Hace un par de semanas leí un artículo sobre Tesla. El periodista escribió un artículo extenso sobre la caída del precio de las acciones de la empresa y lo que podría significar para su futuro. También habló sobre su excéntrico fundador y algunos de sus desconcertantes comentarios públicos. Al final del artículo agregó una pequeña nota en la que explicaba que, aunque se había puesto en contacto con la empresa para hablar sobre el tema, no había recibido ningún comentario. No había recibido respuesta porque Tesla no tiene oficina de relaciones públicas ni de prensa. No había comentarios porque no había nadie que los hiciera. Me pareció un final divertido para una historia, por lo demás, seria.
En los últimos años he pasado bastante tiempo pensando y escribiendo sobre el dolor, y eso me ha llevado a leer y conversar mucho sobre el tema. Un asunto con el que me he topado una y otra vez es el de los cristianos que se comprometen en ejercer un poco de relaciones públicas en nombre del Señor. Aunque Dios no tiene una oficina de prensa, estas personas se sienten inclinadas a ofrecerse como voluntarias para el puesto y explicar, o desmentir, algo de lo que Dios dice o hace. Como cualquier representante de relaciones públicas, se interponen entre el “jefe” y el mundo para explicar lo que realmente quiso decir, lo que realmente quiso comunicar en Su Palabra.

La mayoría de las veces, estas personas pretenden eliminar cualquier conexión entre el sufrimiento o la muerte de un ser humano y la soberanía de Dios. “Dios no quiso que esto sucediera”, pueden decir. “Esto nunca podría ser la voluntad de Dios”. Tal vez incluso digan algo como: “Satanás ganó este round”. Quieren proteger a Dios de Su propia soberanía, como si esta no se extendiera a asuntos tan significativos como el dolor, el sufrimiento y la muerte.
Sin embargo, el testimonio consistente de la Biblia y el testimonio coherente de la fe cristiana histórica es que Dios es, en efecto, soberano sobre todas las cosas. Es soberano sobre el nacimiento, es soberano sobre la muerte y es soberano sobre todo lo que hay en medio. Esto significa que es soberano sobre los medios que dan lugar a la muerte, e incluso sobre cualquier sufrimiento que acompañe a la muerte. Pero, por supuesto, nunca lo es de tal manera que pueda pecar o ser moralmente responsable del pecado.

Esta relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana es difícil de entender. De hecho, es muy probable que sea imposible de ser comprendida plenamente, al menos en este lado de la eternidad. Así que la recibimos por fe como el claro testimonio de la Palabra de Dios.
Y cuando la recibimos por fe, esta verdad le da sentido y propósito a nuestros momentos de dificultad, porque ¿cómo podrían dejar de tener sentido y propósito cuando nos sometemos a la providencia de Dios? Él está detrás de nuestras tristezas, no como el responsable moral de sus causas, pues Él no obliga a ningún hombre a disparar un arma ni a ninguna mujer a conducir en estado de embriaguez, sino como el que, en última instancia, tiene poder sobre todas las circunstancias de la vida y de la muerte.

Hay muchos lugares a los que puedes ir para encontrar evidencias bíblicas de esto, pero mi interés hoy es mostrar cómo otros cristianos han entendido y explicado el alcance de la soberanía de Dios. Hago esto porque con frecuencia he sentido la necesidad de verificar mi comprensión de la Escritura, y lo que considero su explicación amplia sobre la soberanía de Dios, frente a mejores teólogos que yo. Y, al consultarlos, esto es lo que he encontrado.
El catecismo de Heidelberg. “La providencia de Dios es Su poder omnipotente y siempre presente, por el cual, como con Su mano, sigue sosteniendo el cielo y la tierra y a todas las criaturas, y las gobierna de tal modo que la hoja, la lluvia y la sequía, los años fructíferos y estériles, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, de hecho, todas las cosas, no nos vienen por casualidad, sino por Su mano paternal”. (Observa: todas las criaturas… todas las cosas).

El Catecismo Menor de Westminster. “Las obras de la providencia de Dios son Su santísima, sabia y poderosa preservación y gobierno de todas Sus criaturas y de todas sus acciones”. (Observa: todas sus criaturas y todas sus acciones).
John Piper. “Dios, en Su absoluta propiedad y soberanía sobre toda vida, designa el momento y el tipo de cada muerte de cada persona en este planeta”. (Observa: Dios designa el momento y designa el tipo).

