Octubre 29
Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: “Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí (2 Corintios 12:8-9).
¿Es el sufrimiento que sufre el cristiano debido a la persecución, el mismo que se sufre debido al cáncer? ¿Se aplican las promesas de uno al otro? Mi respuesta es sí. Toda la vida, si se vive con fe, buscando la gloria de Dios y la salvación de los demás, encontrará algún tipo de obstáculo y sufrimiento. El sufrimiento que sufre el cristiano obediente es parte del precio de vivir donde se encuentra, obedeciendo el llamado de Dios.
Al elegir seguir a Cristo como Él nos indica, elegimos todo lo que este camino incluye bajo Su soberana providencia. Por tanto, todo sufrimiento que surge en el camino de la obediencia es sufrimiento con Cristo y para Cristo, ya sea cáncer en casa o persecución lejos.
Y es “elegido”, es decir, tomamos voluntariamente el camino de la obediencia donde nos viene el sufrimiento, y no murmuramos contra Dios. Podemos orar, como lo hizo Pablo, para que el sufrimiento sea quitado (2 Corintios 12:8); pero si Dios quiere, lo aceptamos como parte del costo del discipulado en el camino de la obediencia hacia el cielo.
Todas las experiencias de sufrimiento en el camino de la obediencia cristiana, ya sea por persecución, enfermedad o accidente, tienen esto en común: todas amenazan nuestra fe en la bondad de Dios y nos tientan a abandonar el camino de la obediencia.
Por tanto, cada triunfo de la fe y toda perseverancia en la obediencia, son testimonios de la bondad de Dios y de la hermosura de Cristo, sin importar si el enemigo es la enfermedad, Satanás, el pecado o el sabotaje. Por tanto, todo sufrimiento, de cualquier tipo, que soportamos en el camino de nuestro llamado cristiano es un sufrimiento “con Cristo” y “para Cristo”.
Con Él, en el sentido de que el sufrimiento nos llega al caminar con Él por fe, y en el sentido de que se soporta con la fuerza que Él nos proporciona mediante Su ministerio compasivo y sumo sacerdotal (Hebreos 4:15).
Y para Él en el sentido de que el sufrimiento pone a prueba y confirma nuestra lealtad a Su bondad y poder, y en el sentido de que revela Su valor como compensación y premio totalmente suficiente.
