Julio 19
Si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, hagan completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito”. Filipenses 2:1-2
Convertirse en cristiano es como casarse. En el matrimonio, dos individuos se unen y sus vidas se entrelazan de forma irrevocable. De la misma manera, cuando aceptamos a Cristo con todo Su amor y aceptamos la salvación que Él ha ganado para nosotros en la cruz, somos unidos a Él y nunca más volvemos a ser los mismos.
Tal como Pablo recordó a los filipenses, hoy podemos reconocer el ánimo que existe como resultado de nuestra unión con el Señor Jesucristo. Nuestra relación con Él es un regalo de la gracia de Dios hacia nosotros y podemos encontrar seguridad en saber que, mediante el poder de Su Espíritu, Él está con nosotros adondequiera que vayamos. Si estás unido a Cristo por fe, Él está más cerca de ti de lo que tú estás de tus propias manos y pies. Tu vida está entrelazada permanentemente al Señor.
Una de las dificultades prevalentes en la vida del siglo veintiuno es que muchos de nosotros nos sentimos a menudo abandonados, sin compañía y solos, incluso cuando estamos en medio de una multitud. Podemos intentar disfrazar nuestros sentimientos de aislamiento con alguna conversación superficial o con la delgada máscara de una sonrisa, pero a veces nos retiramos de algún grupo sintiéndonos desesperadamente perdidos. Sin embargo, es cierto que los cristianos no necesitamos sentir esta desesperación, porque sabemos y conocemos el consuelo de nuestra unión con Cristo. Él nos conoce por completo y nos ama de manera infinita. ¡Existe un gran consuelo en saber esto! El “consuelo” del que Pablo habla aquí no es solo un sentimiento de comodidad; la palabra describe algo con poder y atracción. Es una palabra de acción: el consuelo fluye en nuestras relaciones con los demás porque el Espíritu nos une, no solo consigo mismo, sino también unos con otros de este lado del cielo. Mientras más disfrutamos los beneficios de nuestra unión a Cristo (el más precioso de los cuales es Cristo mismo), más nos acercaremos y más profundamente amaremos a nuestros hermanos y hermanas en la fe.
Sin embargo, aunque este consuelo nos bendice, también nos constriñe. Nuestro conocimiento de la misericordia y compasión de Cristo debería movernos a mostrar afecto y simpatía hacia los demás a medida que crecemos en nuestra comunión con Él. Es posible que nos endurezcamos por los baches y golpes de la vida; es posible que nos falte la gracia que se revela en ternura; es posible que estemos tan ensimismados que fallemos en amar a otros. ¿De qué manera necesitas ánimo o consuelo hoy? Reflexiona en tu unión a Cristo y encuéntralos en Él. Luego, pídele al Espíritu que te muestre si alguien necesita aliento o consuelo hoy y sé el medio a través del cual ellos reciban el consuelo de Cristo.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
