Otra semana en un mundo difícil y hostil

Cada semana en este mundo afectado por el pecado trae retos y se suele terminar con mucho cansancio. Pero el domingo, cuando se reúne el pueblo de Dios, todo cansancio, hambre y sed son saciados. Pastores, sean fieles en su preparación cada semana, para cada domingo; miembros de la iglesia, lleguen fielmente a llenar sus almas cansadas con los demás santos del Señor.
Foto: Envato Elements

La ciudad de Toronto y los municipios que la rodean, limitados por un lago en su parte sur, se están desplazando constantemente hacia el este, el oeste y el norte. En estas regiones, los constructores están comprando grandes extensiones de terreno agrícola y convirtiéndolas en barrios con gran densidad de población. Con los cientos de miles de personas que llegan a Canadá cada año a través de la inmigración, y con los cientos de miles más que nacen aquí, la demanda de viviendas es insaciable y la ciudad se expande hacia el exterior como un tsunami que se mueve lentamente.

Sin embargo, si se sale de los límites de la ciudad y se conduce más allá de los nuevos barrios, no se tarda mucho en llegar a las tierras de cultivo. Y en esta época del año los agricultores acaban de terminar de sembrar sus cultivos. Algunos de los primeros cultivos se sembraron al inicio del mes, pero es en las últimas semanas de mayo —semanas en las que es menos probable se produzcan heladas nocturnas— cuando la mayoría de los cultivos pueden sembrarse con seguridad.

Si se trazara el ciclo de vida de una sola planta, se vería que se planta en mayo, que sale a la superficie en los cálidos días de la primavera y que alcanza la madurez en verano. Cuando el agricultor decide que está completamente madura, la cosecha y la envía a una tienda de comestibles cercana o a un mercado de agricultores donde se vende como producto local fresco.

En ese mercado, una compradora —quizás una empleada de una tienda de ropa del centro—, lo echa al carro, se lo lleva a casa y lo sirve para cenar. Su marido, que trabaja en una fábrica de automóviles cercana, come esa misma comida, al igual que sus hijos en edad escolar. La comida les alimenta y les sostiene un día más, proporcionándoles el alimento y la fuerza que necesitan para llevar a cabo sus tareas. Y así, de forma indirecta, el agricultor desempeña un papel silencioso pero clave en esa tienda de ropa, en esa fábrica de automóviles y en esa escuela.

En ocasiones suele usarse la alegoría de un agricultor para ilustrar el trabajo pastoral de los ministros eclesiales que proclaman la Palabra de Dios y apacientan la Iglesia de Cristo. / Foto: Getty Images

A menudo se compara a los pastores con los agricultores, y con razón. Ya que, de forma muy parecida, el pastor desempeña un papel silencioso pero clave en la vida de las personas de su iglesia. Trabaja en su oficina durante toda la semana, estudiando la Biblia en oración, planificando cuidadosamente el culto y preparando diligentemente el sermón. Luego, cuando finalmente llega el domingo, la iglesia se reúne para cantar y orar juntos, para leer las Escrituras y celebrar las ordenanzas. El punto culminante del servicio es la predicación de la Palabra, en la que el pastor expone un pasaje y lo aplica a la vida cotidiana de la gente. La congregación escucha atentamente, escudriñando la Biblia para asegurarse de que todo esto es cierto, y considerando cómo pueden hacer suyas esas verdades y vivirlas día a día. Cuando escuchan el último “amén” y estrechan la última mano al salir por la puerta, están equipados y llenos de energía para otra semana de vida en un mundo difícil y hostil.

De este modo, el pastor, al igual que el agricultor, se dedica a alimentar a la gente mientras estas viven y realizan su trabajo. Las personas vienen a la iglesia cada semana cansadas y hambrientas, deseosas de ser alimentadas. Y la tarea del pastor es satisfacer su necesidad de sustento espiritual, equiparles para los deberes que Dios les ha dado y alimentarlos con buena comida. Es su privilegio saciarles y enviarles llenos y satisfechos.

El punto culminante del servicio de adoración es la predicación de la Palabra, en la que el pastor expone un pasaje y lo aplica a la vida cotidiana de la gente. / Foto: Unsplash

Por lo tanto, el llamado de los pastores es alimentar a su congregación. Lo que realmente les dará energía para otra semana en este mundo no es el entretenimiento ni los clichés, ni frases para sentirse bien ni discursos de motivación. Lo que realmente saciará su hambre espiritual es el alimento espiritual de la Palabra. Necesitan ser alimentados por la Palabra y eso es responsabilidad del pastor, su tarea y su privilegio.

Y, miembros de la iglesia, el llamado que se les hace es a ser alimentados, a asistir diligentemente a los cultos y a escuchar atentamente para poder recibir el buen alimento que el pastor ha preparado para ustedes. Entonces, una vez llenos de ese alimento, podrán ir más allá de las paredes de la iglesia para llevar a cabo las tareas que Dios les ha encomendado: las tareas sagradas de cumplir con su vocación, de amar a las personas que les  rodean y de hablar al mundo de Jesús. Así, en tu día a día durante la semana, puedes ir saciado, alimentado, satisfecho y con energía para hacer todo lo que Dios te ha llamado a hacer.


Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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