Mayo 11
Prueben y vean que el Señores bueno (Salmos 34:8).
A quien dice que nunca ha probado la gloria de Dios, yo le digo: has probado muchos de sus aperitivos.
¿Alguna vez has mirado hacia el cielo? ¿Has recibido un abrazo? ¿Te has sentado frente a un fuego cálido? ¿Has caminado por un bosque, te has sentado junto a un lago, o te has mecido en una hamaca en verano? ¿Has probado tu bebida favorita en un día de calor o has comido algo sabroso?
Todo deseo es un incentivo, ya sea devoto o distorsionado, para poner la mira en la gloria del cielo.
Si dices que no has probado la gloria de Dios, yo te digo que sí has probado los aperitivos. Ahora sigue con el plato principal. Ve a Dios mismo.
Has visto las sombras; ahora mira la sustancia. Has caminado bajo los cálidos rayos de luz del día; ahora levanta la cabeza y mira al mismísimo sol, pero hazlo a través de la lente protectora y afiladora del evangelio. Has oído los ecos de la gloria de Dios por doquier; ahora sintoniza tu corazón con la melodía original.
El mejor lugar donde puedes sintonizar tu corazón es en la cruz de Jesucristo. “Vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).
Si quieres contemplar la muestra más concentrada de la gloria de Dios, mira a Jesús en los Evangelios, y especialmente en la cruz. Esto te hará enfocar la mirada, sintonizar el corazón y despertar las papilas gustativas para ver, oír y saborear la gloria del Dios verdadero en todas partes.
Esa es la razón para la que fuiste creado. Te suplico: no desperdicies tu vida en las sombras. Dios te creó para que veas y saborees Su gloria. Ya has probado aperitivos. Ahora prueba el plato principal, el banquete.
