Reconocimiento y respuesta

Todos necesitamos compañeros para servir bien a Cristo. Dios nos hizo con distintos temperamentos para servir un propósito en Su reino, en compañía de Su pueblo y para la gloria de Su Hijo.
Foto: Lightstock

Agosto 24

“y Él les dijo: ‘Echen la red al lado derecho de la barca y hallarán pesca’. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: ‘¡Es el Señor!’. Oyendo Simón Pedro que era el Señor, se puso la ropa, porque se la había quitado para poder trabajar, y se echó al mar”. Juan 21:6-7

Cuando la figura que estaba en la orilla dijo a los pescadores que echaran la red al otro lado de la barca —y cuando esos pescadores vieron que, sin haber pescado nada en toda la noche, sus redes estaban ahora llenas— comenzaron a reconocer quién era el que les había llamado. Tal vez hasta ahora se les había impedido sobrenaturalmente identificarlo, como a los hombres de Emaús (Lc 24:16). O tal vez la niebla de la mañana a distancia desde la barca les impidió reconocer plenamente a su Salvador.

Sea como fuere, no pasó mucho tiempo antes de que Juan, “aquel discípulo a quien Jesús amaba”, se diera cuenta de quién les había hablado, y tan pronto como compartió con Pedro su intuición, este se puso en marcha. El reconocimiento de Juan y la reacción de Pedro forman una asociación que muestra maravillosamente la intención de Dios de una diversidad complementaria. Dios toma a los Juanes y a los Pedros de este mundo, y los pone juntos para que sean lo que no pueden ser por sí solos. A lo largo del Evangelio de Juan, vemos que él muestra una fe contemplativa y firme. Cuando él y Pedro visitaron la tumba vacía, consideró el significado de la ropa de la tumba que yacía vacía donde debería haber estado un cuerpo, y creyó (Jn 20:8). Su declaración desde la barca también revela a un hombre que no consideró sus circunstancias precipitadamente, sino que las meditó y luego creyó con confianza. Cuando Juan se dio cuenta de que era Jesús el que tenía delante, se lo hizo saber a Pedro. Pedro respondió al reconocimiento de Juan como solía hacerlo: actuando con fe, pasión y de forma inmediata. Puedes imaginarte a Pedro saltando al agua y moviéndose rápidamente, medio nadando, medio caminando, esforzándose desesperadamente por llegar a su Salvador en la orilla. No dudó en salir de la barca. Su único pensamiento era llegar a su Señor.

Sin la naturaleza contemplativa y perspicaz de los Juanes, los Pedros de este mundo se consumirían en una actividad frenética. Sin la audacia de los Pedros, los Juanes de este mundo se consumirían en la introspección. Todos necesitamos compañeros para servir bien a Cristo. Tanto si eres un Pedro como si eres un Juan, o cualquiera que sea tu temperamento particular, Dios te hizo como eres para servir un propósito en Su reino. Muchos de nosotros pasamos mucho tiempo deseando ser más como otros. Otros no tenemos ningún problema en reconocer nuestras fortalezas particulares, pero sí lo tenemos a la hora de utilizarlas humildemente al servicio de los demás o en ser pacientes con las formas de otros que son diferentes a nosotros. ¿Qué cambiaría en la forma en que te ves a ti mismo y en tu propósito si te dieras cuenta de que cada aspecto de tu temperamento es dado por Dios, y que Dios tiene la intención de que lo uses no para tus propios fines, sino en obediencia a Él, en compañía de Su pueblo, para la gloria de Su Hijo?


Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios

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Alistair Begg

Alistair Begg is the senior pastor of Parkside Church in Cleveland, Ohio, the Bible teacher at “Truth For Life,” and the author of Brave by Faith: God-Sized Confidence in a Post-Christian World. He is married to Susan, and together they have three grown children and five grandchildren.

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