Octubre 9
“Por lo cual Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de Su propósito, interpuso un juramento, a fin de que, por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. Tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme”. Hebreos 6:17-19
Un juramento debe tener un gran peso tanto para la persona que lo hace como para la persona que lo recibe. Es una apelación decisiva al poder más alto disponible, destinada a poner fin a toda duda sobre la palabra de alguien y confirmar la confiabilidad de la promesa que se está haciendo. Aunque las personas han hecho repetidamente juramentos falsos a través de la mentira y perjurio, todavía están destinados a demostrar la integridad de la palabra de uno.
Un juramento es, por supuesto, tan bueno como el carácter del individuo que lo hace. Por lo tanto, sabemos que las promesas de Dios son confiables no por otra razón que el hecho de que Él las hizo. Él no necesitaba garantizar Su promesa con un juramento; la pura promesa de Dios a Su pueblo es suficiente para anclar nuestra fe. Sin embargo, fue un paso más allá, jurando por Sí mismo, ya que no puede jurar por nadie ni por nada más grande.
Dios nos ha traído del reino de la desesperanza a la realidad de la esperanza, y el ancla de nuestras almas es firme y segura. Se fija a un objeto inamovible, las promesas de Dios, y se fija en el reino celestial invisible por el Dios que no puede mentir. Estas promesas son tan seguras, de hecho, que compartirlas con otros en el evangelismo es convincente para ellos, porque vivimos en un mundo que está lleno de desesperación y una cultura que trata de cubrir su descontento con sonrisas falsas, vacaciones y ganancias materiales.
Qué maravilloso que podamos ser personas que se basan en la fe, ancladas por las promesas de nuestro Dios. Jesucristo es digno de nuestra confianza, y podemos saber que “tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí” (2Co 1:20), cuya vida, muerte, resurrección y ascensión han logrado para nosotros una victoria trascendental y eterna.
¿En qué promesas de Dios dirigidas a ti te resulta más difícil confiar y edificar tu vida? Recuerda quién hizo esas promesas. Él es el mismo Dios que juró a Abraham, anciano y sin hijos, que sus descendientes serían tan innumerables como las estrellas en el cielo sobre él, y que cumplió Su promesa. Él es el mismo Dios que juró a Sus discípulos que sería rechazado y asesinado, y luego de tres días resucitaría, y que cumplió Su promesa. Recuerda quién ha hecho las promesas que te resultan difíciles de creer. Recuerda cómo es Él. Ese es el ancla para tu alma y la esperanza para tu futuro.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
