Agosto 23
Cuando Él venga para ser glorificado en Sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por ustedes (2 Tesalonicenses 1:10).
Pablo dice que Cristo vendrá precisamente para ser glorificado y admirado. Para eso vendrá.
La gente tropieza con la enseñanza de que Dios exalta Su propia gloria y busca ser alabado por Su pueblo, porque la Biblia nos enseña a no ser así. Por ejemplo, la Biblia dice que el amor “no busca lo suyo” (1 Corintios 13:5).
¿Cómo puede Dios ser amoroso y, sin embargo, estar completamente dedicado a “buscar Su propia” gloria, alabanza y gozo? ¿Cómo puede Dios estar con nosotros si está tan completamente dedicado a Sí mismo?
La respuesta que propongo es esta: debido a que Dios es único como un Ser glorioso y totalmente autosuficiente, debe estar para Sí mismo si es que estará para nosotros. Las reglas de humildad que pertenecen a una criatura no pueden aplicarse de la misma manera a su Creador.
Si Dios se alejara de Sí mismo como Fuente de gozo infinito, dejaría de ser Dios. Negaría el valor infinito de Su propia gloria. Insinuaría que hay algo más valioso fuera de Sí mismo. Cometería idolatría.
Esto no nos beneficiaría. Porque ¿adónde iremos cuando nuestro Dios se haya vuelto injusto? ¿Dónde encontraremos una Roca de integridad en el universo cuando el corazón de Dios haya dejado de valorar supremamente lo que es supremamente valioso? ¿Adónde iremos con nuestra adoración cuando Dios mismo haya abandonado las afirmaciones de sus infinitos valor y belleza?
No, no convertimos la autoexaltación de Dios en amor exigiéndole que deje de ser Dios.
Debemos comprender que Dios es amor precisamente porque busca incansablemente la alabanza de Su nombre en el corazón de Su pueblo. Nuestra alabanza por Su grandeza es la piedra angular de nuestro gozo y de Su grandeza.
