¿Por qué permite Dios que Satanás bloquee el evangelio?

Satanás ciega a los incrédulos, pero nuestra propia depravación también nos mantiene ciegos a la gloria de Cristo. Cuando Dios nos salva, Cristo vence ambas cegueras y nos muestra su belleza superior.
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Hoy volvemos a un tema familiar en el podcast, y muy popular en los correos electrónicos que nos envían. Es un tema que probablemente nos ha generado más preguntas que cualquier otro tema que se me ocurra: preguntas sobre Satanás. Ya nos han enviado más de tres mil correos electrónicos preguntando sobre él. ¿Es real? ¿Cómo y por qué pecó por primera vez? ¿Por qué no ha sido aniquilado, sino que se le permite vagar libremente? Hay preguntas sobre sus principales estrategias para acabar con nuestro gozo y hacernos querer renunciar a la vida. ¿Puede un cristiano ser abandonado a Satanás? ¿Puede el diablo devorarnos? Y hay preguntas sobre por qué Satanás tiene tanta autoridad en este mundo. Preguntas como estas se han abordado en el pasado en varios episodios diferentes.

Hoy, un oyente llamado Taylor nos escribe con una pregunta específica para ti, pastor John. Él pregunta lo siguiente:

“¡Hola, pastor John! ¡Gracias por tu ministerio! Sé que Satanás y los demonios tienen un enorme poder físico e influencia sobre el mundo, el mundo material. Mi pregunta es sobre su poder sobre el mundo espiritual. ¿Por qué Dios le dio a Satanás un poder tan inmenso para cegar a las personas a la gloria de Cristo (2Co 4:4) y para arrebatar de los corazones el evangelio salvador, de modo que las personas se queden sin ninguna esperanza de salvación (Lc 8:12)? ¿Por qué se le dio un poder espiritual tan inmenso para abortar el evangelio en la vida de los pecadores?”.

John Piper

Cuando comienza la Biblia, ni siquiera se detiene un momento para explicar por qué Satanás está allí. Más adelante, hay indicios de que es un ángel caído y de que hubo una rebelión en el cielo. Pero eso no es una explicación completa de su origen, porque es muy difícil explicar por qué un ser personal y racional, un ángel, creado perfecto, encontraría algún motivo para rebelarse en un universo perfecto. No es fácil de explicar. No creo que tengamos una explicación suficiente para eso. Creo que es una de esas cosas que, por ahora, están envueltas en misterio.

¿Por qué tanta libertad?

Sin embargo, aunque no podamos explicar completamente por qué Satanás llegó a existir, sabemos que existe y que ha estado ahí desde el principio de la humanidad, porque tienta a Adán y Eva en el tercer capítulo de Génesis. También sabemos que Jesús “[mandó] aun a los espíritus inmundos y le [obedecieron]” (Mr 1:27). Esa es una afirmación asombrosa. Le dijo a Satanás en el desierto: “¡Vete!”, y se fue (Mt 4:10). Y sabemos que, al final de la historia, Dios arrojará a Satanás al lago de fuego para que ya no pueda influir en el pueblo de Dios ni hacernos daño (Ap 20:10).

Así que, por todo esto, sabemos que Dios podría haber atado a Satanás por completo en el momento en que cayó o en cualquier momento de la historia entre ambos. Sabemos que no lo hace, porque al final todo el Nuevo Testamento cuenta la historia de la actividad de Satanás en este mundo y cómo engaña, cómo tienta, cómo tenemos que luchar contra los principados y potestades.

Y Taylor, que nos hace esta pregunta, señala que él está cegando a la gente. Está cegando a la gente. Y quiere saber cuál es la razón de Dios (quien hace todas las cosas con sabiduría y por buenas razones, y no actúa caprichosamente) para no destruir a Satanás sino hasta el final y darle ahora tanta libertad, especialmente, dice Taylor, en lo que respecta a su libertad para cegar a la gente, al parecer, a la gloria de Cristo, y robar la Palabra, arrebatándola como un pájaro que se lleva las semillas del camino.

Así que Taylor se refiere a 2 Corintios 4:4: “El dios de este mundo [Satanás] ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios”. Y se refiere a Lucas 8:12, la parábola de los cuatro tipos de suelo, donde el primer suelo es la semilla junto al camino, que representa a aquellos a quienes Satanás se acerca y les arrebata la palabra de sus corazones para que no crean y se salven.

Taylor quiere saber: ¿por qué permite Dios ese poder cegador, ese poder que roba la palabra?

