La Nueva Era

En cuanto a cómo evangelizar a los capturados por esta herejía, un buen comienzo sería tocando los puntos de encuentro que tiene con la fe cristiana.
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Podemos notar un cambio drástico en la vida espiritual de las personas en los últimos cien años. La interconectividad entre naciones, culturas y religiones abrió un abanico de experiencias místicas para el hombre moderno de cualquier rincón del globo. A nuestro entender, la Nueva Era es una de las religiones mundiales más influyentes que esclaviza al incrédulo cegado por la obra de Satanás (2 Cor. 4:4). Por esa razón, se describen a continuación, las creencias de esta religión espiritista, las diferencias que posee con la enseñanza apostólica y la influencia maliciosa que ha causado en el cristianismo.

El credo de la Nueva Era [1]

El término “Nueva Era” es utilizado para identificar a una multitud de grupos organizados que adoptaron parte del antiguo pensamiento gnóstico de la era post apostólica y parte del hinduismo antiguo. Se caracterizan por prácticas ocultistas, espiritismo y misticismo oriental. La organización mundial de esta religión promueve una influencia silenciosa pero eficaz sobre la población. Todo esto la vuelve difícil de detectar, y, por lo tanto, altamente peligrosa. Los afiliados a la Nueva Era creen:

  • Que existe un mundo espiritual profundamente relacionado con el terrenal.
  • Que todo es divino (sea el hombre, sea la creación).
  • Qué hay reencarnación.
  • Que el pensamiento positivo es la clave.
  • Que los elegidos pueden salvarse por medio de una iluminación especial.
  • Que la palabra del hombre tiene autoridad divina, al punto que puede reclamar lo que desea.

Las prácticas de la Nueva Era son: Panteísmo: “Dios está en la naturaleza, por lo tanto, la naturaleza es dios. Dios está en el hombre, por lo tanto, el hombre es dios”. Iluminación global: “Para alumbrar la ignorancia que se haya en ti, y desatar los poderes de tu mente, debes practicar un poco de meditación trascendental; o puedes conectarte con el mundo espiritual a través de médiums”. Astrología: “Vivimos en un viejo orden mundial, conocido como la era de piscis. Pero pronto nos adentraremos a La Nueva Era de Acuario (de aquí el nombre de la secta), donde el hombre iluminado conocerá una súper conciencia”. Actitud Mental Positiva: “La muerte y la enfermada son ilusiones. Esta vida está diseñada para tener salud, prosperidad y felicidad. Si enfocas tu mente en pensamientos positivos, si visualizas la realidad ideal que imaginas, y por medio de declaraciones positivas lo reclamas, pronto podrás obtener cualquier cosa que desees. El hombre es dios, por lo cual todo lo que su mente pueda concebir se hará realidad”. Reencarnación: “Eres espiritual, pero vives encerrado en la prisión de tu cuerpo carnal. Cuando llegue tu hora de morir, pasarás a un nuevo cuerpo, hasta que un día purificarás la luz que hay en ti, despojándote de lo material para unirte por siempre a la Energía del Cosmos” (pensamiento similar a la Moksha del hinduismo). Salud holística: “¿Por qué sufres dolor? ¿Por qué sigues atado a tus energías negativas? Recurre a cualquiera de las siguientes terapias naturales: Quiropráctica, Homeopatía o Macrobiótica. Asiste a terapias mentales: Yoga. Consulta terapias para manipular tu energía interior: Acupuntura; Reiki; Iridología; Toque sanador. O elige terapias sobrenaturales: Guías espirituales y Mediumnismo”. Los símbolos que identifican la Nueva Era son:

  • Cristales
  • Delfines
  • Flor del loto
  • Pegaso
  • Símbolo de paz
  • Arco iris
  • Unicornios
  • Ying Yang
  • Cabeza de chivo
  • Pirámides
  • Ojo en un triángulo
  • Rayo de luz

La herejía que disemina la Nueva Era sobre la población mundial es que el hombre moderno necesita explotar el potencial divino que lleva dentro hasta llegar a ser dios. El problema del hombre es su conocimiento. La salvación se obtiene para un grupo élite por medio de un conocimiento iluminado de la Era venidera. La moral es subjetiva, y cada miembro decide qué es bueno y qué malo para él mismo. Jesús solo fue un gran profeta que tuvo una iluminación superior y la Biblia es un libro que habla de cosas espirituales como cualquier otro.

