Falsos maestros y doctrinas mortales

[dropcap]D[/dropcap]urante los últimos años, las listas de éxitos de ventas cristianos han estado lideradas por un libro que pretende tener nueva revelación de Jesucristo. Antes de eso, estaban saturadas de libros que describían supuestas visitas de personas al cielo. Y antes de la moda del turismo al cielo, estuvo la novela éxito de ventas que reconfiguraba la doctrina de la Trinidad. Mientras tanto, la iglesia más grande de Estados Unidos está liderada por un hombre cuyos clichés no se distinguen de las galletas de la fortuna. Pero no son solo los autores y líderes de iglesias los que se están desviando de la verdad. Teólogos y laicos por igual están abandonando la comprensión tradicional de la hombría y la feminidad, del matrimonio y la sexualidad. Nunca ha sido más importante que los cristianos se comprometan a rechazar las falsas doctrinas y busquen la sana doctrina, que se aseguren de estar siguiendo a maestros de la verdad, no a vendedores del error.

En una nueva serie de artículos, consideraremos la falsa doctrina, la sana doctrina, y cómo entrenarnos para distinguirlas. Veremos cómo nos llama Dios a responder a la falsa y a la sana doctrina, así como a los falsos y a los verdaderos maestros. En este artículo inicial, definiremos brevemente el término «doctrina», examinaremos los dos distintos tipos de doctrina, y luego sugeriremos ocho terribles consecuencias de la falsa doctrina.

Definición de doctrina

Doctrina significa simplemente «enseñanza». Doctrina describe lo que los cristianos creen basados en la totalidad de la Biblia. Puesto que Dios nos ha dado una revelación completa de sí mismo en las Escrituras, podemos examinar esta revelación y llegar a conclusiones confiables acerca de su naturaleza y sus obras.

En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea paralela al término español «doctrina» se refiere típicamente a la verdad revelada por Dios, y en la mayoría de los casos se traduce como «enseñanza», «aprendizaje», o «instrucción». La palabra traducida del Nuevo Testamento griego tiene un rango de posibilidades más amplio. Puede referirse al contenido de la enseñanza o al acto de enseñar. Tito 1:9 comprende estos dos usos cuando describe un requisito y tarea del anciano: «Debe apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió [“fue adoctrinado”], de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan». Se suele traducir como «doctrina(s)», «enseñanza(s)» y con frecuencia se modifica con adjetivos tales como «sana», «falsa», «buena», o «diferente».

La doctrina se debería distinguir de la teología, aunque están estrechamente relacionadas y se suelen usar de forma intercambiable. En estricto sentido, la teología es el estudio de Dios: su existencia, la posibilidad de ser conocido, sus atributos, etc. Pero en general, cuando la gente se refiere a la «teología», está pensando en teología sistemática, la ordenación lógica de las doctrinas derivadas de la Biblia. La doctrina entonces es el término general que se refiere a la enseñanza de la Biblia independientemente de cómo esté categorizada.

Dos tipos de doctrina

Las doctrinas pueden ser categorizadas de muchas formas distintas. Los teólogos las disponen de manera sistemática, temática, bíblica e histórica, por nombrar algunas. Cada uno de estos ordenamientos presenta una forma distinta de recopilar y condensar lo que los cristianos creen que es verdadero. De estos compendios hemos derivado algunos términos complicados como prolegómeno, pneumatología, hamartiología, y soteriología.

No obstante, la doctrina también se puede categorizar en los términos más simples: o es verdadera o es falsa. Para determinar si el contenido de una doctrina es verdadero o falso, podemos usar terminología bíblica para hacer varias preguntas. En cuando a origen, ¿proviene de Dios el Creador o de la creación de Dios?, En cuando a autoridad, ¿es bíblica o ajena a la Biblia? En cuanto a coherencia, ¿concuerda o discrepa? En cuanto a calidad, ¿es sana o errónea? En cuanto a beneficio, ¿es saludable o dañina? En cuanto a valor, ¿es provechosa o inútil? Cuando hemos evaluado adecuadamente la doctrina, determinamos nuestra responsabilidad hacia ella: o la adoptamos o la rechazamos.

Quizá resulte útil presentar esto en una tabla:

La doctrina falsa (contenido) se origina en el hombre (origen), no proviene de la Biblia (autoridad), y contradice porciones de la Escritura (coherencia). Puesto que tal doctrina es errónea (calidad), es dañina (beneficio) e inútil (valor) para nosotros, y somos responsables de rechazarla (responsabilidad).La verdadera doctrina (contenido) se origina en Dios (origen), viene de la Biblia (autoridad), y concuerda con la totalidad de la Escritura (coherencia). Puesto que tal doctrina es sana (calidad), es saludable (beneficio) y provechosa (valor) para nosotros, y somos responsables de adoptarla (responsabilidad).

La responsabilidad del cristiano es clara: debemos aprender la verdad de Dios examinando la Palabra de Dios. Debemos evaluar cuidadosamente cada enseñanza según el estándar infalible de Dios. Lo que pasa la prueba es sana doctrina, y lo que falla en la prueba es falsa doctrina.

Ocho terribles consecuencias de la falsa doctrina

Al concluir este artículo de apertura, consideremos tanto el alto costo de la falsa doctrina como la gran ganancia de la sana doctrina.

La falsa doctrina confunde la verdad con el error, mientras que la sana doctrina distingue la verdad del error. La falsa doctrina no logra distinguir entre lo que Dios ha revelado en su Palabra y lo que ha sido inventado por hombres o demonios. En el libro de Hebreos, vemos una iglesia que ha retrocedido, que se ha vuelto a la conducta impía. Lo han hecho debido a su incapacidad de poner atención a la sana doctrina. Su pastor escribe esto: «En realidad, a estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido… El alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual» (Hebreos 5:12, 14). La sana doctrina que habían recibido les habría permitido distinguir la verdad del error, si tan solo la hubieran adoptado. Su doctrina pobre los dejó vulnerables frente al error.

