Octubre 5
“Pero si tienes temor de descender, baja al campamento con tu criado Fura, y oirás lo que dicen. Entonces tus manos serán fortalecidas para descender contra el campamento. Y descendió con su criado Fura hasta los puestos avanzados del ejército que estaban en el campamento”. Jueces 7:10-11
Siempre es más fácil quedarse con miedo que avanzar con fe: más fácil, pero nunca mejor. Gedeón sabía mucho sobre el miedo y el titubeo que lo acompañaba. Dudó cuando el ángel de Dios lo llamó para guiar a Israel (Jue 6:13, 15). Dudó cuando los enemigos de Israel se reunieron para oponerse a él (vv. 36-40). Y, al parecer, volvió a dudar la noche antes de la batalla en la que Dios había prometido la victoria (7:9-10). Y en este temor y titubeo, Dios habló. Observa la gracia y la paciencia de Dios con Gedeón cuando Él dice: “Pero si tienes temor…” y lo anima a llevar a su sirviente al campamento con él. Esta es una forma delicada de abordar el miedo de Gedeón. Reconoce que, humanamente hablando, ¡había grandes razones para tener miedo! Estaba a punto de entrar en batalla contra un oponente cuyos soldados superaban en número a los suyos por decenas de miles. Dios no lo reprendió por su temor; en cambio, le dio una razón para tener confianza.
Al igual que Gedeón, necesitamos palabras tan amables de nuestro Señor. A menudo somos lentos para recordar que podemos echar todas nuestras ansiedades sobre Él (1P 5:7). Podemos poner todas nuestras cargas y temores a Sus pies. Se nos permite venir a Él y decirle que no sabemos qué hacer. Y Su respuesta siempre está llena de gracia y sensibilidad hacia nosotros.
Lo que hace que esta historia sea aún más hermosa es la respuesta de Gedeón a la gentil sugerencia de Dios. Durante su discreta visita al campamento enemigo, escucha a dos hombres discutiendo un sueño, que un soldado interpreta como que caerán bajo “la espada de Gedeón” porque “Dios ha entregado en su mano a Madián y a todo el campamento” (Jue 7:14). Cuando Gedeón oye eso y se da cuenta de que Dios ha ido delante de él para hacer lo que le es imposible hacer solo, ¿qué hace? “Adoró” (v. 15). Hay tanta riqueza contenida en esa respuesta. Enfrentando probabilidades imposibles, pero seguro de la promesa de Dios, este líder temeroso, frágil e improbable derramó su corazón en alabanza, y luego utilizó su coraje dado por Dios para reunir a sus tropas. Su audacia vino de un momento privado y secreto entre él y el Señor.
Hay una diferencia entre los esquemas impulsados por la personalidad para manipular a las personas y la audacia genuina y llena del Espíritu. Uno se produce en un plano puramente humano y es propenso a desmoronarse; el otro solo puede ser descubierto cuando nos humillamos ante Dios, reconocemos nuestra insuficiencia y recordamos Su suficiencia. Ese es un lugar firme en el que tomar nuestra posición. El antídoto contra el miedo no es pensar mejor de ti mismo, como muchos afirman. Es pensar mejor acerca de Dios. Es confiar en la habilitación de Dios, que puede otorgarte una audacia santa, humilde e incomparable.
¿De qué tienes miedo en este momento? ¿De qué manera estás tentado a retroceder a pesar de que Dios te está llamando a caminar hacia adelante en obediencia? Lleva tus temores a Dios. Pídele que te muestre Su capacidad para hacer lo que tú no puedes. Entonces confía en Él, adóralo y obedécelo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