La enseñanza apostólica

Para este punto se utilizará únicamente la epístola del apóstol Pablo escrita a los cristianos de Colosa [2]. Pasando por alto los importantísimos detalles históricos, culturales y religiosos que contextualizan la carta, nos adentramos a describir de manera abreviada las marcadas diferencias que posee el cristianismo bíblico con la Nueva Era. Para Pablo, Dios no es la creación y los seres humano no son dioses. Sino que el Mesías, encarnado en Jesucristo, es el Hijo de Dios y Creador de todo el universo —incluyendo seres angelicales—: “Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado… Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él” (Col 1:13, 15-16). El mensaje apostólico se centra en una Persona: Jesucristo. Él es Sabiduría de Dios. Solo Cristo es la bandera que la reforma tomó prestada de este misionero cristiano. El pleno conocimiento no radica en la compresión de una Nueva Era mundial, sino en reconocer a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido, cuya fe en Su vida, muerte y resurrección nos completa como seres humanos: “…Resultando en un verdadero conocimiento del misterio de Dios, es decir, de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Esto lo digo para que nadie os engañe con razonamientos persuasivos” (Col 2:2-4). En el pensamiento paulino, el hombre es una criatura moral que debe rendir adoración al Creador. El fin principal del hombre es glorificar a Dios. El problema central de ser humano no es su conocimiento embotado, sino su rebelión pecaminosa. Y si el hombre no se arrepiente en vida, será condenado el día del Juicio Final: “Y aunque vosotros antes estabais alejados y erais de ánimo hostil, ocupados en malas obras… [que eran] la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas…” (Col 1:21; 3:5-7). Por lo tanto, la predicación apostólica señala otro camino de salvación diametralmente distinto a la Nueva Era. La solución no viene por un conocimiento iluminado dirigido a una clase élite de la población humana. Sino que el Mesías se humanó, viniendo al mundo que creó para morir por los pecados de Su pueblo. Es por medio de Jesucristo crucificado, y Su sangre derramada, que las personas pueden reconciliarse con Dios, con sus semejantes y con la creación: “Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos… ahora Él os ha reconciliado en su cuerpo de carne, mediante su muerte, a fin de presentaros santos, sin mancha e irreprensibles delante de Él,” (Col 1:19-20, 22). La muerte de Jesús en el Calvario, lejos de ser la derrota y fracaso del Mesías, fue Su triunfo sobre el pecado, el diablo y la muerte: “Habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él” (Col 2:14-15). Ahora bien, a diferencia de la Nueva Era y su clase elitista, estas buenas nuevas pueden predicarse a toda criatura racional sobre la faz de la tierra, sin importar su condición espiritual, clase económica o raza en particular. La salvación es solo por la fe y solo por gracia para toda criatura: “A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo…en la cual no hay distinción entre griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo o libre, sino que Cristo es todo, y en todos… orando al mismo tiempo también por nosotros, para que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo…” (Col 1:28; 3:11; 4:3). Todo esto implica que el pecador unido a Jesús por la fe ahora es un nuevo hombre. Ya tiene una nueva identidad en Él, formando parte del reino del Mesías: “Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado” (Col 1:13). Y como tal, debe distanciarse radicalmente de prácticas paganas como:

  • La astrología: “Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo” (Col 2:8).
  • La interacción con ángeles o demonios: “Nadie os defraude de vuestro premio deleitándose en la humillación de sí mismo y en la adoración de los ángeles, basándose en las visiones que ha visto, hinchado sin causa por su mente carnal,” (Col 2:18).

