Si has viajado en un avión recientemente, probablemente te has dado cuenta de esto: nadie presta atención a los videos que muestran las medidas de seguridad antes de despegar. Es posible que haya un incremento en su interés después de algún accidente o desastre, pero muy pronto, las viejas costumbres regresan y la gente se coloca sus audífonos y miran fijamente sus teléfonos en lugar de prestar atención a la información de vuelo.
Al parecer, las aerolíneas han respondido a esta clase de apatía intentando hacer estos videos más atractivos e ingeniosos. Air Canada ya no muestra a los pasajeros en un avión, sino a actores profesionales en diferentes lugares de Canadá. Lufthansa hace algo similar, pero con un giro un poco más internacional. United Airlines sigue una invención extraña al estilo de Rube Goldberg por una serie de locaciones con pantalla verde. Los videos son más extensos que nunca y bastante abstractos. Y, por lo que puedo ver, la gente no está más interesada en ver los videos nuevos que los anteriores.
No puedo demostrarlo, pero no me sorprendería saber que la seguridad disminuye a medida que aumenta la duración y lo abstracto de estos videos. Quizás sean ingeniosos teniendo grandes valores de producción, pero la comprensión general disminuye a medida que los pocos hechos clave quedan ocultos tras una masa de imágenes y lugares.

Hace poco tuve una experiencia fascinante. Invité a la iglesia a un amigo que profesa otra fe. “Ven y aprende cómo adoran los cristianos”, le animé. Y lo hizo encantado. El sermón de aquel día trató sobre el libro de Romanos y la maravilla de ser justificado por gracia mediante la fe. El pastor no pudo ser más claro en su explicación del evangelio. Mi amigo abrió la Biblia por primera vez en su vida, siguió con su vista la lectura y parecía escuchar con interés y atención.
En los días siguientes le pregunté qué había aprendido del sermón. Su respuesta fue la siguiente: “Tu religión y la mía son iguales: sé una buena persona, haz cosas buenas y Dios te recompensará”. Me sorprendió que pudiera escuchar tan bien pero aprender tan poco, al punto que después de 45 minutos de exposición clara, entendiera el mensaje mal.
Probablemente has tenido experiencias como esta en tu propia vida. Le explicas el evangelio a alguien y simplemente no lo entiende. Parece que algunos no pueden entenderlo. Tú dices “gracia” y ellos escuchan “obras”. Dices “gratis” y ellos oyen “mérito”. Dices “fe” y ellos escuchan “trabajar”. Puede ser frustrante. Puede ser desalentador. Y puede hacer que nos preguntemos si deberíamos cambiar el medio o el mensaje (o quizá ambos).

Muchos cristianos y muchas iglesias han hecho esencialmente lo mismo que las compañías aéreas. Al ver que la gente no está interesada en el mensaje o no lo entiende, intentan re-empaquetarlo. Lo disfrazan. En lugar de transmitir la verdad pura y simple, transmiten algo que es atractivo pero opaco, algo que pretende llamar la atención pero que en realidad aleja a la gente de la comprensión real. Pero esa no es la solución, porque el problema no está en el evangelio, sino en quien lo escucha.
Al compartir las buenas noticias con los demás, todos acabamos siendo testigos de la verdad de 2 Corintios 4:4: “El dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios”. No ven porque no pueden ver y no pueden ver porque Dios todavía no ha quitado el velo que los mantiene ciegos.
Nuestra tarea no consiste en disfrazar el evangelio ni en cambiar el mensaje para hacerlo más atractivo o apetecible. Claro que podemos expresar esa misma verdad de formas nuevas y hablar con palabras apropiadas para un oyente en específico. Pero no podemos cambiar el mensaje y no debemos dejar de proclamarlo. La tarea que Dios nos ha dado es predicar y suplicar. Debemos seguir predicando la verdad que los hombres y mujeres perdidos necesitan oír y suplicar a Dios que haga lo que solo Él puede hacer: que les quite las vendas de los ojos y les dé ojos para ver las maravillas de Su belleza.

Publicado originalmente en Challies.