Nueve mentiras en la vida de un soltero

La soltería suele convertirse en el terreno donde el enemigo siembra dudas. Aquí encontrarás algunas armas bíblicas para luchar contra ellas.
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La soltería suele convertirse en el terreno donde el enemigo siembra dudas. Aquí encontrarás algunas armas bíblicas para luchar contra ellas.

Satanás es el padre de la mentira (Jn 8:44) y quien arruina el fruto espiritual. Sus mentiras son sus medios más efectivos para distraernos y privarnos del fruto del Espíritu que sacia el alma. Son los señalamientos mal colocados que nos mantienen dando vueltas. Miente acerca de ti. Miente acerca de tu pasado. Miente acerca del matrimonio. Miente acerca de tu futuro cónyuge. Miente acerca de tus amigos y familia. Y si no eres cuidadoso como soltero, podrías tener mucho más tiempo para escuchar sus mentiras. A continuación, te presento una lista de siete engaños que los solteros deben vencer, cada uno con el arma que necesitamos de la Palabra de Dios; un mapa para evitar las rotondas. 

Mentira 1. Soy egoísta solo porque estoy soltero y no tengo a nadie que cuide de mis necesidades y sentimientos

Sin duda, el egoísmo puede ser igual de predominante en el matrimonio, y ciertamente más visible, pero la vida de soltero lo cultiva por naturaleza. Cada día tomas la mayoría de tus decisiones basándote en lo que necesitas y deseas, y casi nadie se da cuenta. Pero por más prometedor que parezca ese egoísmo y esa autocomplacencia en el momento, el amor nos ofrece una mejor promesa. “Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios” (1Jn 4:7). Este Dios y este amor están disponibles tanto para los casados como para los que aún no se han casado. 

La soltería puede alimentar el egoísmo, pero el amor de Dios ofrece una mejor promesa. / Foto: Unsplash

Mentira 2. Estoy ansioso solo porque sigo soltero, y no sé si Dios me proveerá de un cónyuge

Puede que entre los jóvenes de nuestras iglesias haya ansiedades más intensas que sus deseos no cumplidos de casarse, pero quizá no exista una ansiedad más común que esta. El miedo y la tristeza por el amor, las relaciones y el matrimonio roban mucho sueño y energía a los solteros. La preocupación y la autocompasión por nuestras fallas prometen hacernos sentir mejor, pero carecen de verdadero poder para ayudarnos. 

Pero Dios puede darnos verdadera paz: “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús” (Fil 4:6-7). Ya sea que conozcas a tu futuro cónyuge esta tarde o vivas solo por el resto de tu vida, Dios realmente puede darte un descanso lleno de paz y perspectiva en cada paso del camino, si se lo pides. 

Dios puede dar verdadera paz en medio de las ansiedades de la soltería. / Foto: Unsplash

Mentira 3. Soy impaciente solo porque estoy soltero y he esperado mucho tiempo para casarme

Amazon, Netflix y los teléfonos inteligentes han depreciado la paciencia. La gratificación inmediata nos ha llevado a olvidar lo valiosa y lo hermosa que es la paciencia. Por medio de Pablo, Dios promete que “a los que por la perseverancia en hacer el bien buscan gloria, honor e inmortalidad: [dará] vida eterna” (Ro 2:7). Hay cosas que solo podemos obtener a través de la paciencia. Gloria. Honor. Eternidad. Dios. Ninguna tecnología acelerará el proceso. Y los músculos que necesitamos para esperar en Dios se fortalecen cuando esperamos por cosas menos importantes, como nuestra boda. Toda nuestra espera vale la pena si por medio de ella obtenemos más de Aquel por quien nuestras almas esperan. 

Amazon, Netflix y los teléfonos inteligentes han debilitado nuestra paciencia, pero esperar en Dios sigue siendo valioso. / Foto: Unsplash

Mentira 4. No necesito preocuparme por las necesidades de otras personas ni por sus problemas en este momento, pues aún estoy soltero y es difícil lidiar con mis propios asuntos

Sentir que merecemos todo es uno de los más grandes peligros  de la soltería. Se infiltra a cada parte de nuestras vidas y nos convence de enfocarnos exclusivamente en nosotros —un tipo de mentalidad de supervivencia— a menudo a expensas de otros. A medida que este sentimiento crece e invade nuestros corazones, va disminuyendo nuestro interés y compasión por los demás. Pero el fruto del Espíritu es bondad: una actitud de compasión y generosidad amistosa. “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” (Ef 4:32, NVI). La hermosa y liberadora promesa detrás de nuestra bondad es la bondad de Dios hacia nosotros en Cristo. Aquellos que se han vestido de Cristo, y son bondadosos en Él, han recibido la bondad del Dios que es santo y todopoderoso a pesar de lo que merecen. 