Ceguera doble

Creo que la clave radica en el hecho de que si Dios hubiera eliminado a Satanás para que el único enemigo a derrotar fuera nuestra propia depravación humana, se perdería parte de la gloria del triunfo de la salvación. Voy a tratar solo un aspecto de esa gloria. Podríamos hacer tres o cuatro episodios sobre esto, uno con cada aspecto de la gloria. Solo voy a tratar uno. No voy a hablar de la gloria de la cruz en esto (Col 2:15), ni de la gloria de nuestra guerra continua contra los principados y potestades (Ef 6:11-12). Solo me voy a centrar durante los próximos minutos en la gloria de la victoria de Dios en el momento mismo de la conversión. ¿Qué ocurre en ese momento en que nuestros ojos son abiertos?

Si no existiera Satanás para engañarnos, seguiríamos ciegos a la gloria de Dios en Cristo. No veríamos a Cristo como más hermoso y deseable que cualquier otra cosa. No lo haríamos. ¿Por qué? Porque somos personas profundamente depravadas. Pablo nos describe así en Efesios 4:17-18: “Los gentiles”, que somos nosotros antes de Cristo, viven “en la vanidad de su mente. Ellos tienen entenebrecido su entendimiento, están excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón”.

Así que, ni una palabra sobre Satanás, ni una sola palabra. Él no es nuestro principal problema; nosotros somos nuestro principal problema. En el fondo, la ceguera es la dureza de nuestro corazón contra Dios, que produce ignorancia, produce exclusión, produce entenebrecido entendimiento. No necesitamos a Satanás para estar ciegos. Estamos ciegos por nuestra propia naturaleza depravada.

Entonces la pregunta es: ¿por qué hablar de Satanás como cegador de los incrédulos, tal como lo hace 2 Corintios 4:4? Porque Dios nos está mostrando la doble prisión en la que estamos. Estamos doblemente oscurecidos: la oscuridad de nuestras propias cadenas alrededor de nuestras muñecas y tobillos, y la oscuridad de las puertas cerradas de Satanás, como Pedro en la prisión, que tuvo que liberar sus manos, luego tuvo que liberarse de los portones y las puertas. Hay capas de esclavitud: la oscuridad de nuestros propios engaños acerca de Dios, ese es un nivel de esclavitud y ceguera, y luego la oscuridad añadida de las mentiras y engaños de Satanás que nos rodean.

Doble gloria

Por tanto, cuando Cristo nos convierte por el poder del Espíritu, obtiene doble gloria debido a esta doble ceguera. Él vence los engaños de Satanás y vence la depravación humana. Y aquí está la clave que creo que es tan crucial para explicar por qué nos salva de esta manera en lugar de destruir a Satanás antes. Si hubiera destruido a Satanás antes, el poder de Satanás habría sido glorificado. Pero si Satanás permanece y somos capaces de derrotar sus engaños al ver las bellezas superiores de Cristo, entonces no solo se glorifica el poder superior de Cristo, sino también la belleza superior de Cristo.

Podemos ver esto más claramente (si es que eso no tiene sentido, déjame intentarlo de nuevo), si nos damos cuenta de que la naturaleza de la ceguera de nuestra depravación es que encontramos otras cosas además de Cristo más deseables que Cristo, más atractivas que Cristo, más preferibles que Cristo mismo. Esa es la esencia de nuestra ceguera. Somos tan corruptos que no podemos ver que Cristo es una belleza superior, un valor superior, una grandeza superior y, por tanto, una satisfacción superior a todo lo demás. En nuestra depravación, estamos ciegos a todo eso.

Pero esa es exactamente la misma forma en que Satanás nos ciega con sus engaños. Es un mentiroso, y la esencia de su mentira es que los placeres del pecado que ofrece son más deseables que Cristo. Por tanto, ser salvos, ser convertidos, experimentar la victoria, la gloriosa victoria de Cristo y del Espíritu en nuestras vidas, es tener ambas cegueras eliminadas. Y eso se describe en 2 Corintios 4:6.

Y la forma en que se eliminan es que se nos concede ver, en un gran milagro, tanto los engaños de la depravación como los engaños de Satanás, porque son lo mismo. Se nos concede ver a Cristo, la gloria de Cristo, como superior a todo lo que nuestros corazones rebeldes jamás soñaron y superior a todo lo que Satanás jamás ofreció. Esa doble exaltación de Cristo triunfando sobre ambas cegueras no habría ocurrido si Satanás hubiera sido aniquilado al principio.

Así que, una gran implicación, y con esto concluyo, de esto para nosotros ahora mismo, hoy, es que ver y saborear, desear y preferir la belleza superior de Cristo es la forma en que derrotamos al maligno. Por eso, como he dicho más de una vez, tomemos las armas y alegrémonos. Tomemos las armas y alegrémonos en el Hijo de Dios. La alegría en Cristo sobre el pecado, sobre Satanás, es la victoria.



Publicado originalmente en Ask Pastor John, episodio 2042

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John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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