Noviembre 8
“El pecado no tendrá dominio sobre ustedes, pues no están bajo la ley sino bajo la gracia”. Romanos 6:14
En esta vida, nunca estaremos libres de la tentación. De hecho, cuanto más envejecemos, más descubrimos que las mismas tentaciones de siempre —a menudo con nuevos disfraces— están justo allí, detrás de nosotros, mordiéndonos los talones y tratando de hacernos caer. Y, por si fuera poco, ¡a menudo se les une un montón de tentaciones nuevas!
Sí, la tentación es una realidad, y es inevitable. Pero ¿por qué?
La primera razón es que la misma gracia que nos reconcilia con Dios también nos pone en guerra contra del diablo, quien, según nos dicen las Escrituras, nos persuadió de que era nuestro amigo antes de que llegáramos a confiar en Cristo. Sin embargo, cuando la gracia de Dios nos hace Sus amigos, nos convierte simultáneamente en enemigos de Su gran enemigo. Y aunque el maligno no puede impedir que Dios salve a Su pueblo, sí puede hacer que todos sus esfuerzos —es decir, la tentación— caigan sobre nosotros una vez que hemos sido salvos.
En segundo lugar, cuando nacemos de nuevo, el pecado ya no nos domina, pero sigue librando una guerra contra nuestras almas, y la tentación es una de sus mejores armas. Somos tentados por el mundo, todo lo que hay en el exterior que nos dice: “Si consigues esto, serás feliz y disfrutarás de la vida”. También nos tienta nuestra carne. Nuestra vieja naturaleza pecaminosa —que aún permanece en nosotros en esta vida, incluso después de confiar en Cristo— libra una feroz batalla contra nuestro nuevo yo.
Sin embargo, por muy fuertes que sean las apelaciones del maligno —y lo son—, no tienen en sí mismas el poder de obligarnos a ceder a la tentación. El diablo tiene el poder de traernos un mundo de tentaciones, pero no tiene el poder de hacernos pecar.
Por lo tanto, no te paralices por el miedo ni te sientas complaciente con las tentaciones a las que te enfrentas. En tu guerra contra la tentación, no necesitas preguntarte si ganarás o perderás. Dios ya ha declarado el jaque mate, porque, como escribe Juan, “mayor es Aquel que está en ustedes que el que está en el mundo” (1Jn 4:4). La guerra ha terminado y la victoria está asegurada. Las batallas pueden continuar, pero no pueden afectar el final de la guerra.
¿Con qué tentaciones estás luchando actualmente o cediendo? Dedica un momento a nombrarlas. Y luego consuélate con esto hoy: por muy poderosas que sean esas tentaciones, el diablo es un enemigo derrotado, y Jesucristo reina victorioso. Su poder en ti es suficiente para permitirte luchar contra la tentación, ¡y Su muerte por ti es suficiente para que Dios te perdone!
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