La soltería puede llevarnos a enfocarnos en nosotros mismos, pero Dios nos llama a cultivar la bondad y la compasión hacia los demás. / Foto: Envato Elements

Mentira 5. No he crecido mucho en santidad porque no tengo a nadie a mi alrededor que me desafíe. Me enfocaré en esas cosas cuando me case y tenga una familia

Una excusa para postergar la búsqueda de la santidad es que los cristianos solteros no tienen que rendir cuentas de la misma forma que los cristianos casados, como si fuéramos menos humanos. Cuando tengamos un cónyuge o hijos que se enfrenten a nuestras actitudes o comportamientos, entonces importará quiénes somos y cómo actuamos. Es cierto que cuando un hombre y una mujer se casan pasan a ser una carne, pero eso no quiere decir que tengan más plenitud que un creyente soltero. 

Todos los hijos de Dios están llenos del Espíritu y son responsables ante Dios sin importar su estado civil (Ro 14:12). “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia , pues ellos serán saciados” (Mt 5:6). Dichosos (“felices”) son los hombres y mujeres solteros que aman y buscan la bondad, la virtud y la integridad. Y la bendición la recibes ahora mismo siendo soltero e imperfecto en tu búsqueda de Dios y de Su justicia. Por medio del poder de Dios que opera en ti, asegúrate de que tu fe y tu soltería estén llenas de bondad (2P 1:3-5). 

La soltería no es una excusa para postergar el crecimiento en santidad. / Foto: Envato Elements

Mentira 6. Soy poco confiable solo porque aún estoy soltero, y realmente no puedes esperar que los solteros sean comprometidos

En el peor de los casos, a algunos de nosotros realmente nos gusta esta parte de la soltería. Aquellos que no se han establecido sienten la libertad de moverse de una cosa a la otra, de dejar antiguas responsabilidades y obligaciones, cambiándolas por cosas nuevas. Puede ser un nuevo trabajo, una nueva iglesia, una nueva relación o hasta una nueva ciudad. Algunos cambios son buenos e incluso necesarios, pero muchos cambios son evidencia de nuestra resistencia al compromiso. Algunos aplazan el matrimonio para evitar el compromiso y así conservar su supuesta libertad. 

Pero por más libre que parezca esta falta de compromiso, la Biblia nos enseña que debemos amar la fidelidad y la devoción en cada etapa de nuestra vida. “Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano” (1Co 15:58). Cuando nos parece que algo ya no vale la pena, descansamos, trabajamos y permanecemos, sabiendo que todo sacrificio en esta vida que sea por causa de Cristo no es en vano. En el Espíritu, y en contra de todos los patrones de los jóvenes adultos que nos rodean, podemos hacer a un lado nuestras ambiciones egoístas e impulsivas para seguir llevando a cabo la obra de Dios, sin importar lo difícil que pueda ser.

La soltería no debe ser una excusa para evitar el compromiso y la fidelidad. / Foto: Unsplash

Mentira 7. Soy duro con los demás solo porque aún estoy soltero, y ellos no entienden lo difícil que es mi vida

Nuestras respuestas cuando somos lastimados dicen mucho sobre la condición de nuestros corazones. ¿Cómo reaccionas ante las personas que malentienden o minimizan tu dolor por estar soltero? A pesar de ser bien intencionados, a veces te ofenden con sus consejos, preguntas o indiferencia sin darse cuenta. Sientes que tienes todo el derecho de responder con enojo, insensibilidad o sarcasmo, o de llenarte de amargura y de pensamientos violentos. 

Pero Dios nos recompensa cuando respondemos con mansedumbre ante una ofensa. Él nos anima a soportar la maldad, corrigiendo “tiernamente a los que se oponen, por si acaso Dios les da el arrepentimiento que conduce al pleno conocimiento de la verdad” (2Ti 2:25). A fin de cuentas, es Dios quien corrige y dirige los corazones. No somos llamados a juzgarnos unos a otros, sino a vestirnos de la gracia y amabilidad que Dios nos ha mostrado, la misma gracia y mansedumbre de Jesús cuando estuvo en la cruz por nuestros pecados. 

Quizá tengas razón al ofenderte y debas decirle al hermano o hermana cómo te hizo sentir, pero no resolverás la ofensa con una segunda ofensa. En lugar de ello, Dios nos llama a ser mansos y promete hacer justicia por nosotros.

La soltería puede traer dolor, pero Dios nos llama a responder a las ofensas con mansedumbre y gracia. / Foto: Envato Elements

Mentira 8. Soy indisciplinado y sigo en pecado solo porque aún estoy soltero

La libertad se siente bien y nadie sabe, ni le importa, ni le afecta mi comportamiento. No hay vida más descontrolada que la vida del soltero. El aislamiento suele llevarnos a vivir en desenfreno y necedad. Nuestra carne quiere comer más de esto, tomar más de aquello, comprar más de esto y ver más de aquello. Ninguna de estas cosas es necesariamente mala, pero si no controlamos nuestros deseos pecaminosos, solo producirán más pecado y más idolatría. Disfrutar de todo lo que Dios ha creado, como Dios lo ha planeado, requiere de dominio propio: decir “no” lo suficiente como para demostrar que disfrutamos más de Él que de Sus regalos.

“Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1Co 9:25). Cuando renunciamos a la comida, a la bebida, a la televisión, a los deportes, a las compras o a cualquier otra cosa en esta vida con el propósito de tener y disfrutar a Cristo, nos acercamos más a la herencia infinita e incorruptible que nos espera en el cielo (Mt 6:20; 1P 1:4). Es cierto que el matrimonio puede proveernos una rendición de cuentas cercana y personal que no es posible tener en la soltería, pero el dominio propio es un fruto del Espíritu, no del cónyuge. Pídele a Dios que te dé fortaleza, “Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención” (Fil 2:13), y parte de Su voluntad es que tengas dominio propio.

La soltería no justifica la falta de dominio propio: Dios nos llama a vivir en santidad y gozo. / Foto: Unsplash

En el caso de muchos de ustedes, especialmente de los hombres, pero también de las mujeres, el pecado con el que continúan jugando es la lujuria sexual y la pornografía. No tienes dominio propio para no mirar o no hacer clic. Conozco la esclavitud a la pornografía de primera mano, habiendo luchado y perdido contra ella, una y otra vez, durante la secundaria y la universidad. La pornografía devora nuestra vida espiritual igual, o incluso más, que cualquier otra amenaza para la iglesia en la actualidad. No importa cuán inofensiva o privada nos parezca, no lo es. Nos acaricia hasta adormecernos. Pero no es un sueño; es muerte. Nos parece como una corta y cómoda siesta, pero la verdad es que nunca despertamos. Y la sociedad trata de llenarnos forzosamente de pornografía, saturando los medios y la tecnología con la misma.

Se han escrito un montón de libros sobre nuestra batalla contra la tentación y el pecado sexual. Más adelante verás que hay un capítulo completo dedicado a la pureza sexual. Una de las cosas que más me ayudó a vencerlo fue darme cuenta de que no se trataba únicamente de una falta de dominio propio. El fruto del Espíritu no funciona ni crece de esa manera. Los deseos pecaminosos que tenemos cuando vemos esas imágenes o vídeos indican que hay un problema mayor. Nuestra lucha por la pureza no es solo una lucha por tener más dominio propio. 

Se trata de buscar y expresar amor, paz, paciencia, bondad, fidelidad, amabilidad y gozo. Cuando nos enfocamos en el dominio propio y en negarnos a nosotros mismos, haciendo a un lado el resto del fruto del Espíritu, estamos olvidando la mayoría de las armas que Dios nos ha dado para la guerra. No luches solo por tener más dominio propio. Lucha por tener gozo. Aquellos que elijan ver menos hoy verán más por la eternidad (Mt 5:8). 

Mentira 9. Estoy deprimido y soy miserable solo porque aún estoy soltero, y no seré realmente feliz hasta que me case

Todo deseo no cumplido en nuestras vidas viene acompañado de dolor y anhelo. La soltería indeseada puede ser muy solitaria, y la soledad puede ser miserable. En esos momentos, la mentira es que el matrimonio será la solución más satisfactoria. Tristemente, esperar que el matrimonio y un cónyuge llenen el hueco que solo Dios puede llenar solo nos dejará más deprimidos y heridos. 

En Su gracia, Dios nos da otra respuesta (Sal 16:11). En Jesús, el camino, la verdad y la vida, Dios nos ha mostrado el camino hacia la vida y la felicidad, y no es el camino que recorreremos entre los bancos de la iglesia en nuestra futura boda. Es el matrimonio escandaloso entre un Dios santo y Su esposa pecadora, la iglesia, la cual Él ha escogido y perdonado. Jesús dijo: “Estas cosas les he hablado, para que Mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea perfecto” (Jn 15:11). El fruto del Espíritu se manifiesta cuando nuestro gozo y nuestra satisfacción en Jesús son profundos y duraderos. 

El matrimonio no puede llenar el vacío que solo Dios puede llenar. En Jesús encontramos verdadero gozo y satisfacción. / Foto: Envato Elements

Una falta de amor comunica que nos atesoramos a nosotros mismos más que a Jesús y al pueblo que Él compró con Su sangre. Nuestra ansiedad le dice a Dios que no estamos contentos con Él y con Su plan paternal (y con Su tiempo) en nuestras vidas. Nuestra impaciencia dice que el Jesús que ya tenemos no es suficiente para nosotros. Una incapacidad para decir “no” sugiere que creemos que esta comida, esta compra o esta página web nos hará más felices que Jesús. Pero el verdadero gozo en Jesús, a través del evangelio, nos liberará de toda la corrupción y de todo el fruto del pecado, para reemplazarlo con nuevas actitudes y nuevos hábitos que estén llenos del Espíritu.


Este artículo fue extraído del libro Soltero por ahora de Marshall Segal, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes encontrar el libro aquí.

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Marshall Segal

Marshall Segal es un escritor y editor para desiringGod.org. Es graduado del Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa tiene un hijo y viven en Minneapolis.

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