Junio 13
«Pero yo, oh Señor, en Ti confío; Digo: ‘Tú eres mi Dios. En Tu mano están mis años; Líbrame de la mano de mis enemigos, y de los que me persiguen. Haz resplandecer Tu rostro sobre Tu siervo; Sálvame en Tu misericordia'». Salmo 31:14-16
La mayoría de nosotros somos una mezcla de emociones y experiencias. Lo bueno, lo malo y lo feo nos inundan regularmente. La cuestión clave es qué hacemos con estos sentimientos y experiencias. ¿Cómo es que ser creyente moldea la forma en que vemos nuestro mundo? «En tu mano están mis años» es una afirmación de seis palabras para recordar a los cristianos que, a pesar de los desastres y las dificultades, estamos bajo el cuidado del Dios Todopoderoso.
En los versículos iniciales del Salmo 31, es evidente que David está angustiado. A medida que seguimos leyendo, parece que lo encontramos en una posición de seguridad solo unos versículos más tarde, solo para que regrese inmediatamente a un estado de angustia. Este ciclo de dolor y alegría no es una experiencia inusual para el peregrino cristiano. De hecho, la recurrencia de la decepción y la incomodidad es bastante común a lo largo del camino de la fe.
En su libro The Hiding Place [El refugio secreto], Corrie ten Boom cuenta la historia de su primer viaje en tren. Aunque faltaban varias semanas para su viaje, regularmente iba con su padre y le preguntaba si tenía los boletos. Él le decía una y otra vez que ya los tenía. Se dio cuenta de que su problema era falta de confianza en su padre; ella no creía que él se encargaría de todo. Le preocupaba que él perdiera su boleto y que de alguna manera ella se quedara sin él el día que iba a viajar. En esa lección, aprendió que Dios nos da el boleto el día que hacemos el viaje y no antes.¹ Él, por supuesto, es mucho mejor que nosotros para mantenerlo a salvo.
En nuestras propias peregrinaciones a través de la angustia, decepción, pérdida de seres queridos y fracasos personales, podemos aprender que esto es realmente cierto. Por lo tanto, debemos confiar en Él. El día que hacemos el viaje a la eternidad, si conocemos a Cristo, sabemos que Él nos dará el boleto. Si ese día es hoy, entonces el boleto está en camino. Si no es así, ¿de qué sirve permanecer despierto y dejar que nuestras emociones nos controlen y nuestras preocupaciones se acumulen dentro de nosotros?
No estamos a merced de fuerzas arbitrarias e impersonales; estamos en la mano de nuestro Dios amoroso. Él nos dice: «Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados. Vengan a Mí con todas sus cargas, temores, pánicos, ansiedades y angustias. Tomen Mi yugo sobre ustedes. Vivan bajo Mi reinado amoroso, porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera y hallarán descanso para sus almas, para siempre» (ver Mt 11:28-30).
Esta es tu seguridad. Tus tiempos, cortos o largos, ricos o pobres, tristes o felices, están en Su mano. Él te dará buenas obras para hacer cada día, y luego, en tu último día, Él te llevará a salvo al lugar donde tus días son infinitamente largos, inimaginablemente ricos e indeciblemente felices.
1 The Hiding Place [El refugio secreto] (1971), cap. 2.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
