La presencia de Dios: un concepto fundamental para todo cristiano   

Aquí hay 10 ideas acerca de cómo la presencia de Dios explica toda la Biblia y la vida del cristiano.
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Lastimosamente, el concepto de la “presencia de Dios” ha perdido profundidad entre los cristianos. ¿En dónde está Dios? Muchos ven a Dios en paisajes naturales muy bellos, en la salud de una persona que se curó milagrosamente del cáncer, en el predicador que enseñó la Biblia apasionadamente y en la fortaleza que alguien tiene al atravesar una prueba.

Y, aunque en todo esto hay algo de razón, el concepto de la presencia de Dios es algo mucho más complejo, sublime y fundamental en la Biblia. Más allá de describir un momento de adoración o algún lugar hermoso, la presencia de Dios abarca la historia misma de la redención, es el corazón el propósito por el cual Él creó el mundo, y es fundamental para la misión de todos los cristianos. 

Solo una lectura detallada de las Escrituras nos puede explicar lo que es la presencia de Dios. Por eso quiero compartir aquí 10 ideas sobre el significado de la presencia de Dios a la luz de toda la historia bíblica.

1. Dios es inmanente porque es trascendente

El Señor “es Dios arriba en los cielos (trascendente) y abajo en la tierra (inmanente)” (Jos 2:11). Pero, para entender a Dios en Su totalidad, debemos reconocer que Su acercamiento a la creación proviene de Su condición de ser distinto de la creación. En otras palabras, no hay ninguna deficiencia en Dios que la creación satisfaga. El Señor no se relaciona con este mundo porque carezca de algo dentro de Sí mismo. No, Dios se acerca por la abundancia de quien es. 

La trascendencia de Dios lo distingue del orden creado y pone las cosas en su justa perspectiva. Dios no viene a nosotros necesitado y con carencias, sino que viene “para vivificar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los contritos” (Is 57:15). Es el Santo y Justo en las alturas quien restaura a los quebrantados y necesitados que están aquí abajo.

El Señor “es Dios arriba en los cielos (trascendente) y abajo en la tierra (inmanente)”. / Foto: Unsplash

2. La Biblia enfatiza la presencia manifiesta de Dios, no solo Su omnipresencia

Hay una diferencia entre decir “Dios está en todas partes” y decir “Dios está aquí”. La primera es la categoría por defecto para la mayoría de los cristianos. Hablamos de que la presencia de Dios es ineludible y que está “presente en todas partes” (Sal 139:5-12; 1R 8:27). 

Pero parece que la Escritura se preocupa más por Su presencia manifiesta en las relaciones personales y en la redención. Ahora, aunque estas realidades divinas no están ciertamente en desacuerdo, la historia bíblica gira en torno al hecho de que Dios está presente con Su pueblo en el Edén, el tabernáculo y el templo, la encarnación de Cristo y el nuevo cielo y la nueva tierra.

3. La historia de las Escrituras comienza y termina con la presencia de Dios

En el libro de Génesis, el Edén es el hogar de la primera pareja, pero, más importante aún, es el santuario de Dios, el templo del jardín donde el Creador y los portadores de Su imagen se relacionan (Gn 3:8).  

Cuando llegamos al final de nuestras Biblias, vemos una imagen muy similar, pero a una escala mucho mayor. Todo el cielo se ha unido con la tierra para hacer un santuario perfecto para que Dios habite con el hombre (Ap 21:1-4). En el libro de Apocalipsis, el Edén ha regresado y se ha expandido a un nuevo cielo y una nueva tierra donde todo el pueblo de Dios disfruta de Su presencia eternamente.

La historia de las Escrituras comienza y termina con la presencia de Dios. / Foto: Getty Images

4. La misión de la humanidad y la presencia de Dios son inseparables

Dios le dio al hombre y a la mujer un propósito. Les ordenó: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla” (Gn 1:28). Adán y Eva debían hacer esto en el Edén, el epicentro de la presencia relacional de Dios en la creación. A medida que la familia de la primera pareja se expandía, también lo harían los límites del jardín y, con él, la presencia de Dios. De la misma manera, la presencia de Dios se extendería al resto de la tierra a través del ejercicio del dominio de Adán y Eva (Nm 14:21; cf. Sal 72:19; Is 11:9).

5. El pecado socava la misión de la humanidad y la experiencia de la presencia de Dios

Pero hay un problema. Adán y Eva reemplazan las bendiciones por maldiciones cuando comen el fruto prohibido. Estas maldiciones afectan directamente lo que son y para lo que fueron hechos. Para Eva, el dolor abruma la promesa de un pueblo. Para Adán, el sudor y las espinas impedirán la promesa de un lugar. 

Ahora el pecado lo afecta todo, especialmente la experiencia del hombre en cuanto a la presencia de Dios. Debido a su desobediencia, Adán y Eva son exiliados, y su misión entra en un estado caótico ahora que están fuera del Edén. La presencia de Dios, la cual conocieron libremente, ha dejado de ser libre.

