Septiembre 29
“Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘no llores’. Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y Jesús dijo: ‘joven, a ti te digo: ¡levántate!’”. Lucas 7:13-14
La llegada del reino de Dios no fue anunciada con victorias espectaculares y dramáticas sobre los poderes y autoridades del mundo, sino con algo mucho más transformador: la gran compasión de su Rey.
Mediante sus relatos acerca de Jesús, los escritores de los Evangelios nos presentan encuentro tras encuentro que demuestra la compasión singular de Cristo. En estos incidentes, el poder de Cristo se revela a medida que Su compasión se extiende. Por ejemplo, en el capítulo 7 de su Evangelio, Lucas resalta la respuesta compasiva de Jesús a una viuda angustiada, una respuesta que despeja cualquier duda en cuanto a Su grandeza.
La mujer en esta sección del relato de Lucas estaba en una necesidad real. Su esposo ya había partido y, su hijo acababa de morir. En la sociedad del antiguo Medio Oriente, esto significaba que no tenía más medios de provisión ni de protección. Enfrentaba una vida de tristeza, de soledad, de peligros y, finalmente, enfrentaba el fin de la línea familiar.
Sin embargo, Jesús entró en esta situación extrema de la vida de la mujer y “al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: ‘No llores’”.
Lo único que se necesitó para despertar la compasión de nuestro tierno Pastor fue ver a la mujer dolida. Literalmente, la palabra “compasión” significa “Sus entrañas se movieron”, algo similar a nuestra expresión “Su estómago se revolvió”. Cuando Jesús, por medio de quien, y para quien fueron creadas todas las cosas, ve la tristeza y el dolor de este mundo roto, Él los siente. Aquí está un Rey que se preocupa en verdad.
Lo más hermoso es que Jesús tenía el poder para satisfacer la necesidad de la viuda, así que hizo algo que solo Él puede hacer: levantar al joven de entre los muertos. No obstante, Él no solo devolvió vivo al hijo de la viuda afligida para suplir su necesidad y eliminar su dolor. Lo más importante es que Jesús se reveló a la multitud (¡y a nosotros!) en todo Su poder, bondad y autoridad… incluso sobre la muerte.
Este tipo de escenas nos muestran que Jesús no simplemente comenta sobre la enfermedad y la muerte, las grandes enemigas de la humanidad, ni solo se lamenta por ellas. Él las vence. Él escucha los clamores de los quebrantados y los consuela, y no solo en un sentido terrenal y temporal, sino también de forma definitiva, perfecta y eterna al ofrecerse a Sí mismo como medio de salvación para todo aquel que cree.
Tu Rey no es solo infinitamente poderoso; es infinitamente compasivo. Y la combinación de estas dos cualidades en Él es suficiente para sostenerte a través de cada tristeza y aflicción en este mundo, hasta que llegues de pie a Su presencia y Él enjugue toda lágrima de tus ojos.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
