Septiembre 23
“Amen a sus enemigos, y hagan bien, y presten no esperando nada a cambio, y su recompensa será grande, y serán hijos del Altísimo; porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos. Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso”. Lucas 6:35-36
“Sean ustedes misericordiosos, así como su Padre es misericordioso” es una afirmación que resume la conocida enseñanza de Jesús en las Bienaventuranzas (Lc 6:20-23) y, de hecho, sería un buen lema de vida para todo creyente. Estas palabras resaltan todo lo que Jesús ha dicho ya sobre cómo debemos tratar a otros, en especial a aquellos que nos aborrecen por causa de nuestra fidelidad a Él (v. 22).
No obstante, esto debería movernos a preguntar: ¿cómo se demuestra en la realidad la misericordia? Como nuestro sabio y amoroso Pastor, Jesús, no nos abandona para que descubramos este principio por nosotros mismos. Más bien, nos da instrucciones específicas sobre lo que significa imitar a nuestro misericordioso Padre celestial.
Dios es “bondadoso para con los ingratos y perversos”. Como Sus hijos, debemos darnos cuenta de que somos llamados a demostrar el mismo tipo de amabilidad al amar a nuestros enemigos, al devolver bien por mal y al dar a los demás sin esperar nada a cambio. Observa cómo Jesús no nos da excepciones ni cláusulas de cancelación.
Una vez que nos ha llamado a ser portadores de la bondad de Dios, Jesús de inmediato nos dice que no debemos juzgar a otros (Lc 6:37). No nos está pidiendo que suspendamos nuestras facultades críticas en nuestras relaciones; debemos usar nuestra mente para discernir entre la verdad y el error, el bien y el mal. Más bien, cuando Jesús nos manda no juzgar, está condenando un espíritu santurrón, arrogante, hipócrita, moralista y criticón: un enfoque que busca resaltar las faltas de otros y que siempre trae consigo un sabor amargo.
Un espíritu cruel viola por completo la exhortación de Dios de sobreabundar con misericordia hacia amigos y enemigos por igual. Cada uno de nosotros necesita identificar cualquier sentimiento de juicio que podamos estar albergando, deshacernos de él y reemplazar la crueldad con amabilidad y la severidad con comprensión.
Así es como mostramos a otros el tipo de misericordia que Dios nos ha mostrado. Una historia (posiblemente apócrifa) de cuando la reina Elizabeth II era una niña relata cómo su madre les decía a ella y a su hermana, Margaret, antes de asistir a una fiesta: “Recuerden: niñas de la realeza, modales de la realeza”. Su comportamiento no las haría miembros de la familia real, sino que demostraría su pertenencia a esa familia.
Cristiano: tú y yo somos miembros de la familia real del universo, ya que el Rey de la creación es nuestro Padre. Asegúrate de que tus modales reflejen quién eres y de quién eres. Sé misericordioso, tal como tu Padre es misericordioso.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
