Septiembre 28
Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará (Mateo 6:6).
Una objeción común al hedonismo cristiano, es decir que da mayor importancia a los intereses del hombre que a la gloria de Dios, que antepone mi felicidad sobre el honor de Dios. Pero el hedonismo cristiano, enfáticamente, no hace esto.
Sin duda, los hedonistas cristianos nos esforzamos por perseguir nuestro interés y nuestra felicidad con todas nuestras fuerzas. Respaldamos la resolución del joven Jonathan Edwards: “Resuelvo: esforzarme por obtener para mí mismo tanta felicidad en el otro mundo como me sea posible, con todo poder, fuerza, vigor y vehemencia, incluso la violencia, de la que sea capaz o pueda valerme por mí mismo, de cualquier manera imaginable”.
Pero hemos aprendido de la Biblia (¡y de Edwards!) que el interés de Dios es magnificar la plenitud de Su gloria derramándose en misericordia sobre nosotros, los pecadores, quienes desesperadamente necesitamos de Él.
Por tanto, la búsqueda de nuestro interés y felicidad, incluso si nos cuesta la vida, nunca está por encima del interés, la felicidad y la gloria de Dios, sino que siempre está en Dios. Una de las verdades más preciosas de la Biblia es que el mayor interés de Dios es glorificar la riqueza de Su gracia, haciendo felices a los pecadores en Él, ¡en Él!
Cuando nos humillamos como niños pequeños y no nos damos aires de autosuficiencia, sino que corremos felices hacia el gozo del abrazo de nuestro Padre, la gloria de Su gracia se magnifica y el anhelo de nuestra alma se satisface. Nuestro interés y Su gloria se unen.
Cuando Jesús promete en Mateo 6:6: “Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”, se refiere a una recompensa que quiere que busquemos. ¡No nos seduce con un gozo que no deberíamos tener! Pero esta recompensa, este gozo, es la plenitud de alejarnos de la alabanza humana y refugiarnos en nuestro aposento para buscar a Dios.
Por tanto, los cristianos hedonistas no dan más importancia a su felicidad que a la gloria de Dios. Más bien, ponen su felicidad en Dios mismo y descubren la gloriosa verdad de que Dios es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en Él.
