Deja a un lado el peso de la inseguridad

La inseguridad es una advertencia de que nuestra identidad se siente amenazada. ¿Cuál dios nos da seguridad?
Foto: Unsplash

Cuando las personas son inseguras, lo pueden expresar de maneras muy diferentes según su temperamento, sus valores y sus hábitos condicionados, los cuales a menudo han sido moldeados por experiencias pasadas. En algunas personas, la inseguridad se manifiesta como mansedumbre, sumisión y una constante tendencia a asumir la culpa. En otras, se ve como alarde, desafío y una incapacidad para admitir sus errores. En una persona, la inseguridad la lleva a evitar la atención en la medida de lo posible; en otra, la motiva a exigir tanta atención como sea posible.

Todos estamos familiarizados con la inseguridad, pero ¿qué hace que nos sintamos así y cómo podemos librarnos de ella?

¿Qué es la inseguridad?

La inseguridad es una forma de temor, y la intención de Dios es que ciertas situaciones nos hagan sentir inseguros.

Si caminamos sobre la terraza del segundo piso de una casa y notamos que la madera está podrida, deberíamos sentirnos inseguros. Si vivimos o trabajamos con alguien deshonesto o maltratador, deberíamos sentirnos inseguros. Si viajamos en un convoy militar por un camino solitario en Afganistán atravesando territorio talibán, deberíamos sentirnos inseguros. Cuando nos convencemos por primera vez de nuestro pecado y nos damos cuenta de que estamos bajo la ira de Dios porque no nos hemos reconciliado con Él por medio de Cristo, deberíamos sentirnos inseguros.

La inseguridad puede manifestarse de formas muy distintas, desde la sumisión hasta el alarde. / Foto: Unsplash

Dios diseñó la inseguridad como una advertencia de que estamos expuestos a algún tipo de peligro. Nos indica que debemos tomar alguna medida de protección.

Sin embargo, en el lenguaje cotidiano actual, lo que solemos entender por “inseguridad” no es solo un temor provocado por las circunstancias, sino un temor tan recurrente que nos referimos a él como un estado del ser. Hablamos de “ser inseguros” o podríamos decir que fulano es una “persona insegura”. Y lo que queremos decir por inseguro es sentir una falta significativa de confianza en uno mismo, un temor intenso a la desaprobación o al rechazo de los demás, o un sentimiento crónico de inferioridad.

Pero ¿a qué le tenemos miedo? ¿De qué peligro nos está advirtiendo este tipo de inseguridad? Nos está diciendo que nuestra identidad es incierta o que está amenazada.

Lo que queremos decir por inseguro es sentir una falta significativa de confianza en uno mismo. / Foto: Unsplash

¿Dónde encuentras tu identidad?

Nuestra identidad es lo que entendemos que somos en lo más profundo de nuestro ser. Es nuestro ser esencial. O es lo que queremos creer (y lo que queremos que otros crean) que es nuestro ser esencial, incluso si no refleja quiénes somos en realidad.

¿De dónde proviene nuestro sentido de identidad? Esta es la pregunta crucial, el punto cumbre del problema. La manera en que la respondamos determinará si alguna vez seremos libres de la inseguridad.

Y no se trata de una respuesta primordialmente intelectual. Todos sabemos que podemos “saber” la respuesta correcta sin saberla en el corazón. Respondemos a esta pregunta desde el corazón porque nuestra identidad está ligada a lo que realmente amamos, a lo que realmente deseamos y a lo que realmente creemos que nos ofrece esperanza. En otras palabras, siempre encontramos nuestra identidad en nuestro dios.

Siempre encontramos nuestra identidad en nuestro dios. / Foto: Unsplash

Nuestro dios puede o no ser el Dios de nuestro credo. Podemos decir que nuestro Dios es el Señor, pero puede que eso no sea del todo cierto (Lc 6:46; Is 29:13). Nuestro dios es la persona o la cosa que creemos que tiene el mayor poder para determinar quiénes somos, por qué estamos aquí, qué debemos hacer y cuánto valemos. Nuestro dios es aquello que no podemos evitar buscar y seguir, porque creemos que sus promesas nos darán la mayor felicidad.

¿Qué nos dice la inseguridad?

Por tanto, cuando nos sentimos inseguros porque algo amenaza nuestro sentido de identidad, eso nos está revelando algo sobre nuestro dios. Esto hace que la inseguridad sea una gracia, aunque casi nunca se sienta como tal. Se siente como insuficiencia, fracaso o condenación. Nos abruma y nos hace sentir vulnerables e inciertos.

Es por eso que nuestra respuesta a este tipo de inseguridad suele ser la evasión. Intentamos reducir nuestra exposición a las personas o situaciones que la provocan, o tratamos de calmarla buscando diversas formas de autoafirmación en los demás, o intentamos escapar refugiándonos en otras cosas, a menudo hábitos o adicciones, que adormecen, distraen o desvanecen temporalmente nuestro temor sobre la identidad. O bien, una combinación de todo lo anterior.

La inseguridad puede revelar qué ocupa el lugar de Dios en nuestro corazón. / Foto: Unsplash

Huir de la inseguridad es la intención correcta, pero evitarla de esta manera casi siempre nos hace huir en la dirección equivocada. Dicho de otro modo, casi siempre son analgésicos, no curas. No hacen nada por solucionar el temor ligado a nuestra identidad.

