Junio 30
«No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien». Romanos 12:21
Mientras estudiaba en la Universidad de Cambridge en la década de 1940, una joven se convirtió en la Secretaria del Partido Comunista. El invierno de 1946–1947 fue fenomenalmente severo, causando que las tuberías de agua se congelaran parcialmente y, por lo tanto, resultando en una escasez de agua. Las estudiantes estaban limitadas a un baño cada semana, y mientras esperaban en la larga fila, había muchas quejas y competencias por el puesto, incluso por parte de la Secretaria del Partido Comunista.
Una de las chicas que tenía acceso más directo al baño era cristiana. La estudiante comunista notó con el tiempo que esta chica nunca hizo valer sus derechos y respondió suavemente al egoísmo de los demás. La cristiana estaba practicando y viviendo lo que la joven comunista decía creer pero no hacía. Esa observación condujo a una conversación, una conversión y, eventualmente, un nuevo misionero en el Lejano Oriente.
Cada vez que tratamos de derrotar al mal con nuestras propias malas palabras y acciones, somos consumidos. El mal no puede ser vencido por una fuerza igual de malvada. El mal se duplica en lugar de negarse. Si perdemos nuestro autocontrol mientras nos enfrentamos a un enemigo, entonces hemos sido derrotados no por esa persona sino por el Maligno. Somos los que hemos sido vencidos y hemos perdido la oportunidad de hacer lo que es correcto a los ojos de Dios.
Vencer al mal es una noción popular en nuestra cultura. Lo escuchamos en canciones y eslóganes motivacionales. A menudo, la idea es que, si podemos simplemente «permanecer juntos», lograremos derrotar los males que nos aquejan. Es una idea noble, pero carece del poder necesario. No podemos vencer el mal por nuestra cuenta; simplemente no funcionará. Somos «más que vencedores» solo «por medio de Aquel que nos amó» (Ro 8:37). El poder de Dios por Su Espíritu y Su Palabra nos da tanto el ímpetu como la fuerza que necesitamos para triunfar.
Este es el camino que Jesús tomó. Él no tomó la venganza en Sus propias manos, sino que confió Su vida a las manos del Padre. Cristo fue a la cruz, donde el amor triunfó sobre el mal. Al elegir ser amables, hacer el bien y caminar por el camino de la cruz, experimentaremos el poder de Dios obrando en nosotros para vencer el mal con la bondad de Su amor.
El escritor de himnos Charles Tindley nos recordó esta verdad cuando escribió:
Con la Palabra de Dios como una espada mía,
venceré algún día…
Si Jesús es mi líder,
*venceré algún día.*¹
Por Su gracia, algún día superarás todos los desafíos e injusticias de este mundo. Y al cambiar lo incorrecto por lo correcto, los desaires por la bondad y la negatividad por la bendición, por Su gracia vencerás el mal con el bien hoy.
1 Charles Albert Tindley, «I’ll Overcome Some Day» «Venceré algún día».
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
