Cómo la disciplina de la iglesia apunta al cielo

Cada corrección hecha con amor busca restaurar al creyente, preservar la santidad de la iglesia y preparar al pueblo de Dios para el día en que se encontrará cara a cara con Cristo.
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La iglesia de Jesucristo vive en la superposición de la antigua era y la nueva era: el “ya/todavía no”, como se le llama con frecuencia. Vivimos, al mismo tiempo, en el reino de Dios y estamos sentados con Cristo en lugares celestiales (Ef 2:6), pero también anhelamos estar con Cristo personalmente y reinar con Él eternamente. Encontramos esta tensión a lo largo del Nuevo Testamento:

  • El creyente es salvo en Cristo (Ef 2:8), pero todavía ha de ser salvo (Ro 5:9).

  • El creyente es adoptado en Cristo (Ro 8:15), pero todavía ha de ser adoptado (Ro 8:23).

  • El creyente es redimido en Cristo (Ef 1:7), pero todavía ha de ser redimido (Ef. 4:30).

  • El creyente es santificado en Cristo (1Co 1:2), pero todavía ha de ser santificado (1Ts 5:23-24).

  • El creyente es resucitado en Cristo (Ef 2:6), pero todavía ha de ser resucitado (1Co 15:52).

Las iglesias deben vivir a la luz de esta tensión. Como comunidad de la nueva creación que aún vive en el antiguo orden, nuestro trabajo como cristianos es edificar a la iglesia y prepararla para la venida de Cristo a fin de que nadie sea avergonzado cuando Él se manifieste (1Jn 2:28). Una de las principales formas de hacer esto podría sorprenderte: practicamos la disciplina de la iglesia (cp. Mt 18:15-18; 1Co 5:1-13; 2Ts 3:14-15; Tit 3:10). Practicamos la disciplina de la iglesia por el bien de la santidad de la iglesia, para honrar a Dios y prepararnos para reunirnos con el Señor (Ef 5:26-27; 1Ts 5:23-24; Jud 24-25).

 Nuestro trabajo como cristianos es edificar a la iglesia y prepararla para la venida de Cristo. / Foto: Unsplash

Probablemente estés familiarizado con 1 Corintios 5, uno de los textos más importantes del Nuevo Testamento acerca de la disciplina de la iglesia. En este pasaje, Pablo señala que un miembro de la iglesia está viviendo en una relación incestuosa con la mujer de su padre. Para agravar el escándalo, la iglesia parecía tolerar la situación. En cambio, Pablo los insta a abordar el problema de manera decisiva e inmediata.

¿Pero alguna vez notaste el propósito general en el consejo de Pablo acerca de la disciplina? Al negarse a asociarse o relacionarse con el hombre que vive en pecado (1Co 5:11), la iglesia entrega eficazmente al hombre a Satanás para la “destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1Co 5:5). En otras palabras, Pablo espera que confrontar el pecado del hombre hoy, lo lleve a arrepentirse para que en el día final pueda estar entre los que verdaderamente conocen a Cristo y reciben Su misericordia.

La disciplina de la iglesia es una advertencia anticipada para el hermano extraviado del inevitable juicio final contra su pecado. Busca “salvar su alma” y restaurarlo en arrepentimiento. En otras palabras, la disciplina de la iglesia apunta al cielo.

La disciplina de la iglesia es una advertencia anticipada para el hermano extraviado del inevitable juicio final contra su pecado. / Foto: Unsplash

Considera tres formas en que la disciplina apunta al cielo.

1. La disciplina de la iglesia nos prepara para la manifestación del Señor

El objetivo del ministerio de la iglesia es presentarse santa y perfecta ante su Señor (Col 1:28). La iglesia es salva, pero aún espera su salvación final. Así que en el presente, está llamada a ocuparse de su salvación (Fil 2:12). Los creyentes deben despojarse de su antigua naturaleza, renovar sus mentes y vestirse con las virtudes de Cristo (Ef 4:22-24). La iglesia debe crecer continuamente para reflejar al Señor que afirma conocer y seguir. Además, se le asegura que cuando Él aparezca, será totalmente como Él (1Jn 3:1-3).