Por ende, a partir de su unión a Jesús, la vida del hombre renovado debe vivirse en obediencia al Señor. La comunidad de fe no tiene licencia para pecar como guste: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios… Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría” (Col 3:3, 5). El Mesías es Norma y Ejemplo para la vida cristiana, tanto para esposas (Col 3:18); esposos (Col 3:19); hijos (Col 3:20); padres (Col 3:21); empleados (Col 3: 22) y jefes (Col 4:1). Otro choque importantísimo con esta herejía se ve en que para los apóstoles la palabra humana no tiene poder creativo en absoluto, sino que las Sagradas Escrituras son la única regla de fe y conducta: “Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales…” (Col 3:16). Sola Escritura es el lema reformado que encaja con el pensamiento paulino. Finalmente, Pablo no espera la reencarnación ni la unión con la Energía del Cosmos. Sino que anida la esperanza de la resurrección futura —donde no se pierde el ser, ni se anula la conciencia—, con la seguridad de ver la Majestad de Dios cara a cara al recibir un cuerpo glorificado similar al Mesías ascendido: “Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria” (Col 3:4).

Influencia negativa de la Nueva Era dentro del cristianismo

Existen algunos focos donde la Iglesia cedió terreno en esta batalla espiritual contra las huestes infernales. De manera silenciosa la filosofía de la Nueva Era se enraizó en muchos conceptos cristianos, deformando la enseñanza original de los apóstoles de Jesucristo. Señalemos algunas áreas doctrinales afectadas por cierto sincretismo: La Bibliología: Para muchos cristianos la Biblia es inspirada por Dios, pero no llega a ser suficiente en la vida diaria. Necesitamos recurrir a otras fuentes de “sabiduría” externas a la Palabra de Dios. Por ejemplo, este pensamiento iguala el Libro divino con la psicología moderna. La Teología propia: El concepto de Dios que tiene la Iglesia en muchos casos puede ser lamentable. El pueblo redimido no conoce a su Dios. Para la Nueva Era Dios ni es santo, ni personal. Y justamente es la Majestad de Dios la que no es temida y Su Personalidad la que no es abraza por Su pueblo. La Cristología: Jesucristo es anunciado como el Salvador de nuestros pecados, la Puerta al cielo y el Camino a Dios. Pero no es el Señor de nuestras vidas. La gran hazaña lograda por la Nueva Era es separar la conversión de la santidad. Se alega que uno puede estar “iluminado” por la Verdad sin ser transformado por ella. En muchos creyentes el poder del evangelio no refleja la formación de la imagen del Hijo de Dios. La Pneumatología y angeología: Hay iglesias donde las experiencias espirituales con demonios son el centro de atención. Hay otras donde las manifestaciones del Espíritu Santo son indispensables para su confirmación. También hay congregaciones donde predicar sobre el Espíritu Santo parece un pecado. La Nueva Era causa toda esta confusión. Algunos se apegaron demasiado al mundo espiritual, otros se alejaron sobremanera de las realidades invisibles que nos definen. La Antropología: Este es el punto más fuerte sobre el cual la Nueva Era ha logrado agrietar la vida de la Iglesia. Las iglesias locales están centradas en el hombre, no en Jesús. El hombre se adora a sí mismo como dios. “Declarar” sucesos, “proclamar” profecías, “atar” demonios, etc. Todo ello es pura Actitud Mental Positiva. La iglesia moderna es humanista no Cristocéntrica. La Hamartiología: En muchas congregaciones, el pecado parece ser nuestro amigo en vez de nuestro archienemigo. Algunos temen las tentaciones del diablo más que las asechanzas del pecado en sus corazones. Otros practican el pecado sin recibir disciplina alguna de la iglesia local. La carnalidad en el Cuerpo del Mesías revela la influencia antinomianista de la Nueva Era, desatando el libertinaje de Sus miembros. La Sotereología: La maraña de pecados ocultos, practicas mundanas, falta de Biblia, ignorancia de Dios y una excesiva confianza en los sentimientos personales, hacen del creyente moderno un blanco fácil para los ataques de la Nueva Era. Cristianos que viven sujetos a temor ya que nunca están “completamente seguros” de su redención. Para muchas almas sinceras es difícil encontrar descanso en su salvación porque “sienten que no conocen lo suficiente” de la Biblia. La Eclesiología: Hoy en día existen miembros de iglesias locales que no escucharán las predicaciones y consejos de sus ministros a menos que tengan una formación académica. Si el candidato a anciano no tiene un título en divinidades, o si la iglesia no es gobernada por un misionero capacitado con un doctorado, entonces se piensa que vamos rumbo a la catástrofe. Semejante inclinación solo es un eco del conocimiento iluminado que la Nueva Era proclama sobre un grupo élite. Quienes así se conducen, manifiestan creer que la salvación de una iglesia local no viene del Mesías, del Espíritu Santo y de las Sagradas Escrituras, sino de la sabiduría iluminada que posee un maestro adoctrinado bajo un altísimo nivel de pensamiento académico. Esto es elitismo intelectual. La Escatología: la Nueva Era espera un nuevo orden mundial llamado Acuario, en el cual, la historia de la humanidad comenzará a ser regida por los iluminados. La historia de la redención que se cumple y culmina en Jesucristo como el Mesías Rey que se sienta en Su Trono Blanco para juzgar a los vivos y los muertos, para ellos es descartada. Ellos no creen en la supremacía de Yahvé, ni en el infierno, ni en un Juicio Final ejecutado por el Juez Supremo de los hombres. Parte de este pensamiento se filtró en no pocos púlpitos de iglesias evangélicas, donde semana tras semana la gente se reúne a oír la Palabra pero jamás es llamada al arrepentimiento de sus pecados, ni desafiada por el temor al juicio venidero sobre sus acciones, ni sacudidas por los terrores del infierno sobre su cuerpo y alma.

