En la primera iglesia donde me convertí en pastor principal, tenía grandes ideas y expectativas. Había estado en el ministerio en roles de pastor asociado anteriormente. Conocía los peligros y los obstáculos del ministerio pastoral. Pero ahora, bajo Cristo, yo sería el responsable de la dirección de la iglesia y de la predicación de la Palabra. No habría nadie más a quien culpar por lo que estuviera mal o fuera deficiente en la iglesia. Yo sería el responsable. Y en mi comprensión ingenua, asumí que si simplemente predicaba la Palabra fielmente, los perdidos serían salvos y los salvos serían edificados.
Había orgullo en mi corazón, y el Señor sabía que necesitaba ser humillado. Así que, al comienzo de mi ministerio, descubrí que la Palabra corta en ambas direcciones, tanto edifica como derriba. No todos responden a la Palabra. Y esas cosas aparentemente sin importancia que necesitaban ser cambiadas eran importantes para algunos miembros de la iglesia. Lo suficientemente importantes como para costarme la confianza y requerir reconstruir relaciones.
Hay muchas razones por las que los pastores se desaniman. Algunas legítimas. Algunas ilegítimas. En el resto de este artículo, quiero ayudarnos a entender algunas de las razones de nuestro desánimo y cómo combatirlo. Es verdad que este no será un tratamiento exhaustivo, pero espero que sea un comienzo útil. Trabajemos por medio de algunas preguntas que guiarán nuestra conversación.

El desánimo es una experiencia universal, pero ¿cuáles son algunas de las cosas comunes que frecuentemente dejan desanimados a los predicadores?
• La personalidad introspectiva. La manera en que Dios nos hizo. Somos creados de manera admirable y maravillosa. Eso significa que cada uno es único en su personalidad. Además, vivimos después de la caída, por lo que el pecado de Adán ha afectado cómo respondemos a las situaciones. Recuerdo escuchar un panel en el que a John Piper y John MacArthur se les preguntó cómo combatían el desánimo. Piper se tomó el tiempo de explicar cómo frecuentemente se desanima, describiendo la lucha que enfrenta. MacArthur simplemente dijo: “Yo no me desánimo”. Las carcajadas brotaron.
El punto es que algunos somos más sensibles de conciencia, más tiernos de corazón y más autorreflexivos. En nuestra introspección podemos encontrar maneras en que no estamos a la altura de otros. Podemos encontrar razones para desanimarnos. Si ese eres tú, necesitas guardar tu corazón y hablar la verdad a ti mismo. Puede que estés más tentado a creer las mentiras que el enemigo dice sobre ti y tu ministerio. La manera de combatir es por fe en la verdad de quién es Dios para ti en Cristo y quién eres tú en Cristo. Piensa en Efesios 1:3-14. Pablo animó a los efesios desanimados diciéndoles que, por estar unidos a Cristo, todas las bendiciones espirituales son suyas: predestinación, elección, adopción, perdón.

• Las expectativas poco realistas. Cuando entré a mi primer pastorado como pastor principal, asumí que si era fiel, la iglesia crecería. Me desanimé cuando eso no sucedió de inmediato. Las expectativas frustradas e incumplidas destruyen relaciones, nos llevan a la frustración y al enojo, y pueden incluso llevarnos a pecar. Quizás uno de los grandes desalientos en el ministerio pastoral es la falta de crecimiento.
Encuentro al apóstol Pablo de gran ayuda aquí. Él nos recuerda que simplemente somos llamados a plantar la semilla del evangelio y regarla. ¡Eso es todo! Plantar y regar; plantar y regar; plantar y regar. Dios da el crecimiento. Es bueno tener expectativas, pero asegurémonos de que estén fundamentadas en la Escritura y sean realistas.

• La oposición pecaminosa. A todos nos gusta ser queridos. Y queremos que a todos les gusten nuestras ideas y sigan nuestra dirección. Es importante que cultivemos un ambiente donde los miembros puedan hacer preguntas y otros líderes puedan ofrecer resistencia. Pero es otra cosa cuando enfrentamos una oposición pecaminosa, incluso llena de odio. Es verdaderamente desalentador porque no podemos separar la crítica y las acusaciones de quiénes somos, de nuestro carácter.
Es importante durante estos tiempos guardar nuestros corazones, hacernos preguntas honestas y recordar el sufrimiento de nuestro Señor. No debemos sorprendernos por la oposición pecaminosa. Satanás usará cualquier medio a su disposición para atacar a la iglesia y sus pastores. Lo que debemos hacer es, como Jesús, permanecer fieles, no responder al pecado con pecado, y encomendarnos al Dios que juzga con justicia (1P 2:21-24).