Dios diseñó la inseguridad para que la examinemos y así podamos escapar del peligro. Por eso es una gracia. Este tipo de inseguridad es un medidor espiritual en nuestra alma. Nos está informando que algo está mal con lo que escuchamos que Dios u otro dios nos dice sobre quiénes somos. O bien se está desafiando y perfeccionando una creencia verdadera, o bien finalmente se está exponiendo una creencia falsa.

La invitación que hay en la inseguridad

Exposición. Detestamos quedar expuestos, y por eso tendemos a evitar nuestra inseguridad en lugar de examinarla. Tememos mirar de cerca nuestra identidad porque nos da miedo que el medidor confirme nuestros peores temores sobre nosotros mismos: que somos insuficientes, insignificantes, fracasados o condenados.

La inseguridad nos invita a examinar nuestra identidad, aunque temamos descubrir nuestras propias insuficiencias. / Foto: Envato Elements

Sabemos por instinto que “en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno” (Ro 7:18). Y sabemos que nuestras almas están “al descubierto y desnudas ante a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta” (Heb 4:13). Todavía llevamos el instinto heredado de la caída de cubrir nuestra vergüenza delante de Dios y de todos los demás (Gn 3:8-21).

Sin embargo, aunque cueste creerlo, la inseguridad no es solo una advertencia; también es una invitación. Cuando nos sentimos inseguros, Dios nos está invitando a escapar del peligro de las creencias falsas sobre quiénes somos, por qué estamos aquí, qué debemos hacer y cuánto valemos, y a encontrar un refugio de paz en lo que Él dice sobre todas esas cosas. 

Cuando nos sentimos inseguros, Dios nos está invitando a escapar del peligro de las creencias falsas sobre quiénes somos. / Foto: Unsplash

Cuanto más comprendemos el evangelio de Jesucristo, más descubrimos que es el fin de la inseguridad; no un fin perfecto en esta era, pero sí un fin progresivo y definitivo.

  • ¿Hemos pecado y pecado gravemente? En Cristo “tenemos redención: el perdón de los pecados” (Col 1:14).

  • ¿Nos sentimos como huérfanos, extraños y extranjeros? En Cristo hemos sido adoptados por Dios para ser Sus hijos y ahora somos miembros de Su familia y coherederos de todas las cosas con Cristo (Ef 1:5; 2:19; Ro 8:17).

  • ¿Nos sentimos como un rotundo fracaso? En Cristo, aunque parezca increíble, cada fracaso obrará para un bien mayor (Ro 8:28).

  • ¿Nos sentimos débiles e insuficientes? En Cristo, a Dios le agrada escoger lo débil y lo necio porque, cuando somos débiles, Él promete que Su gracia nos será suficiente; tanto así que podemos aprender a gloriarnos en nuestras debilidades por la manera en que estas exhiben Su poder (1Co 1:27-31; 2Co 12:9-10).

  • ¿Nos sentimos insignificantes y poco importantes? En Cristo fuimos escogidos por Dios (Jn 15:16), quien nos asignó con un propósito una función única y necesaria en Su cuerpo (1Co 12:18).

Ahora Cristo es nuestra identidad: ¡eso es lo que significa que seamos cristianos! En Cristo no perdemos nuestro verdadero ser esencial, sino que nos convertimos en lo que verdaderamente somos. En Cristo nacemos de nuevo y nos convertimos en una nueva persona, razón por la cual en la era venidera Él nos dará un nombre nuevo (Ap 2:17). Habría mucho más por decir.

Cristo es nuestra identidad. / Foto: Unsplash

Despójate del peso

Pero si esas promesas no nos resultan suficientes, si necesitamos la aprobación de los demás para sentirnos validados, si la crítica o el rechazo nos debilitan, si vemos un patrón constante de desobediencia a Cristo por intentar escapar o llamar la atención, o si estamos atrapados en pecados habituales o adicciones mediante los cuales buscamos aliviar nuestros temores, nuestra inseguridad nos está diciendo que tenemos un problema de idolatría. Tenemos un falso dios que debe ser derribado, un peso de pecado del que debemos despojarnos (Heb 12:1).

Evitarlo no nos librará de ello. Dios quiere que lo examinemos, aun cuando nos dé miedo hacerlo. Sin embargo, no debemos escuchar a nuestros temores, porque no nos dicen la verdad. Si venimos a Jesús con nuestro pecado y con el deseo de arrepentirnos, Él nos dice:

  • Yo no te condeno, porque fui condenado por ti (Jn 8:10; 2Co 5:21).

  • Ven a Mí y Yo te haré descansar (Mt 11:28).

  • Te amaré para siempre y sin fallar (Sal 103:17).

  • Te llenaré de una paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:6-7).

  • Y te daré mayor seguridad de la que jamás soñaste (Sal 27:5; 40:2).

La inseguridad y toda la lucha carnal que esta produce tienen un fin. Terminan en Jesús. Llevemos todas nuestras inseguridades a Él y, a cambio, tomemos Su ligera carga de gracia (Mt 11:29-30).


Publicado originalmente en Desiring God.

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Jon Bloom

Jon sirve como autor, presidente de la junta y cofundador de Desiring God. Es autor de tres libros, “Not by Sight”, “Things Not Seen” y “Don’t Follow Your Heart”. Él y su esposa tienen cinco hijos y viven en Minneapolis–Saint Paul.

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