La falsa doctrina impide la piedad, mientras que la sana doctrina promueve la piedad. La falsa doctrina debilita la piedad al promover lo novedoso y especulativo en lugar de lo verdadero. Cuando Pablo le escribe a Timoteo, le dice: «Al partir para Macedonia, te encargué que permanecieras en Éfeso y les ordenaras a algunos supuestos maestros que dejen de enseñar doctrinas falsas [extrañas] y de prestar atención a leyendas y genealogías interminables. Esas cosas provocan controversias en vez de llevar adelante la obra de Dios que es por la fe» (1 Timoteo 1:3-4). En lugar de seguir actuando con un amor nacido de una fe sincera e informada (5), estos «supuestos maestros» se habían desviado hacia vanidades impías (6). Su falsa doctrina los había conducido a la impiedad.

La falsa doctrina promueve el pecado, mientras que la sana doctrina previene el pecado. La falsa doctrina permite que el pecado eche raíz en nuestro corazón y nuestra mente, y se abra paso a nuestra vida. La sana doctrina confronta nuestra pecaminosidad y nos motiva a arrepentirnos. Como le dice Pablo a Timoteo: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra» (2 Timoteo 3:16-17). La doctrina contenida en la Escritura enseña y reprende, corrige e instruye, expulsando el pecado e incentivando la justicia.

La falsa doctrina levanta un liderazgo impío, mientras que la sana doctrina califica el liderazgo piadoso. Las posiciones de liderazgo en la iglesia se reservan para aquellos que conocen y enseñan la sana doctrina. Cuando Pablo le escribe a Tito, le ordena que designe ancianos en las iglesias de Creta. Él le recuerda a Tito un requisito clave que debe buscar antes de designar a tales hombres. «Debe apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan» (Tito 1:9). Los que no pueden entregar sana doctrina no pueden liderar la iglesia.

La falsa doctrina permite falsos maestros, mientras que la sana doctrina protege de los falsos maestros. La falsa doctrina diseminada debilita la defensa de una iglesia, y abre una fácil entrada para que más falsos maestros se propaguen en la congregación. La falsa enseñanza en Creta había debilitado la iglesia debido a los «charlatanes y engañadores» del partido de la circuncisión (Tito 1:10). Estos falsos maestros «profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan; son abominables, desobedientes e incapaces de hacer nada bueno» (v. 16). Pero la sana enseñanza capacita a los líderes y laicos por igual para que refuten a los falsos maestros (v. 9).

La falsa doctrina quita la bendición de Dios, mientras que la sana doctrina asegura la bendición de Dios. El libro de Apocalipsis comienza y concluye con promesas de la bendición de Dios sobre aquellos que se aferran a la doctrina que enseña. «Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito… ¡Miren que vengo pronto! Dichoso el que cumple las palabras del mensaje profético de este libro» (Apocalipsis 1:3; 22:7). No obstante, también advierte solemnemente sobre las nefastas consecuencias para quienes no retengan su doctrina (2:14-16, 20-23). Dios bendice a aquellos que atienden a las preciosas verdades de su Palabra y maldice a aquellos que las niegan o las rechazan.

La falsa doctrina debilita a la iglesia para los tiempos de dificultad, mientras que la sana doctrina capacita a la iglesia para los tiempos de dificultad. Cuando Pablo envía su segunda carta a Timoteo, está anticipando un tiempo cuando las iglesias ya no tolerarán la verdad. «Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos» (2 Timoteo 4:3-4). ¿Cómo debía Timoteo preparar a su iglesia para tales tiempos? Predicando la Biblia y enseñando la doctrina que contiene. «Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar» (2 Timoteo 4:2). Nada capacita mejor a una iglesia para los tiempos de prueba que las profundas doctrinas de la Biblia.

La falsa doctrina debilita a la futura iglesia, mientras que la sana doctrina fortalece a la futura iglesia. Los cristianos son responsables tanto del presente como del futuro de la fe. El último mandamiento de Jesús a sus discípulos no solo incluía evangelizar y bautizar a las naciones, sino también enseñarles «a obedecer todo lo que les he mandado» (Mateo 28:20a). En ambas cartas a Timoteo, Pablo le dijo a su joven pupilo que «cuidara el depósito» que se le había confiado (1 Timoteo 6:20; 2 Timoteo 1:14). Pero no bastaba con que Timoteo lo cuidara personalmente. Él estaba llamado a levantar la siguiente generación de líderes que se aferrarían a este depósito, quienes a su vez lo debían confiar a la generación que les siguiera. «Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros» (2 Timoteo 2:2).

La falsa doctrina confunde la verdad y el error, impide la piedad, promueve el pecado, levanta un liderazgo impío, permite los falsos maestros, quita la bendición de Dios, debilita a la iglesia para los tiempos difíciles, y la debilita para el futuro. La sana doctrina distingue la verdad del error, promueve la piedad, previene el pecado, califica el liderazgo piadoso, protege contra los falsos maestros, asegura la bendición de Dios, capacita a la iglesia para los tiempos de dificultad, y la fortalece para el futuro.

Con este marcado contraste delante de ti, espero que me acompañes mientras continuamos considerando la falsa y la sana doctrina. Mañana veremos los siete falsos maestros que probablemente encuentres en la iglesia de hoy.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Challies.com.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Siempre en contacto

Recursos en tu correo electrónico

¿Quieres recibir todo el contenido de Volvamos al evangelio en tu correo electrónico y enterarte de los proyectos en los que estamos trabajando?

.