• Muchas otras razones. La soledad y el aislamiento, las relaciones rotas, la sordera a la Palabra, y estoy seguro de que puedes añadir cualquier número de razones que hayas experimentado. Lo que es importante entender es que el desánimo no es anormal. La mayoría de nosotros lo atravesamos. Clama a Dios pidiendo ayuda. Corre a Jesús en Su Palabra. Ve a otros hermanos que puedan caminar contigo y cargarte cuando sea necesario. No necesitas atravesarlo solo.

¿Cuáles son algunos de los peligros y escollos que vienen con predicar durante una temporada de desánimo?
Si algunas de las razones del desánimo mencionadas anteriormente son correctas, entonces uno de los peligros que viene con predicar durante una temporada de desánimo es que respondamos a nuestro desánimo de maneras pecaminosas, al punto que lo descargamos sobre nuestra congregación. Queremos justificarnos, hacernos las víctimas. Y para hacerlo, debe haber un villano. Si ese “villano” está en la congregación, seremos tentados a predicarle a ellos.
Otro peligro, sin embargo, es que si no tenemos esperanza, nuestra predicación puede sonar sin esperanza. Y posiblemente, solo vemos el texto que estamos predicando a través del lente de nuestro desánimo. Entonces, en lugar de predicar la verdad de la Palabra de Dios a la congregación, estamos predicando la verdad de la Palabra de Dios (esperemos), haciendo la aplicación solo a nosotros mismos. En otras palabras, el desánimo puede hacernos personas egocéntricas.

¿Cómo pueden los predicadores continuar con el arduo trabajo de la preparación y la predicación de sermones, incluso cuando se sienten desanimados?
La lucha contra el pecado y la lucha contra el desánimo es una lucha de fe para creer la verdad del evangelio en lugar de las mentiras del maligno. Irónicamente, una de las mejores cosas que podemos hacer en medio de nuestro desánimo es tener suficiente fe para seguir preparando y predicando sermones. Para seguir ayudando al pueblo de Dios a ver la verdad, la belleza y la gloria de Jesús frente a su propio desánimo y duda. A medida que continuemos trabajando en la Palabra, veremos cómo el Espíritu aplica toda la Palabra a Su pueblo dondequiera que estén.

¿Qué tan honesto debe ser un predicador con sus feligreses durante tiempos difíciles? ¿Es más importante dar un ejemplo de fortaleza y estabilidad? ¿O de vulnerabilidad y honestidad?
Como ya he dicho, no estamos destinados a caminar solos por la vida cristiana. Por eso, es importante ser honestos con nuestros líderes de la iglesia y con la congregación. Eso comienza pidiendo oración. Hazles saber que estás en una temporada de desánimo y que necesitas que oren por ti.
Pero si tu desánimo se convierte en una depresión seria, necesitas buscar ayuda. Encuentra otro pastor. Busca un consejero. Hazles saber a tus líderes. Y pídele a la iglesia que ore por ti. Apreciarán tu honestidad y te darán lo que necesitas para recuperarte.
¿Hay algún pasaje de las Escrituras o temas que sean útiles para predicar durante temporadas de desánimo?
Las Escrituras que serán más útiles dependen de la fuente del desánimo. He tratado de mostrar algunas arriba. Pero los Salmos generalmente nos ayudan a saber cómo expresar nuestra tristeza, desánimo e incluso desesperanza de manera apropiada. Los Salmos de lamento nos muestran cómo traer nuestras quejas a Dios de manera correcta.
Identifica la fuente de tu desánimo si es posible y busca las Escrituras que aborden eso específicamente.
¿A dónde pueden ir los predicadores en busca de ánimo?
Como ya he mencionado, no estamos destinados a vivir la vida cristiana solos. Eso incluye a los pastores. Así que, camina con otros pastores hermanos. Involucra a otros líderes en tu vida. Ten una práctica robusta de oración. Vive en la Palabra de Dios. Confiesa tu pecado rápida y regularmente. Descansa en el perdón que tenemos en Cristo. Y regocíjate en el Señor siempre, en toda circunstancia, como se nos manda hacer.