Como le gusta recordarme a mi co-pastor camerunés, el materialismo es un problema global. Las tarjetas de crédito agotadas que llenan las billeteras de tantos estadounidenses y la extorsión que llena los bolsillos de tantos “funcionarios” en los países más pobres del mundo son síntomas de la misma enfermedad. El materialismo está en todas partes. El canto de sirena del evangelio de la prosperidad es tan atractivo en los remolques de doble ancho de la zona rural de Montana como en las chozas de barro del África rural.
Los pastores bíblicos, donde sea que se encuentren, saben que el materialismo es una pandemia global espiritualmente letal. Jesús mismo nos enseñó que “los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mr 4:19). El deseo universal de cosas amenaza el progreso de la Palabra de Dios, que es la única que puede conducir a los hombres a la salvación.
¿Qué puede hacer un pastor? Una cosa que podemos hacer es predicar más acerca del cielo. La realidad del cielo contrarrestará el atractivo voraz y venoso que el materialismo tiene sobre nuestras almas. De acuerdo, pero ¿qué deberíamos decir realmente acerca del cielo? A continuación, he destacado cuatro formas en las que podemos predicar acerca del cielo que ayudarán tanto a nuestra congregación como a nosotros a aplazar el deseo enfermizo de tratar las cosas materiales de esta vida como nuestro tesoro supremo.

1. Predica el cielo como una motivación
Cuando Pablo ora por los colosenses, agradece a Dios por su amor y luego revela su causa. El amor que ellos «[tienen] por todos los santos» es «a causa de la esperanza reservada para vosotros en los cielos» (Col 1:4-5). La esperanza del cielo libera la clase de amor en el corazón que ve a un hermano en necesidad y le ofrece los bienes de este mundo (1Jn 3:17).
Hay algo en estar seguro de que vas a un lugar con comunión divina, una calle hecha de oro y “banquete… de gruesos tuétanos” (Is 25:6) que hace que sea más fácil tomar algo de dinero de tu cuenta bancaria y amar a tu hermano con tu dinero en efectivo. Por tanto, pastor, describe el cielo a tu congregación vívidamente. Explica con precisión y pasión cómo la obra de Cristo asegura el cielo. Cuando lo hagas, darás un poderoso golpe contra el materialismo en sus almas.

2. Predica el cielo como material
El cielo es un lugar real y no es como la tierra. La transición al cielo no consiste en pasar de un mundo con placeres materiales a un mundo de nubes y vapores espirituales que transmiten una vibra divina totalmente asombrosa. El cielo es un lugar de ciudades y puertas, personas y lugares, comida y ropa. Es como la tierra, pero sin pecado.
Pedro nos dice que “según sus promesas, nosotros esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, donde reinará la justicia” (2P 3:13). Con mucha frecuencia, predicamos como gnósticos en lugar de cristianos. Pensamos que el cielo es un lugar de puros placeres espirituales en vez de un lugar donde los placeres materiales y espirituales se unen.

¿Cuántas veces te han asegurado que en el cielo no disfrutarás de las calles de oro porque estarás demasiado ocupado disfrutando de Jesús y solo Jesús? ¿En serio? ¿Construyó Jesús calles de oro para que pasaran desapercibidas? ¿Qué tal si Jesús las construyó como una de las “abundantes riquezas de su gracia” que desea mostrarme en Su bondad? (Ef 2:7).
Tenemos que volver a calibrar nuestras creencias. El cielo es el lugar donde la relación entre lo material y lo espiritual ya no compiten. En el cielo, el perfecto mundo material da alabanza a nuestro perfecto Salvador creador y redentor. Por tanto, pastor, predica acerca de un cielo material para que los cristianos encarnados a los que les predicas sepan cuán bueno y comprensible es el tesoro que les espera. Es difícil ser motivado por algo que no puedes imaginar, mucho menos comprender.

3. Predica el cielo como un almacén
Los pecadores materialistas acumulan bienes materiales para su propio disfrute aquí en la tierra. Al hacerlo, adoran y sirven a las cosas creadas en lugar de servir al Creador. Los cristianos, por otro lado, acumulan tesoros en el cielo para poder disfrutarlos con gran agradecimiento en presencia de su Padre que da dádivas generosamente. Jesús quiere que busquemos esa clase de acumulación.
Él dijo célebremente: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt 6:19-21).

Como predicadores, tenemos el privilegio de anunciar a quienes no pueden ahorrar para su jubilación, y mucho menos para la próxima semana, que al servir a Dios y usar sus recursos para servir a Su pueblo, pueden almacenar verdaderos tesoros en el cielo. También podemos compartir con quienes están ocupados encontrando las inversiones más lucrativas y seguras aquí en la tierra, que la inversión más lucrativa y segura se encuentra cuando servimos Dios aquí en la tierra con el propósito de recibir más de Sus tesoros en el cielo.
¿Cuáles serán esos tesoros? Ve mi punto anterior. Los cristianos discrepamos al respecto, pero creo que incluyen tesoros materiales como “banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados” (Is 25:6), ¡todo disfrutado sin pecado para alabanza de Su gracia gloriosa, creadora de lo material y salvadora de almas!

4. Predica el cielo como un ejemplo
En el cielo, el Dios que es Espíritu nos lleva a Su presencia por medio de la obra de Su Hijo encarnado (allí está, lo material otra vez), para disfrutar los tesoros con Él por siempre. ¿Tiene eso algo que ver con la vida aquí en la tierra? ¿Cómo reforma eso la manera en que oramos: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”?
Bueno, en parte, quiere decir que vivir fielmente aquí significa disfrutar los bienes materiales para glorificar a nuestro Padre así como lo haremos en el cielo. Cuando era un nuevo creyente, fui profundamente influenciado y dañado por ciertas doctrinas reformadas que enfatizaban el peligro de las buenas dádivas de esta vida sin el debido énfasis en la necesidad de disfrutar de las bendiciones materiales de esta vida. Después de que me dijeron que debía vivir la vida sobreviviendo con las necesidades básicas, me sorprendió saber que Pablo dijo a los ricos no solo que debían dar, sino que debían disfrutar de lo que se les había dado.
A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna (1Ti 6:17-19).
Dios animó a los ricos a disfrutar las buenas dádivas que habían recibido en la misma forma que los llamó a acumular tesoros en el cielo. Esto me llevó a una evaluación crítica: seremos más generosos si consideramos que Dios es generoso con nosotros. Es difícil motivarse para almacenar tesoros en el cielo si piensas que estás sirviendo a un Dios tacaño que nunca te deja disfrutar nada aquí en la tierra. Pero es mucho más fácil dar y almacenar tesoros en el cielo si servimos a un Dios que, a veces, nos provee abundantemente aquí en la tierra, como lo hará en el cielo.

Hermanos, en el cielo disfrutaremos de las buenas dádivas de Dios en Su gloriosa presencia. Cuanto más veamos esto, más motivados estaremos para abandonar el materialismo y dejar que nos despojen de “bienes y hogar”. En el cielo, el verdadero evangelio nos habrá llevado a un mundo que es espiritual y materialmente rico. Sabiendo esto, podemos esperar genuinamente el cielo mientras almacenamos con entusiasmo tesoros para disfrutar allí. Dado que Dios planea colmarnos de dádivas espirituales en el cielo eternamente, deberíamos agradecerle por cualquier dádiva generosa que nos dé aquí en la tierra. Su generosidad presente y futura debería romper el dominio que el materialismo tiene sobre nosotros y liberarnos para compartir nuestras dádivas materiales con los demás en amor.
Publicado originalmente en la revista en español de 9 Marcas.