Erwin Lutzer. “Nuestra muerte está planeada con tanto detalle como la muerte de Cristo. No hay combinación de hombres malvados, enfermedad o accidente que pueda matarnos mientras Dios todavía tenga trabajo para nosotros. Para los que caminan por fe en la providencia de Dios, mueren según el calendario de Dios… La causa inmediata de la muerte puede ser cualquier número de factores, pero la causa suprema es Dios”. (Observa: distinción entre causa inmediata causa y causa suprema).
Loraine Boettner. “Las naciones, así como los individuos, están en las manos de Dios, quien designa los límites de su habitación y controla su destino. Él controla completamente a ambos, de la misma manera que un hombre controla una vara o un bastón. Están en Sus manos y los emplea para cumplir Sus propósitos. Los hace pedazos como a un vaso de alfarero, o los exalta en grandeza, según Su beneplácito. Él da la paz y las estaciones fructíferas, la propiedad y la felicidad, o envía las desolaciones de la guerra, el hambre, la sequía y la peste. Todas estas cosas son de Su disposición, y están diseñadas para fines inteligentes bajo Su providencia universal. Dios no es un mero espectador del universo que ha creado, sino que está presente y activo en todas partes, es el fundamento que todo lo sustenta y el poder que todo lo gobierna”. (Observa: la plena extensión de la soberanía de Dios).

William Mason. “¡Cristiano! ¡La muerte no puede hacerte daño! La muerte es tu mejor amiga, comisionada por Cristo para llamarte del mundo de la vanidad y la aflicción, y de un cuerpo de pecado y muerte, a las regiones dichosas de gloria e inmortalidad. Allí te encontrarás con tu Señor, y estarás para siempre con Él”. (Observa: la muerte es comisionada por Dios y llama de parte de Dios).
Randy Alcorn. “Nuestro Dios soberano entreteje millones de detalles en nuestras vidas. Él puede tener una gran razón, o mil razones pequeñas, para que nuestras vidas se crucen con cierta persona o con el éxito o el fracaso o la enfermedad o un accidente. Sus razones con frecuencia quedan fuera de nuestro campo de visión. Si Dios usa el cáncer o un accidente automovilístico para hacernos más a Su semejanza, entonces sin importar las fuerzas humanas, demoníacas o naturales involucradas, Él será glorificado”. (Observa: incluso las circunstancias difíciles y penosas son utilizadas por Dios para hacer Su voluntad).

A. W. Pink. “El Señor Dios omnipotente reina. Su gobierno se ejerce sobre la materia inanimada, sobre las bestias salvajes, sobre los hijos de los hombres, sobre los ángeles buenos y malos, y sobre Satanás mismo. Ni la rotación de un mundo, ni el brillo de una estrella, ni una tormenta, ni el movimiento de una criatura, ni las acciones de los hombres, ni los mandatos de los ángeles, ni las acciones del diablo: nada en todo el vasto universo puede suceder de otra manera que la que Dios se ha propuesto eternamente. He aquí un fundamento para la fe. He aquí un lugar de descanso para el intelecto. He aquí un ancla segura y firme para el alma. No es el destino ciego, el mal desenfrenado, el hombre o el diablo, sino el Señor Todopoderoso quien gobierna el mundo, reinando según Su beneplácito y para Su gloria eterna”. (Observa: la totalidad de la soberanía de Dios).
John Owen. “No podemos gozar de paz en este mundo a menos que estemos dispuestos a someternos a la voluntad de Dios con respecto a la muerte. Nuestros tiempos están en Su mano, a Su soberana disposición. Debemos aceptarlo como lo mejor para nuestras vidas”. (Observa: la paz está relacionada con la aceptación de la soberanía de Dios).
J. I. Packer. “Saber que nada ocurre en el mundo de Dios al margen de la voluntad de Dios puede asustar a los impíos, pero trae estabilidad a los santos”. (Observa: la soberanía de Dios sobre todas las cosas, incluidos el dolor, el sufrimiento y la muerte, está destinada a darnos confianza y estabilidad).
Y así, en lo que a mí respecta, la verdad no podría ser más clara.
Publicado originalmente en Challies.