La predicación como adoración

La predicación es más que enseñar la Biblia; es un acto de adoración en el que Dios es proclamado, exaltado y escuchado por su pueblo.

Martyn Lloyd-Jones señaló, en una famosa frase, que si alguien no puede distinguir entre predicar y enseñar, es porque nunca ha escuchado una verdadera predicación. Por desgracia, esto sigue siendo cierto hoy en día. La predicación bíblica, sin duda, enseña, pero es más que enseñar. Anuncia la Palabra de Dios con autoridad divina, hace que las exigencias de Cristo calen en la conciencia y llama tanto a los pecadores como a los santos a adorar al Dios vivo.[1] Pero la predicación también tiene un ingrediente clave que hoy se suele pasar por alto. La predicación es el elemento principal de la adoración. La predicación es adoración.

Predicar como un embajador

Todos los elementos del servicio de adoración conducen a la predicación y responden a ella. La predicación del evangelio de Dios es el acto principal del servicio; sin ella, no sería un servicio de adoración. Es especialmente en la predicación donde nos encontramos con el Dios que habla. Cristo está verdaderamente presente por medio de la predicación bíblica fiel de Su embajador ante todos los que están presentes. Como dijo Lloyd-Jones: “Cualquier definición verdadera de la predicación debe decir que ese hombre está ahí para transmitir el mensaje de Dios, un mensaje de Dios para esa gente. Si prefieres el lenguaje de Pablo, él es ‘un embajador de Cristo’”.[2]

Todos los elementos del servicio de adoración conducen a la predicación y responden a ella. / Foto: Lightstock

Debido a que la predicación es un elemento de la adoración, un sermón es más que una sesión de enseñanza en la escuela dominical o en un grupo pequeño. Es diferente de una clase en el seminario o de una sesión de discipulado uno a uno. La predicación no es una conferencia. Una vez más, Lloyd-Jones muestra la distinción entre un sermón y una conferencia. “[Una conferencia] se dirige principalmente, y casi exclusivamente, a la mente; su objetivo es dar instrucción y exponer hechos… Así que una conferencia, de nuevo, carece, y debe carecer, del elemento de impacto, de la intención de provocar algo en quien escucha, lo cual es un elemento vital en la predicación”.[3]

Un sermón es más que una enseñanza

La “predicación” de hoy es casi exclusivamente enseñanza, y esto causa que la predicación genuina sea ignorada, rechazada y criticada. En el panorama de la predicación actual, es posible que escuches a algunos defender que sus mensajes sí califiquen como sermones. Pero si lo analizas bien, a menudo escuchas una explicación del texto, varias citas de comentaristas o autores favoritos, unas cuantas ilustraciones y algunas aplicaciones. Este estilo puede incluso ser un monólogo, expositivo, lógico, persuasivo y con preguntas retóricas. Pero esto no es necesariamente predicación. Sigue siendo una conferencia a la que se le agrega algo de aplicación práctica. Un sermón va más allá de una conferencia.

La predicación debe incluir enseñanza, pero también va más allá. / Foto: Lightstock

Hoy en día, es necesario que haya enseñanza en los sermones. No podemos anunciar un texto que la gente no pueda entender. La predicación debe incluir enseñanza, pero también va más allá. Debe anunciar y debe tener como objetivo principal llevar a la gente a adorar “en ese mismo momento”.

El elemento central de la adoración

La predicación no siempre se da en el contexto de un servicio de adoración. Existe la predicación “en la calle”, la predicación en el campus, la predicación de los centros deportivos, la predicación ante un organismo gubernamental o incluso la predicación en un hogar de jubilados. La predicación puede y debe darse en muchos contextos diferentes (ver Hechos 17). Pero la predicación ocurre principalmente en el servicio de adoración y allí se da como un elemento de la adoración. David Strain dice:

Pero no solo estamos diciendo que la adoración es el resultado de la predicación de la Palabra. Estamos diciendo que la predicación bíblica es adoración. Es un acto de adoración ordenado por la Palabra de Dios. Como tal, el lugar central que ocupa la adoración en nuestros servicios resalta el hecho de que, en la adoración, Dios se acerca a nosotros primero. Estamos ahí para encontrarnos con Él, para escucharlo y para que Él nos transforme, bajo Su Palabra y por medio de Su Espíritu; solo de manera secundaria y como consecuencia estamos ahí para ofrecer sacrificios de alabanza y acción de gracias.[4]

La predicación no siempre se da en el contexto de un servicio de adoración. / Foto: Unsplash

Una vez más, Strain dice:

La predicación es adoración porque Dios es exaltado en la proclamación de Su gracia en medio de la asamblea de Su pueblo y hasta los confines de la tierra.[5]

El objetivo de la predicación es magnificar al Dios Trino y Su evangelio de gracia según el texto bíblico que se esté tratando, de una manera que sea fiel al contexto original, a nuestra situación actual y a las verdades eternas que el Espíritu quiere que comprendamos. La adoración implica alegría, temor, lamento, humildad, seguridad, confesión, acción, corrección y mucho más. La predicación debe generar todo esto a lo largo de muchos sermones diferentes. Ante todo, la adoración se centra en Dios. La predicación anuncia Su ser y Su obra. La predicación expositiva no se trata simplemente de explicar el texto versículo por versículo y frase por frase. Su objetivo es encontrarte con el Dios de ese texto y adorarlo ahí mismo, en ese momento, basándote en la verdad que se proclama.