Por tanto, cuando un creyente no está viviendo de acuerdo con su profesión, la iglesia tiene tanto la obligación como la oportunidad para confrontar a esa persona para ayudarle a vivir según los mandatos de Cristo. La gran mayoría del tiempo, este proceso ocurre en una sola conversación. Un creyente confronta a otro por su pecado; el creyente confrontado recibe esa amonestación con alegría y se arrepiente. En ocasiones, no obstante, dichas conversaciones acerca de un pecado grave no son bien recibidas. Jesús describe el proceso a seguir en esas situaciones en Mateo 18.

Todo este proceso, ya sea que termine en una sola conversación o con una votación congregacional, asegura que el pueblo de Dios estará preparado para el regreso del Señor. Cuando practicamos la disciplina de la iglesia, estamos preparando tanto a la persona disciplinada como a nosotros mismos para la manifestación del Señor.

Los creyentes deben despojarse de su antigua naturaleza, renovar sus mentes y vestirse con las virtudes de Cristo. / Foto: Pexels

2. La disciplina de la iglesia fomenta la adoración pura a Dios

La iglesia no puede adorar a Dios mientras vive en pecado. La Escritura nos advierte que si vivimos en pecado, Dios no escuchará nuestras oraciones (Sal 66:18). Nuestras ofrendas no serán aceptables si tenemos problemas sin resolver con un hermano (Mt 5:24). Es posible que las oraciones del esposo sean ignoradas si no trata bien a su esposa (1P 3:7).

El estándar aquí, por supuesto, no es la perfección. Todos los cristianos son pecadores y todas las iglesias están llenas de pecadores. Pero el estándar debería ser la santidad, una postura que tome en serio el pecado y no lo tolere, ya sea debido a una compasión errónea o por ignorancia. En pocas palabras, una iglesia no puede adorar a Dios correctamente si no vive rectamente. La adoración pura y honorable a Dios ocurre en la medida que la iglesia busca a Cristo. Una práctica fiel de la disciplina de la iglesia fomenta la adoración pura.

La adoración de la iglesia en la tierra es un anticipo de nuestra adoración en el cielo donde el pueblo de Dios se reunirá para adorar a Dios con toda pureza y unidad.

La iglesia está llena de pecadores, pero está llamada a reflejar la santidad de Dios y a confrontar el pecado con fidelidad y amor. / Foto: Lightstock

3. La disciplina de la iglesia exalta a Cristo

Cristo es la cabeza de la iglesia. Él es su fuente y sustentador. Ella existe para complacer a su Señor y maestro, para alabar Su glorioso nombre. Cristo se ofreció a Sí mismo como un sacrificio para que nosotros podamos tomar Su justicia y vivir con rectitud.

Por esa razón, los creyentes exaltan a Cristo al procurar la santidad. Cuando los creyentes hacen un pacto juntos de seguir a Cristo, se comprometen a ayudarse mutuamente a crecer en santidad y, al hacerlo, honran Su nombre. Por medio de la disciplina, la iglesia responsabiliza a sus miembros de vivir en la tierra como ciudadanos del cielo.

Cuando pensamos en la disciplina de la iglesia, es fácil para nosotros separarla de nuestra esperanza futura. Solo pensamos en el costo y la dificultad en el aquí y ahora. No pensamos en el futuro. Pero debemos guardarnos de la tentación. A medida que nos comprometemos a ayudarnos unos a otros a crecer en santidad al confrontar nuestro pecado con gentileza y gracia, miramos hacia el cielo. Practicamos la disciplina eclesial para que la iglesia de Cristo pueda presentarse santa y sin mancha ante su Señor. Practicamos la disciplina de la iglesia porque anhelamos ver a los hermanos y hermanas descarriados ser restaurados, porque deseamos verlos en el cielo.


Publicado originalmente en la revista en español de 9 Marcas

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Chopo Mwanza

Chopo Mwanza es pastor de Faith Baptist Church Riverside en Kitwe, Zambia.

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