Conclusión

Vemos que esta religión mundial tiene sus raíces en el gnosticismos del siglo II, encontrando paralelos incluso con el antiguo hinduismo. No quedan dudas de la gravedad que acarrea sobre la Iglesia de Dios ignorar sus falsas enseñanzas. Los incautos serán devorados sin piedad por esta bestia escarlata. Como Iglesia de Jesucristo nos compete conocer las artimañas y errores que disemina la Nueva Era, sumergiéndonos en las Sagradas Escrituras para empuñar la espada del Espíritu con destreza, proclamando el evangelio a toda criatura para que sean salvos. Los ministros del Nuevo Pacto deben batallar contra estos razonamientos diabólicos, llevando todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo (2 Cor 10:3-5). La pureza de la Iglesia será recobrada en la medida que retomemos nuestro camino a la fe apostólica. En cuanto a cómo evangelizar a los capturados por esta herejía, un buen comienzo sería tocando los puntos de encuentro que tiene con la fe cristiana. Por ejemplo, ellos aceptan el mundo espiritual, reconocen que existe una sabiduría superior y afirman que todo ser humano necesita ser salvo de su actual estado. Podemos construir una charla con base en esto. Este era el método paulino usado en las ciudades paganas (Hch 17: 19-31). Pero en última instancia solo nos queda orar al Señor por sus almas, sabiendo que el Hijo puede hacerlos libres de su esclavitud (Jn 8:32, 36).


[1] June Hunt, Consejería Bíblica Tomo 9 (CLC Bogotá 2010) 235 [2] Cesar Vidal, Los orígenes de la Nueva Era (Grupo Nelson, Tennessee 2009) 57 Kindle

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