Adán y Eva reemplazaron las bendiciones por maldiciones cuando comieron el fruto prohibido. Estas maldiciones afectaron directamente lo que eran y para lo que fueron hechos. / Getty Images

6. Dios hace un pacto para devolver Su presencia a Su pueblo

Pero, por Su gracia, Dios interviene para pagar el precio. Para superar el pecado del hombre y asegurar Sus propósitos, el Creador se convierte en el Redentor. A través de las promesas de Su pacto, el Señor restaura lo que Adán no pudo hacer. Dios hace un pueblo y un lugar a través del pacto mientras mantiene Sus promesas a la humanidad.

Dios hace todo esto para que Él pueda ser nuestro Dios y nosotros Su pueblo (Gn 17:7; Ex 6:7, 29:45; Ap 21:3). En el corazón mismo de lo que es el pacto hay una relación, una que se hace según Sus términos. Dios entra en Su creación para crear un pueblo y un lugar para Su presencia. Así, el pacto se da como el Señor declara en el Sinaí: “Habitaré entre los israelitas, y seré su Dios. Y conocerán que Yo soy el Señor su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para morar Yo en medio de ellos” (Ex 29:45-46).

7. La presencia de Dios es el medio y el fin de la redención

Muchos cristianos hablan bastante sobre la presencia de Dios, pero cometen el error de no ir a Su Palabra para ver qué significa. Sin embargo, la presencia de Dios es un fundamento para toda la historia bíblica. Hay un doble patrón a lo largo de todas las Escrituras.

Primero, es claro que la presencia de Dios es un objetivo central en Su misión redentora. Toda Su obra termina con el Señor habitando con el hombre. Segundo, la presencia de Dios no es sólo un objetivo, sino también el medio por el cual se cumple la misión redentora. Dios escribe Su nombre en Su propia historia para traer la salvación de la humanidad.

Para superar el pecado del hombre y asegurar Sus propósitos, el Creador se convierte en el Redentor. / Foto: Unsplash

8. La presencia de Dios encuentra su mayor expresión en Emanuel, Dios con nosotros

Dios mismo viene a salvar. Jesucristo, el Hijo de Dios, entró en la historia de la humanidad para dar Su vida en rescate por muchos (Mt 20:28; Mr 10:45). En Su gracia, Dios nos compra de la manera más inimaginable: Cristo se hizo hombre, caminó entre la humanidad y murió por Su pueblo. En este acto misericordioso, Cristo nos reconcilia consigo mismo y nos vuelve a abrir el acceso al Padre para que los que una vez fueron exiliados de Su presencia puedan acercarse de nuevo a Él (Heb 4:16, 7:19).

9. Los propósitos de la iglesia están ligados a la presencia de Dios

La presencia de Dios tiene enormes implicaciones en la forma en que entendemos la iglesia (1Co 3:16-17; 2 Co 6:14 ― 7:1; Ef 2:13-22). El Nuevo Testamento llama a la iglesia “templo” por una razón: a través de esta imagen, vemos que la comunidad de Cristo es, en este tiempo de espera del regreso de Cristo, el instrumento que el Señor usa para esparcir Su presencia en un mundo perdido y pecaminoso.

Por consiguiente, la iglesia tiene dos propósitos claros. Primero, la iglesia trabaja hacia adentro para la santificación de sus miembros, a fin de preparar al pueblo de Dios para la presencia presente y futura de Dios. Segundo, la iglesia trabaja hacia afuera para compartir el evangelio, de modo que los perdidos también puedan disfrutar de la presencia de Dios ahora y para siempre.

La presencia de Dios tiene enormes implicaciones en la forma en que entendemos la iglesia. / Foto: Unsplash

10. Ser un cristiano gozoso es conocer la presencia de Dios

Si somos honestos, muchos de nosotros podemos pensar en Dios como nuestro “genio de la lámpara” de vez en cuando. Por así decirlo, dejamos a Dios en “el estante”, inactivo, hasta que surgen problemas o hay algo que nuestro prójimo tiene y que nosotros realmente queremos. El problema es que las relaciones reales no funcionan así, especialmente con el Dios trino. Él, el Señor sobre todas las cosas, no se quedará en el estante de la vida de nadie.

En cambio, las Escrituras son claras en cuanto a que toda la vida, y principalmente la vida en el evangelio, se trata de estar en la presencia relacional de Dios. Por eso David proclama: “En Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra hay deleites para siempre” (Sal 16:11). Cuando dejamos por fuera todos nuestros asuntos secundarios, este gozo en la presencia de Dios es todo lo que queda y lo que realmente importa.


Este artículo se publicó originalmente en Crossway.

Ryan Lister

Ryan Lister es profesor de teología en el Western Seminary de Portland, Oregón y autor del libro «La presencia de Dios: su lugar en la historia de las Escrituras y la historia de nuestras vidas». También es Director de Doctrina y Discipulado de Humble Beast y co-creador de The Canvas Conference.

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