta con la respuesta del por qué. Pero la frase que más me impactó en los últimos días es la siguiente:
Estoy absolutamente convencido de que las cámaras de gas de Auschwitz, Treblinka y Maidanek, en última instancia, no nacieron en alguna oficina de Berlín, sino en los escritorios y salas de conferencias de científicos y filósofos nihilistas. (“Victor Frankl a los noventa: entrevista”, de la revista First Things, Abril 1995, página 41.)
En otras palabras, las ideas tienen consecuencias: bendicen o destruyen. El comportamiento de las personas, bueno o malo, no surge de la nada. Surge de los puntos de vista acerca de la realidad que en determinado momento se vuelven predominantes, echan raíces en la mente y dan a luz el bien o el mal.
Una de las formas en que la Biblia deja en claro la verdad de que las ideas tienen consecuencias prácticas se observa en frases como: “Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados… se escribió, a fin de que… tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Las ideas que las Escrituras nos presentan tienen la consecuencia práctica de la esperanza.
Pablo lo repite en otra carta: “El propósito de nuestra instrucción es el amor” (1 Timoteo 1:5). La transmisión de las ideas por medio de la “instrucción” produce amor.
La esperanza y el amor no surgen de la nada. Surgen de las ideas, es decir la percepción de la realidad, según es revelado en las Escrituras.
Otra de las formas en que las Escrituras nos muestran que las ideas tienen consecuencias es mediante el uso de la frase por tanto y otras variantes con el mismo significado, que ocurren más de mil veces en la Biblia. Por ejemplo: “Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1); “Por tanto, ahora no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1); “Por tanto, no se preocupen por el día de mañana” (Mateo 6:34).
Si queremos vivir en el poder de estos grandiosos y prácticos, por tanto, debemos sujetarnos a las ideas o formas de percibir la realidad que los precede y someternos a los mandatos que conllevan. Las ideas tienen consecuencias. Así que traigamos todas nuestras ideas bajo la autoridad de Dios.
Devocional tomado del artículo “The Great ‘Therefore’ of the Resurrection”.
