Mayo 19
«A la hora de comer, Booz le dijo a Rut: ‘Ven acá para que comas del pan y mojes tu pedazo de pan en el vinagre’. Así pues ella se sentó junto a los segadores. Booz le sirvió grano tostado, y ella comió hasta saciarse y aún le sobró». Rut 2:14
Tú y yo somos llamados a ser puentes que cierran el abismo entre la experiencia del aislamiento y la aceptación de Dios.
Para Rut, Booz fue ese puente. En medio de un largo día de trabajo, Booz invitó a sus trabajadores a compartir una comida. También dio la bienvenida a Rut para que comiera entre los segadores contratados. Es fácil ignorar la importancia de esto. Rut era una extraña, una extranjera y una mujer. Las acciones de Booz fueron inesperadas y contraintuitivas en lo cultural. Fueron como las de Cristo.
Booz es un ejemplo de alguien cuyas acciones son un puente entre el aislamiento y la aceptación que Dios ofrece. Como moabita, Rut era vista y tratada de forma diferente por los habitantes de Belén. Además, el estatus de viuda de Rut y de Noemí las habría aislado en muchos círculos sociales. Sin embargo, ya que el amor de Dios había llenado su corazón, Booz desechó cualquier indicio de prejuicio que pudiera haber tenido y dio la bienvenida a Rut a su mesa.
Booz no se detuvo al asegurarse de que Rut se sintiera cómoda con sus acciones solamente. No, sino que también se aseguró de que los demás trabajadores trataran a Rut con aceptación y bondad y no le dejó luchar para aprender las destrezas prácticas de su nueva ocupación (Rut 2:15-16). Él se esforzó al máximo para proveer y cuidar de ella.
¿Hacemos lo mismo por los incrédulos, los nuevos creyentes o los visitantes en nuestra iglesia? Un cristiano es, por definición, un receptor del amor del pacto de Dios. Por lo tanto, un cristiano debería ser el primero en incluir a los rechazados, el primero en decir: «¡Aquí eres bienvenido! ¡Estamos felices de que estés aquí! ¡Por favor, participa! ¿Me acompañarías?». Somos llamados a oponernos a la corriente común de exclusividad egoísta y al hábito igualmente pernicioso de solo pasar tiempo con los que son iguales a nosotros y darles solo a ellos la bienvenida.
Encontramos la valentía que necesitamos para ser puentes y no barreras cuando miramos la aceptación que Dios nos ha mostrado en Cristo. La inclusión de Booz hacia Rut a pesar de su raza, su estatus social y su falta de experiencia laboral nos señala hacia la historia eterna de la bienvenida más grande de Dios. El Dios santo llama a través de las fronteras entre judío y gentil, esclavo y libre, y dice a los pecadores: «Vuélvanse a Mí y sean salvos, todos los términos de la tierra» (Is 45:22). Debemos mirar de nuevo hacia la cruz, porque allí aprenderemos lo que significa ser amado y bienvenido por Dios. Solo entonces podremos amar de verdad y dar la bienvenida a otros.
Así que mira la manera en que Cristo te da la bienvenida a Su mesa y, luego, pregúntate: «¿Cómo Su Espíritu me está moviendo a cerrar ese abismo? ¿A quién me está llamando a darle la bienvenida en mi mesa?».
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
