Agosto 22
“El amo de José lo tomó y lo echó en la cárcel… Pero el Señor estaba con José, le extendió Su misericordia y le concedió gracia ante los ojos del jefe de la cárcel”. Génesis 39:20-21
Después de que la esposa de Potifar lo acusara falsamente, José tocó fondo… de nuevo. Una vez más se encontró condenado, no a un pozo esta vez, sino a un calabozo. Su mundo había tocado fondo.
Y sin embargo, como hombre de Dios, como hombre de principios, José demostró una paciencia constante. Había huido de la tentación seductora de la esposa de Potifar con la fuerza de sus convicciones, tomando su decisión de acuerdo con la pureza y la rectitud. Está claro que José temía a Dios más que a un calabozo. No quiso acostarse con la mujer de Potifar porque hacerlo habría sido pecar contra Dios. Para José, ese fue el fin de cualquier discusión interna, y fue base suficiente para su decisión.
Esta visión nos mantendrá a nosotros también en el camino estrecho. La verdadera fidelidad no proviene del pragmatismo, sino de los principios. Es la formación de convicciones en la quietud, sin que toda la algarabía de la vida nos distraiga. Es obedecer a pesar de las consecuencias. Es estar tan decidido a ser un hombre o una mujer de Dios que, cuando la presión para pecar es mayor o cuando todo se nos viene encima, sabemos cómo responder.
Mientras José soportaba un sufrimiento injusto, Dios demostró Su amor concediéndole el favor de su carcelero. No hay nada en la narración que sugiera que José trató de manipular las circunstancias para su propio beneficio, e incluso si José hubiera estado buscando un amigo o aliado, nunca habría anticipado que el carcelero cumpliría ese rol. Pero Dios tenía otros planes. La presencia del Señor permanece con Su pueblo incluso en las circunstancias más extremas.
De vez en cuando, todos nos sentimos como si estuviéramos en el calabozo —un nuevo punto bajo en nuestras vidas— y estamos confinados a un aislamiento escalofriante. Tal vez ese sea tu caso hoy. Tal vez tú, como José, has sido víctima de falsas acusaciones o estás contando el costo de tu determinación de obedecer a tu Señor, o tal vez algo completamente diferente está pesando sobre tu alma cansada. Sea lo que sea, el Señor lo sabe. Él nunca ha sido tomado por sorpresa, y te ama con amor eterno. Su amor es firme y no cambia por las circunstancias. Te ama lo suficiente como para haber atravesado el calabozo de la muerte y el terror del infierno para que tú nunca tengas que hacerlo. Consuélate sabiendo que, como declaró el profeta Zacarías, “el que los toca, toca la niña de Su ojo” (Zac 2:8).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
