Mayo 22
«[Ustedes] estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo». Efesios 2:1-2
Por más duro que parezca, por más polémico que pueda sonar, la Biblia compara a los no redimidos con muertos vivientes. Fuera de Jesucristo, los hombres y las mujeres están «muertos» en sus delitos y pecados.
La ilustración bíblica de la humanidad debería moderar nuestra expectativa de lo que la vida puede ser fuera del reino de Dios. La educación es vital. La legislación claramente es necesaria. Sin embargo, ninguna de las dos, ni siquiera juntas, puede tratar los problemas fundamentales del corazón humano. Los remedios mundanos solo nos llevan hasta un cierto punto, porque no pueden solucionar el problema más grande: nuestra condición natural es que estábamos «muertos en [nuestros] delitos y pecados, en los cuales [anduvimos] en otro tiempo… y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás» (Ef 2:1, 3).
La enemistad que marca a la humanidad fuera de Cristo es principalmente vertical: es enemistad contra Dios. Sin embargo, los efectos se desbordan hacia otras direcciones. Pablo prosigue en su carta a los Efesios con una descripción de cómo esta enemistad vertical ha afectado las relaciones horizontales entre judíos y gentiles (Ef 2:11-12). La profunda hostilidad entre los judíos y los gentiles en el mundo antiguo era causada por el profundo pecado del hombre. Ambos estaban separados de Dios, como lo representaba el velo que colgaba en el templo, y ambos estaban separados entre sí por una pared metafórica que existía entre ellos (v. 14).
La verdad es que es inevitable que tales hostilidades continúen, si no es por Cristo. Aunque es bueno invertir en nuestra comunidad y trabajar para alcanzar un cambio real en nuestra sociedad y para el bien de nuestro prójimo (y, de hecho, Dios ordena a Su pueblo que lo haga; ver, por ejemplo, Jer 29:7), este no es el objetivo principal donde el creyente debe poner su energía principal, ni su ministerio, ni su esperanza para el cambio. En Jesús, y solo en Jesús, Dios ha creado y sigue creando una nueva sociedad donde las barreras de división son derribadas por la gracia. Dios ha provisto en la iglesia local auténtica «el patrón genético» para «un mundo roto vuelto a crear».¹ Cuando las personas encuentran iglesias donde se nota este patrón, experimentarán una probada de lo que Dios está planeando hacer cuando el pecado y las lágrimas y el dolor se terminen, cuando, en el cielo nuevo y en la tierra nueva, todos Sus propósitos sean cumplidos.
La enemistad, tanto vertical como horizontal, es inevitable sin Cristo. No obstante, en Cristo y en la sociedad que Él está edificando y de la cual Él es la cabeza, esta enemistad ha sido crucificada. Tomar la realidad del pecado en serio significa que tú y yo invertiremos en nuestra iglesia local para asegurarnos de que sea un lugar donde la gracia haya derribado las barreras y el patrón del reino futuro de Dios sea evidente. Hasta que lleguemos allí, tenemos la oportunidad de trabajar y disfrutar de los anticipos ahora.
1 Christopher Ash, Remaking a Broken World: The Heart of the Bible Story [Un mundo roto vuelto a crear: El corazón de la historia bíblica] (The Good Book Company, 2019), 163.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
