Junio 29
«Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: ‘Mía es la venganza, Yo pagaré’, dice el Señor. ‘Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza'». Romanos 12:19-20
Los «carbones encendidos» en este pasaje no son una metáfora de la venganza o el dolor. Más bien, significan la vergüenza y remordimiento que sienten las personas cuando, en lugar de darles la retribución que creemos que merecen, les mostramos amabilidad y generosidad. Es el efecto causado cuando los cristianos tratan a quienes los han perjudicado sin ninguna malicia ni venganza, y por lo tanto es fundamentalmente sobrenatural. Cuando eso ocurre, observa Juan Calvino, la mente del enemigo bien puede ser «desgarrada en una de dos maneras. O nuestro enemigo será suavizado por la bondad, o… será atormentado por el testimonio de su conciencia».¹
Por tanto, estos carbones no son para traer dolor, sino sanidad. Nuestras acciones generosas son para fomentar la reconciliación, atrayendo al individuo hacia nosotros, no alejándolo de nosotros. Es como la misericordia que recibimos de Dios cuando todavía éramos Sus enemigos (Ro 2:4; 5:8). Pero si somos honestos, esos no son realmente el tipo de carbones que estamos buscando cuando somos agraviados y heridos. Muchos de nosotros estaríamos muy contentos de descubrir que carbones en realidad cayeran sobre las cabezas de nuestros enemigos, quemándolos y marcándolos. Después de todo, ¡al menos eso se merecen! Pero esto refleja nuestra caída y no nuestra fe. Esto no se parece ni suena como Jesús. Eso es lo que hace que estos versículos sean tan increíblemente desafiantes.
Nota que la Palabra de Dios nos llama no solo a no reaccionar en venganza, sino a ser proactivos en bendecirlos. Cuando logramos no tomar represalias, aún no hemos obedecido completamente. Como discípulos de Jesús, no solo debemos abstenernos de hacer mal a nuestros enemigos; en realidad debemos hacerles bien. Es fácil convencernos de que ignorar a nuestros enemigos se encargará del problema o es lo máximo que se puede esperar que hagamos de manera realista; ¡pero aquí descubrimos que en realidad se supone que debemos mostrarles hospitalidad! Nuestro papel es responder a sus malas acciones con un espíritu de generosidad, confiando en que Dios siempre juzgará con justicia y, por lo tanto, no necesitamos juzgar, y de hecho no debemos hacerlo (1P 2:23).
Aun como miembros del cuerpo de Cristo, muchos de nosotros todavía buscamos justificar nuestras acciones o pensamientos desobedientes y reconciliadores. Pero, mientras que las mentes de nuestros enemigos pueden oponerse a nuestros argumentos y sus espíritus ser lo suficientemente fuertes como para resistir nuestras amenazas, el amor en acción podría llevarlos al arrepentimiento.
¿Cómo necesita tu corazón ser transformado o tus acciones afectadas por estos versículos? No eludas el reto de ellos. Parte de crecer a la semejanza de Cristo es buscar maneras de hacer el bien a tus enemigos, demostrando la abundante bondad y generosidad radical de Dios.
1 The Epistles of Paul the Apostle to the Romans and to the Thessalonians [Las epístolas de Pablo apóstol a los Romanos y a los Tesalonicenses], Calvin’s Commentaries [Comentarios de Calvino], ed. David F. Torrance y Thomas F. Torrance, trad. Ross Mackenzie (Eerdmans, 1995), 279.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
