Octubre 30
Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos (Hebreos 2:1).
Todos conocemos a personas a quienes les ha pasado esto. No hay urgencia. No hay vigilancia. No hay escucha concentrada, reflexión ni mirada puesta en Jesús. Y el resultado no ha sido un estancamiento, sino un alejamiento.
Ese es el punto aquí: no hay estancamiento. La vida de este mundo no es un lago. Es un río. Y fluye hacia la destrucción. Si no escuchas con sinceridad a Jesús, lo consideras a diario y fijas la mirada en Él a cada hora, no te quedarás quieto, sino que, retrocederás. Te alejarás de Cristo.
Desviarse es algo mortal en la vida cristiana. Y el remedio, según Hebreos 2:1, es: “Prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído”. Es decir, considerar lo que Dios dice en Su Hijo Jesús. Fija la mirada en lo que Dios dice y hace en el Hijo de Dios, Jesucristo.
Aprender esto no es nada difícil. Lo único que nos impide nadar contra la cultura pecaminosa no es la dificultad de la brazada, sino nuestro deseo pecaminoso de dejarnos llevar por la corriente.
No nos quejemos de que Dios nos haya dado una tarea difícil. Escuchar, reflexionar, fijar la mirada, esto no es lo que llamaríamos una descripción de un trabajo difícil. De hecho, no es la descripción de un trabajo. Es una invitación solemne a estar satisfechos en Jesús para que no nos dejemos llevar por los deseos engañosos.
Si hoy te estás desviando, una de las señales de esperanza de que has nacido de nuevo es que te sientes contrito por esto y sientes un deseo creciente de poner tus ojos en Jesús, para considerarlo y escucharlo en los días, meses y años venideros.
Devocional tomado del sermón “The Danger of Drifting from the Word”.
