Junio 29
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida porque amamos a los hermanos. (1 Juan 3:14).
El amor es la evidencia de que hemos nacido de nuevo, de que somos cristianos, de que somos salvos.
A veces la Biblia establece que nuestra santidad y nuestro amor por los demás son la condición para nuestra salvación final. En otras palabras, si no somos santos ni amorosos, no seremos salvos en el día del juicio (por ejemplo: Hebreos 12:14; Gálatas 5:21; 1 Corintios 6:10). Esto no significa que los actos de amor sean la forma de reconciliarnos con Dios. No, la Biblia es clara una y otra vez, como dice Efesios 2:8-9: “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. No, cuando la Biblia dice que somos salvos por medio de la fe, pero que debemos amar a los demás para ser finalmente salvos, significa que la fe en las promesas de Dios debe ser tan real que el amor que produce demuestre la realidad de la fe.
Entonces, el amor al prójimo es una condición de la gracia venidera, en el sentido de que confirma que la condición primaria, la fe, es genuina. Podríamos llamarlo una condición secundaria, que confirma la autenticidad de la condición primaria y esencial de la fe, la única que nos une a Cristo y nos da Su poder.
La fe percibe la gloria de Dios en las promesas de la gracia venidera y abraza todo lo que estas revelan de lo que Dios es para nosotros en Jesús. Esa visión espiritual de la gloria de Dios, y nuestro deleite en ella, es la evidencia que confirma que Dios nos ha llamado a ser beneficiarios de Su gracia. Esta evidencia nos libera para confiar en la promesa de Dios como nuestra. Y esta confianza en la promesa nos capacita para amar. Lo cual, a su vez, confirma que nuestra fe es real.
El mundo anhela una fe que combine dos cosas: la visión maravillosa de la inquebrantable Verdad divina y el poder absolutamente práctico, disponible las 24 horas del día, para marcar una diferencia liberadora en la vida. Eso es lo que yo también deseo. Por eso soy cristiano.
Hay un gran Dios de gracia que magnifica Su infinita belleza y autosuficiencia al cumplir promesas a las personas desamparadas que confían en Él. Y existe un poder que proviene de apreciar a este Dios, que no deja ningún rincón de la vida sin tocar, y nos capacita para amar de las maneras más prácticas.
