Los peligros del dinero que destruyen tu prosperidad

Manejar el dinero es como maniobrar con un cable que puede electrocutarte. Eso es lo que Pablo le quiere decir a Timoteo:
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¿Qué pasa con el dinero? ¿Cómo puede el buen regalo del dinero —lleno de potencial para bendecir— convertirse en algo tan destructivo? ¿Cómo se relaciona al cambio de la gloria de Dios por otras cosas? ¿Qué sucede cuando nos llega a controlar?

El primer y el último mandamiento

¿Alguna vez has pensado en la posibilidad de que el primer y el último mandamiento sean básicamente lo mismo y que funcionen como una especie de cercado que hace que los ocho mandamientos que están entre ellos sean posibles? El primer mandamiento es: “No tengas otros dioses además de Mí” (Éx 20:3). ¿A qué se refiere con “además de Mí”? El versículo 5 lo explica: “Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso”. En otras palabras: “Tú, Israel, eres Mi esposa. Si tu corazón va tras otro dios, es como si una esposa fuese a la cama de otro hombre. Me enfurezco debido a mi celo santo. Tu corazón, tu suprema lealtad, tu amor, tu afecto, tu devoción y tu gozo me pertenecen”. Así que cuando Dios dice: “No tengas otros dioses además de Mí”, está diciendo: “Siempre has de tenerme como lo más importante. Has de deleitarte en Mí más que en cualquier otra cosa. Nada ha de atraerte más que Yo. Abrázame como a tu tesoro más supremo y satisfácete en Mí”. Ese es el primer mandamiento. El último de los diez mandamientos es: “No codicies” (v 17). En hebreo, la palabra “codiciar” significa simplemente “desear”. Así que, al definir la codicia, la pregunta sería: ¿Cuándo el deseo por algo —como el dinero o lo que este puede comprar— se convierte en un deseo malo? ¿Cuándo un deseo legítimo se convierte en codicia? Mi sugerencia es esta: une el último mandamiento con el primero y obtendrás la respuesta. El primer mandamiento es: “No tengas otros dioses además de Mí”. Es decir, nada en tu corazón debe competir conmigo. Debes desearme tanto que, cuando me tengas, estés satisfecho conmigo. Y el décimo es: “No codicies”. Es decir, no tengas deseos ilegítimos; no desees nada que ponga en riesgo tu contentamiento en Mí. Así que, la codicia —es decir, los malos deseos— es desear cualquier cosa de tal forma que pierdas tu contentamiento en Dios.

La advertencia más fuerte de Pablo sobre los peligros del dinero

Pongamos esto a prueba con la advertencia que hace Pablo sobre cómo el dinero se relaciona a nuestro contentamiento. En 1 Timoteo 6:5-10, Pablo comienza describiendo a personas que se asemejan mucho a las descritas en Romanos 1, solo que ahora el enfoque está sobre el deseo desordenado por el dinero y no sobre el deseo desordenado por el sexo. Él habla sobre personas… … 5 de mente depravada, carentes de la verdad. Este es de los que piensan que la religión es un medio de obtener ganancias. 6 Es cierto que con la verdadera religión se obtienen grandes ganancias, pero solo si uno está satisfecho con lo que tiene.7 Porque nada trajimos a este mundo, y nada podemos llevarnos. 8 Así que, si tenemos ropa y comida, contentémonos con eso. 9 Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. 10 Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores. Es claro que el dinero es peligroso. Sé que no es el dinero en sí mismo lo que destruye el alma. Es la codicia. El deseo. Tal como dijo George Macdonald, ministro escocés del siglo XIX: Los ricos no son los únicos que están bajo el dominio de las cosas materiales; también son esclavos los que, sin tener dinero, son infelices por la falta del mismo. Sin embargo, Jesús dijo: “Les aseguro que es difícil para un rico entrar en el Reino de los cielos” (Mt 19:23). No dijo que fuese difícil que una persona que ama el dinero entre al cielo, sino que es difícil para una persona que es rica. De hecho, está diciendo que el dinero en sí mismo es peligroso—no maligno, solo peligroso—por lo fácil y rápido que podemos ser engañados por él. Jesús dijo: “… el engaño de las riquezas [ahoga] la palabra…” (Mt 13:22 RVC). El dinero es peligroso porque tiene mucho poder para engañar. Manejar el dinero es como maniobrar con un cable que puede electrocutarte. Eso es lo que Pablo le quiere decir a Timoteo: “Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores” (1Ti 6:9-10). Es un lenguaje muy severo. “… tentación… se vuelven esclavos de sus muchos deseos… hunden a la gente en la ruina y en la destrucción”. Sin duda, Pablo nos aconseja tener extrema precaución. _________________________ Este artículo fue adaptado de una porción del libro Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace. Conoce todos los libros de John Piper en español. _________________________ Páginas 47 a la 50

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