Noviembre 7
“Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo”. Apocalipsis 21:2
En Jesús, Dios ha venido del cielo y ha bajado hasta nosotros, y al final de todas las cosas, la ciudad santa, la nueva Jerusalén, también bajará del cielo desde Dios. Dios está creando una nueva Jerusalén que incluirá a creyentes de todas las épocas y de todos los lugares: gente como tú y yo. Seremos habitantes de la ciudad que vivirán en perfecta armonía unos con otros; el rostro de Dios estará delante de nosotros, y seremos marcados como Suyos (Ap 22:4). Esta compañía será una multitud tan vasta y magnífica que nadie podrá contarla, con ciudadanos procedentes de toda nación, tribu, pueblo y lengua (Ap 7:9). La descripción de esta inmensa multitud tenía como objetivo ser una fuente de esperanza y estímulo para la iglesia en los días del apóstol Juan, y también debería serlo para nosotros. La iglesia primitiva era muy, muy pequeña en número, bastante insignificante para los estándares humanos, así como lo ha sido en muchas épocas a lo largo de la historia. Pero Juan nos dice que la iglesia es en realidad mucho más grande, más vasta e importante de lo que podríamos imaginar, ya que sus miembros son ciudadanos de la nueva Jerusalén, viajando como peregrinos siempre hacia adelante hasta que estén en sus calles.
Un día, en esa ciudad, innumerables creyentes adorarán juntos, y seremos testigos del cumplimiento final de la promesa de Dios a Abraham: «El Señor lo llevó fuera, y le dijo: ‘Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas… Así será tu descendencia’» (Gn 15:5).
Por ahora, la creación está marcada por la división y la discordia. Estamos separados por el idioma, la nacionalidad y la cultura, por antiguas enemistades y recientes recelos. Sin embargo, un día todo esto desaparecerá. Dios está creando una nueva comunidad, una ciudad multirracial y multicultural bajo Su reinado y gobierno. Cuando por fin nos reunamos todos cuando el cielo venga a la tierra y el pueblo de Cristo se levante para habitarlo, estaremos unidos por el evangelio del Señor Jesucristo, porque el evangelio es para todas las naciones.
¿Puedes imaginar un día así? No, no del todo, por supuesto; pero sí lo suficiente como para impulsarte a través de las pruebas y presiones de esta vida y hacer que te desprendas de todo lo que te frena (Heb 12:1-2). Este mundo no es tu hogar; pero un día, la ciudad celestial bajará, y lo será. Un día verás de verdad lo que Juan vio en esta visión, y estarás en casa.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
