Julio 4
«Vengan a Mí… Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera». Mateo 11:28, 30
Un yugo es un marco de madera que se coloca en el lomo de dos bueyes o de algún otro animal fuerte para unirlos y que juntos puedan llevar una carga pesada. El objetivo de un yugo es distribuir de manera equitativa el peso en ambos lados para hacer posible que los animales caminen mientras lo cargan.
Jesús utiliza esta ilustración para ofrecer a los que quieren seguirlo la oportunidad de encontrar libertad sin igual bajo Su yugo. Con Su invitación de tomar Su yugo «fácil» y ligero, Jesús se distingue de la simple religión, que tiene una carga pesada de reglas y de normas. Los fariseos de la época de Jesús estaban obsesionados con hacer lo correcto (no solo buscaban vivir bajo la ley de Dios, sino que también le añadían muchas reglas propias). Estas obligaciones y expectativas humanas habían creado cargas aplastantes. Decir constantemente: «Vamos, haz un mejor esfuerzo; vamos, haz esto», desgastará figurativamente el cuello de cualquiera.
Sin embargo, el yugo de Jesús es diferente.
Estar bajo el yugo (la autoridad) de Jesús no es una carga; es un deleite. ¿Cómo puede ser esto? Hay libertad en Cristo; no una libertad de hacer lo que queremos, sino una libertad para hacer lo que debemos. Ya que, por naturaleza, no podemos hacer lo que debemos, estamos bajo el yugo de nuestros propios deseos. Ese camino promete mucho, pero cumple muy poco. Necesitamos que alguien (Jesús) nos libere de la esclavitud al pecado para que podamos vivir en libertad y en obediencia a la voluntad de Dios: para ser las personas que fuimos diseñadas para ser. Así es como los mandamientos de Cristo son «la ley perfecta que da libertad», de manera que el que los obedece «recibirá bendición al practicarla» (Stg 1:25, NVI).
Por eso, declaramos con gozo: «Jesús es mi Señor». Esta es Su identidad y, por causa de Su señorío, cuando respondemos a Su invitación y recibimos Su yugo sobre nuestros hombros, aceptamos una nueva obligación de vivir en libertad bajo Su perfecta voluntad. Los asuntos de moralidad, sexualidad, negocios, familia y más se someten al yugo del Señor Jesucristo.
Para aquellos que se sienten atados a un peso abrumador, ya sean reglas imposibles o deseos pecaminosos, Jesús extiende la invitación de acudir a Él y dejar que Él lleve esas cargas. Tú necesitas escuchar esto hoy. ¿En qué áreas estás luchando con el pecado? ¿Cómo estás percibiendo los mandamientos del Señor como cargas? ¿De qué maneras podrías estar luchando contra Sus caminos? Escúchalo de nuevo: Ven a Mí. Soy manso. Tu carga es tan pesada que tuve que morir en la cruz por ti, y lo hice voluntariamente. Ven y únete a este yugo conmigo. Mi carga es ligera.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