El objetivo de la predicación es magnificar al Dios Trino y Su evangelio de gracia. / Foto: Lightstock

Predicar a Dios

Eso significa que predicar no es simplemente sobre Dios, sino que la predicación predica a Dios. Por el poder del Espíritu Santo, la predicación bíblica genera una fe salvadora. Jesús se manifiesta en la predicación (Ro 10:14; Ef 2:17) y nos habla tanto individual como en comunitariamente. El Padre nos asegura nuestra adopción en ese mismo momento. No solo explicamos verdades sobre Dios, sino que lo presentamos para que la fe salvadora pueda agarrarlo de la mano. Dios, por medio del predicador, se ofrece a quienes están escuchando. Nos invita a tener una relación con Él y nos invita a crecer en esa relación. No se trata simplemente de transmitir información; la predicación hace que el evangelio penetre en lo más profundo del corazón (pensamientos, afectos y acciones).

Esto significa que la predicación requiere mucha oración, no solo del pastor, sino también de los miembros de la iglesia. Muchas predicaciones pierden parte de su poder, no porque el pastor no ore, sino porque la gente tampoco lo hace. Para sacar el máximo provecho de la predicación, tanto el púlpito como los miembros deben priorizar la adoración personal y privada. Esto no se antepone a la adoración pública, sino que se prioriza para que podamos beneficiarnos más de la adoración pública. James Durham dice sobre los ministros: “Es la naturaleza del ministerio que requiera comunión con Dios y permanecer en Su consejo (Jer 23:18, 22). Sin esto, podría considerarse un robo de Su Palabra sin reconocerlo a Él mismo (v. 30)”.[6]

Esto significa que la predicación requiere mucha oración. / Lightstock

Si la predicación es adoración, entonces esto cambia nuestras expectativas, preparación y reflexión. Nuestra expectativa respecto a la predicación pasa de ser algo de entretenimiento, consumista y del tipo “solo dame algunos principios de vida” a una profunda reverencia, una fe basada en la experiencia y una adoración sincera al Dios vivo. No estamos escuchando una charla estilo TED con un toque religioso; estamos ahí para escuchar al Dios Todopoderoso, quien nos manda a entregarle toda nuestra vida. Nuestra preparación para escuchar esta predicación es diferente a todo lo demás en la vida. Es diferente a los grupos pequeños, la escuela dominical y las devociones personales. La predicación es cuando Dios, de manera más especial, “se manifiesta” para encontrarse con nosotros mediante Su Palabra. Es un encuentro con el Dios Santo, Santo, Santo. Esto requiere autoexamen, oración, preparación mental, corazones listos para recibir la predicación fiel y el deseo de reunirse con el pueblo de Dios. También significa que nuestra reflexión sobre la predicación es muy diferente a criticar el sermón. Más bien, consiste en humillarnos ante la predicación fiel, recibirla con fe, reflexionar sobre nuestras vidas, confesar y arrepentirnos, creer que Su gracia es para nosotros, descansar solo en Cristo y buscar con gozo la obediencia. Hay un momento para dar retroalimentación sobre el sermón, pero es mucho menos frecuente de lo que ocurre hoy en día. Una mentalidad de calificar la predicación y criticar el sermón se convierte en un corazón endurecido que no recibirá nada de Dios a menos que satisfaga nuestras ganas de escuchar cosas que nos agraden. Debemos ser como los bereanos, pero no se lee que los bereanos adoptaran un enfoque al estilo de Thomas Jefferson: “Esto es lo que creeré y esto es lo que rechazaré”.

Si la predicación es adoración, entonces esto cambia nuestras expectativas, preparación y reflexión. / Foto: Lightstock

Conclusión

Vale la pena terminar citando al hombre con el que empezamos. “¿Cuál es el objetivo principal de la predicación? Me gusta pensar que es este: dar a los hombres y a las mujeres una sensación de Dios y de Su presencia… Puedo perdonarle a alguien un mal sermón; puedo perdonarle casi cualquier cosa al predicador si me hace sentir la presencia de Dios, si me da algo para mi alma, si me hace sentir que, aunque él mismo sea imperfecto, está manejando algo que es muy grande y muy glorioso, si me permite vislumbrar, aunque sea vagamente, la majestad y la gloria de Dios, el amor de Cristo, mi Salvador, y la magnificencia del evangelio”.[7]


Publicado originalmente en Gospel Reformation Network.

[1] Gracias a Matt Adams por este maravilloso comentario sobre esta parte del artículo.

[2] Martyn Lloyd-Jones, Preaching and Preachers [La predicación y los predicadores] (Zondervan: Grand Rapids, MI, 1972), 53.

[3] Lloyd Jones, Preaching and Preachers, 71.

[4] David Strain, Expository Preaching (P&R Publishing: Phillipsburg, NJ, 2021), p. 71-72. Publicado es español con el título La predicación expositiva.

[5] David Strain, Expository Preaching, 73.

[6] James Durham, Preventing Ministry Failure  [Prevenir el fracaso en el ministerio] (Reformation Heritage Books: Grand Rapids, MI, 2022), 11.

[7] Lloyd-Jones, Preaching and Preachers, 110-111.

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Wilson Van Hooser

Wilson Van Hooser (MDiv, Reformed Theological Seminary) es pastor de Grace Presbyterian Church (PCA) en Stillwater, Oklahoma. Está casado con Grace y tienen dos hijos.

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