¿Cómo ataca la tentación? Identificando las temporadas de vulnerabilidad

La tentación en la vida cristiana no es completamente aleatoria; a menudo sigue patrones predecibles.
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La tentación en la vida cristiana no es completamente aleatoria; a menudo sigue patrones predecibles.

Vivimos en un mundo lleno de tentaciones. No hay descanso del pecado ni descanso de la tentación de pecar. No hay un solo momento en el que podamos relajar nuestra vigilancia. Como dice John Owen, podremos dejar en paz al pecado cuando el pecado nos deje en paz a nosotros, y eso no sucederá hasta que estemos al otro lado de la tumba.

Las tentaciones pueden ser como las olas del mar cuando rompen en la playa: suben y bajan, van y vienen. Sin embargo, las tentaciones no son del todo impredecibles, y hay ciertos momentos en la vida en los que es más probable que presionen con fuerza que en otros. Aquí hay cuatro momentos o temporadas en los que necesitas estar especialmente vigilante contra la tentación.

No hay descanso del pecado ni descanso de la tentación de pecar. / Foto: Lightstock

Una temporada de prosperidad

La prosperidad y la tentación suelen ir de la mano. No es que la prosperidad sea una maldición o que debas temerle. Más bien, necesitas ser consciente de que la prosperidad trae consigo el alimento y el combustible para muchas tentaciones. Agur sabía esto y escribió en Proverbios: “No me des pobreza ni riqueza; dame a comer mi porción de pan, no sea que me sacie y Te niegue, y diga: ‘¿Quién es el Señor?’” (Pro 30:8-9). Guárdate en esos tiempos de abundancia y prepárate para un ataque de tentación: la tentación de negar que esta prosperidad es un regalo de la buena gracia de Dios (¡ingratitud!), la tentación de acumular esos buenos dones (¡codicia!), la tentación de creer que Dios te prefiere a ti por encima de los que tienen menos (¡orgullo!). Tu prosperidad puede ser la cortina de humo que oculta una gran tentación.

La prosperidad y la tentación suelen ir de la mano. / Foto: Pexels

Una temporada de formalismo espiritual

Inevitablemente, hay momentos en la vida en los que tu deleite en Dios se vuelve tibio. Hay momentos en los que tu corazón anhela la satisfacción en algo, lo que sea, que no sea Dios y Sus riquezas. En estos tiempos, tu adoración está marcada por el formalismo, tu tiempo en la oración y en la Palabra de Dios se convierte en un deber frío, y miras con temor los momentos de comunión con otros cristianos. Es posible que descuides la búsqueda de la comunión con Dios y, en su lugar, trates tu relación con Él como otro de los deberes sin gozo de la vida. En estos momentos puedes estar seguro de que Satanás está cerca para tentarte, para alejarte aún más de Dios y sumergirte aún más profundamente en placeres menores. Tu corazón ya está marcado por la frialdad, y él anhela hacerlo más frío todavía. ¡Pelea! Pelea para restaurar el gozo de tu salvación.

Hay momentos en la vida en los que tu deleite en Dios se vuelve tibio. / Foto: Unsplash

Una temporada de dicha espiritual

Así como la tentación puede estar justo detrás de tus baches espirituales, también puede estar al acecho justo detrás de tus cumbres espirituales. Puedes observar esto mismo en la vida de Pablo, quien recibió el gran don de ser arrebatado al tercer cielo y ver a Cristo allí, pero que inmediatamente fue visitado por Satanás (2Co 12:7). A Dios le encanta bendecirnos con esos tiempos de libertad y placer, pero la tentación puede estar muy cerca. En esos momentos de gran disfrute espiritual, puedes sentirte tentado a descuidar los medios de gracia. Estás tan satisfecho en tu estado actual que dejas de luchar contra el pecado y aceptas esta gracia como algo que se te debe. Incluso puedes presumir de las alturas que has alcanzado y casi rogarle a Dios que te discipline y humille. Disfruta elevándote a esas alturas espirituales, pero no dejes de guardar tu corazón, mente y alma.

En esos momentos de gran disfrute espiritual, puedes sentirte tentado a descuidar los medios de gracia. / Foto: Unsplash

Una temporada de confianza en uno mismo

Inevitablemente, entrarás en una dura tentación en aquellos momentos en que estés lleno de confianza en ti mismo. Este fue exactamente el caso de Pedro quien, en la última noche de la vida de Jesús, presumió que nunca abandonaría a su Salvador. Sin embargo, en cuestión de horas no solo lo había abandonado, sino que lo había negado no una, ni dos, sino tres veces. Su confianza en sí mismo le permitió compararse con los demás y jactarse: “Aunque todos se aparten por causa de Ti, yo nunca me apartaré” (Mt 26:33). Y aun así cayó gravemente a la primera oportunidad. Este mundo está lleno de tentaciones que van desde pecados de lujuria hasta pecados de ira y pecados de falsas creencias. Cuanto mayor sea tu confianza en tu capacidad para superar estos pecados con tus propias fuerzas, y cuanto mayor sea tu certeza de que estos pecados no pueden moverte, mayor será la probabilidad de que seas tentado con ellos y mayor será la probabilidad de que caigas en ellos. Ten cuidado con la confianza en ti mismo y huye de sus primeros indicios.

Entrarás en una dura tentación en aquellos momentos en que estés lleno de confianza en ti mismo. / Foto: Unsplash

La tentación vendrá. Bien puede venir en esos tiempos de prosperidad, en esos tiempos de formalismo, en esos tiempos de dicha y en esos tiempos de confianza en uno mismo. Pero incluso cuando la tentación es inevitable, ceder a ella no lo es. “No les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla” (1Co 10:13). Debes resistir, y puedes hacerlo.

Para aprender más sobre estas temporadas de tentación, lee Victoria sobre el pecado y la tentación: La mortificación del pecado, sus causas y curas, de John Owen.


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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