Mayo 30
«Jesús les dijo: ‘Hijos, ¿acaso tienen algún pescado?’. ‘No’, respondieron ellos. Y Él les dijo: ‘Echen la red al lado derecho de la barca y hallarán pesca’. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces». Juan 21:5-6
¿Qué le llevamos a Jesús? Solo nuestra necesidad.
La escena de la pesca después de la resurrección en Juan 21 nos recuerda una escena similar anterior con los discípulos en el mar de Galilea, registrada en Lucas 5. En ambas historias, a pesar de su experiencia profesional como pescadores, los discípulos trabajaron y trabajaron, pero no atraparon nada. En los dos casos, Jesús se les apareció e hizo que sacaran una enorme cantidad de peces. El primer encuentro tenía el objetivo de enseñarles a ser pescadores de hombres; el segundo, recordarles que debían continuar su trabajo de sumar para el reino de Dios. Estos milagros ilustraron la realidad de que los discípulos solo podían tener éxito a través del poder de Dios. Jesús estaba tan en control en el mar de Galilea cuando los discípulos no atrapaban nada como cuando estaban atrapando todo. Él era igualmente soberano sobre su vacío que sobre su llenura. Cristo desea que veamos nuestra pobreza para que podamos inclinarnos en asombro ante Su provisión. Cuando tú y yo estamos conscientes de nuestra debilidad, podemos confiar en que Dios también está en control de eso. Él nos invita a buscar que cada hueco en nuestra vida sea llenado por Su bondad y fortaleza.
Cuando Jesús llamó a los discípulos y les preguntó si habían atrapado algo, Él los obligó a reconocer su condición de necesidad y a responder con honestidad. Cristo también tiene preguntas para nosotros hoy en nuestro vacío. Él quiere que reconozcamos nuestra necesidad con humildad. La condición de los discípulos refleja la nuestra: ni siquiera podemos hacer aquello en lo que somos buenos sin la ayuda del Señor. No podemos hablar ni escuchar, cantar ni escribir, trabajar ni jugar sin la gracia facultativa de Dios. Tal como Jesús lo había dicho antes en el Evangelio de Juan: «Separados de Mí nada pueden hacer» (Jn 15:5).
Jesús no dejó a Sus discípulos en su pobreza ni tampoco les proveyó solo lo necesario para sobrevivir; Él les regaló una pesca abundante. Esta provisión refleja cómo, al prometer vida eterna a todo aquel que cree en Él, Jesús sigue dando incalculablemente más de lo que podemos pedir o imaginar. Cuando Cristo interviene en nuestra vida con Su Espíritu, Él no solo deja fluir unas gotitas de agua para burlarse de nosotros; Él nos promete que de nuestro corazón brotarán ríos de agua viva (Jn 7:38). Así como Jesús invitó a Sus discípulos a la playa para compartir con Él el desayuno (21:9-10), también te invita a Su mesa para satisfacer tu hambre. Y, al invitarte a acompañarlo, Él también te acompaña en el camino y te ofrece toda la fuerza que necesitas para el camino y más.
Jesús dijo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados» (Mt 5:6). Lleva tu necesidad a Él hoy. Sé honesto en cuanto a tus propias carencias. Y luego confía en que Él te dará mucho más de lo que necesitas para caminar hacia tu hogar celestial y servir a Sus propósitos gloriosos en el proceso.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
