Julio 3
…el glorioso evangelio del Dios bendito… (1 Timoteo 1:11).
Esta es una hermosa frase de 1 Timoteo, que está enterrada bajo la superficie de las palabras de la Biblia con las que estamos más familiarizados. Pero cuando la desenterramos, suena más bien así: “Las buenas noticias de la gloria del Dios feliz”. La palabra “bendito” no es la que significa “alabado”, sino la que significa “feliz”.
Una gran parte de la gloria de Dios es Su felicidad.
Para el apóstol Pablo, era impensable que a Dios se le negara el gozo infinito y que aun así fuera totalmente glorioso. Ser infinitamente glorioso significaba ser infinitamente feliz. Él usó la frase “el glorioso… Dios [feliz]” porque es algo glorioso que Dios sea tan feliz como Él es.
La gloria de Dios consiste en gran manera, en el hecho de que Él es más feliz de lo que podamos imaginar jamás. Como dijo el gran predicador del siglo dieciocho, Jonathan Edwards: “Parte de la plenitud que Dios comunica es Su felicidad. Esta felicidad consiste en disfrutar y regocijarse en Sí mismo; en esto también consiste la felicidad de la criatura”.
Y ese es un punto central del evangelio: “…el glorioso evangelio del Dios [feliz]”. Que Dios sea gloriosamente feliz es una buena noticia. Nadie querría pasar la eternidad con un Dios infeliz y quejumbroso.
Si Dios no fuera feliz, la meta del evangelio, que es estar con Dios para siempre, no sería un objetivo feliz, y esto significa que, al fin y al cabo, no sería evangelio. Pero Jesús nos invita a pasar la eternidad con un Dios feliz cuando nos dice: “…entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:23).
Jesús dijo en Juan 15:11: “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto”. Jesús habló, vivió y murió para que Su gozo, que es el gozo de Dios, esté en nosotros y nuestro gozo sea completo. Por tanto, el evangelio es “el glorioso evangelio del Dios [feliz]”.
Devocional tomado del libro The Pleasures of God, páginas 11–12.
