Mayo 16
Al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay. Sin embargo, el Señorse agradó de tus padres, los amó, y escogió a su descendencia después de ellos, es decir, a ustedes, de entre todos los pueblos, como se ve hoy (Deuteronomio 10:14-15).
El amor electivo de Dios, por el cual elige un pueblo para Sí mismo, es completamente libre. Es el bondadoso desborde de Su felicidad ilimitada, guiada por Su infinita sabiduría.
Deuteronomio 10:14-15 describe el deleite que Dios tiene al elegir a Israel de entre los pueblos de la tierra. Observa dos detalles.
Primero, nota la diferencia entre los versículos 14 y 15. ¿Por qué Moisés ubica la elección de Israel en medio de la escena de Dios como propietario de todo el universo? ¿Por qué, en el versículo 14 dice que a “Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay”, y después, en el versículo 15 dice que el Señor escogió a Israel para que fuera Su pueblo?
Al parecer, el motivo es eliminar la idea de que Dios estaba restringido de algún modo en la elección de Su pueblo, es decir, que había algunos límites a Su elección y de alguna manera se vio obligado a elegirlos. Este pasaje busca derribar el mito pagano de que cada pueblo tiene su propio dios y que este dios tiene derechos sobre su propio pueblo y nadie más.
La verdad es que Yahvé es el único Dios verdadero. Él es dueño de todo lo que hay en el universo y puede tomar a cualquier pueblo que elija para hacer de él Su especial posesión.
Por tanto, la inexpresable y maravillosa verdad revelada a Israel es que Dios los eligió. No tenía que hacerlo. Dios tenía el derecho y el privilegio de elegir a cualquier pueblo que quisiera sobre la faz de la tierra para llevar a cabo Su propósito redentor. O todos ellos. O ninguno de ellos.
Por eso, cuando se llama a Sí mismo el Dios de Israel, no quiere decir que está al mismo nivel que los dioses de Egipto o Canaán. Él es dueño de esos dioses y de sus pueblos. Si le hubiera placido hacerlo así, podría haber elegido a un pueblo totalmente distinto para realizar Sus propósitos.
El propósito de vincular de este modo los versículos 14 y 15 es enfatizar la libertad de Dios, Sus derechos universales y Su autoridad.
El segundo detalle que notar (en el versículo 15) es la forma en que Dios ejerce Su libertad soberana: “El Señor se agradó de tus padres, los amó”, es decir, el Señor se deleitó en tus padres y los amó. En Su libre elección, Dios tomó placer en amar a los padres del pueblo de Israel.
El amor de Dios por ellos era libre y movido por misericordia, y no estaba restringido a ningún atributo específico de su judaísmo ni por virtud alguna de Israel.
Esta es una lección para nosotros. A nosotros, los que creemos en Cristo, Dios nos ha elegido con la misma libertad. No por algo en nosotros, sino porque Dios simplemente se deleitó en hacerlo.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 112–114.
