En mi experiencia pastoral he notado una tendencia preocupante: hermanos de otras congregaciones me buscan constantemente para recibir consejería. Esto revela una gran necesidad, pero también una forma de evasión.
Mi primera respuesta es que regresen a sus pastores o líderes para buscar ayuda, o que sus pastores me contacten directamente si requieren asesoría o apoyo. Tengo la firme convicción de que es responsabilidad ineludible de todo pastor atender a las ovejas que Dios ha puesto bajo su cuidado.
No obstante, cuando soy contactado por colegas pastores para referirme a sus ovejas, me encuentro con un patrón preocupante de excusas que revelan una postura errónea sobre la consejería pastoral. Mi propósito con este artículo es corregir estas posturas y afirmar que todo pastor debe ser un “pastor consejero”. Tengo tres convicciones que sustentan esa idea:
1. La Palabra de Dios es suficiente
Una de las objeciones más comunes que escucho es: “Hermano, yo no tengo la preparación para aconsejar”. Otros han llegado a decir que la consejería es “para profesionales”. Sin embargo, la ausencia de una preparación profesional o formal en consejería no invalida ni incapacita al pastor. La Palabra de Dios es la autoridad suprema y es suficiente para aconsejar en nuestras iglesias. El mandato bíblico de aconsejar no está reservado para una élite de especialistas; por el contrario, las Escrituras hacen un llamado a todo creyente de velar por el cuidado y el crecimiento de sus hermanos.

Este deber de cuidado mutuo se evidencia claramente en pasajes como estos:
- Romanos 15:1: “Así que, nosotros los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos”.
- Romanos 15:14: “En cuanto a ustedes, hermanos míos, yo mismo estoy también convencido de que ustedes están llenos de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces también de amonestarse los unos a los otros”.
- Hebreos 3:13: “Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy’; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado”.
- Gálatas 6:1-2: “Hermanos, aun si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo”.
- 1 Tesalonicenses 4:18: “Por tanto, confórtense unos a otros con estas palabras”.
- 1 Tesalonicenses 5:11: “Por tanto, confórtense los unos a los otros, y edifíquense mutuamente, tal como ya lo están haciendo”.
- Santiago 5:16: “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración eficaz del justo puede lograr mucho”.

Si todo creyente está llamado a la amonestación y el cuidado mutuo, ¡cuánto más el pastor, cuyo oficio es el de liderar y guiar a su rebaño!
Ahora bien, aunque la Palabra de Dios sea suficiente, sí recomiendo a todo aquel que ha sido llamado al ministerio a considerar tomar al menos una certificación en consejería pastoral. En todo caso, la preparación formal es una herramienta valiosa, pero la autoridad de las Escrituras es nuestro fundamento inamovible.

2. Aconsejar es parte del discipulado bíblico
Una segunda postura errónea se escuda en la conveniencia personal o la logística. Un pastor puede pedirle a otro hermano que atienda a la persona con necesidad de consejería, diciendo: “Es que yo no tengo el tiempo para hacerlo”, o más honestamente: “A mí no me gusta aconsejar y por eso lo estoy llamando”.
Utilizar la falta de tiempo o la incomodidad como excusa para rehuir la consejería es simplemente inaceptable para el ministro de Dios. Una de las funciones principales del pastor, según el apóstol Pablo, es que enseñemos, pero también que reprendamos, corrijamos e instruyamos en justicia a otros cristianos que lo necesitan:
Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra (2Ti 3:16-17).

En otras palabras, aconsejar es un proceso bíblico fundamental para el discipulado. ¿Por qué? Porque es el proceso por el cual nosotros, como pastores, llenos del Espíritu Santo, con humildad y compasión, acompañamos a nuestras ovejas para asegurarnos que están poniendo en práctica lo que les enseñamos. La consejería es lo que nos permite caminar con ellos y nos ayuda a navegar los conflictos que puedan surgir en su andar diario con Cristo. El discipulado no termina en el púlpito; continúa en la consejería.
3. Apacentar a “toda la grey”
La tercera y más triste de las objeciones es la teológica: “¿Dónde en la Biblia dice que yo tengo que aconsejar? Dios me llamó a predicar la Palabra”.
Escudarnos detrás de que la función principal del pastor es “predicar la Palabra” no cancela la gran responsabilidad que tenemos de aconsejar a las ovejas. El llamado pastoral abarca mucho más que el sermón o la enseñanza general. Cuando Jesús se encontró con Pedro, le dio una orden específica: “Apacienta mis ovejas” (Jn 21:15-17). Jesús le estaba ordenando: “Conduce, instruye, enseña, vigila, cuida, da alimento, ama y protege a Mis ovejas”. Es una obligación de todo pastor apacentar a las ovejas que Jesús ha puesto a nuestro cargo, por lo que no debemos delegar ni rehuir tal responsabilidad.

No me malinterpretes: estoy absolutamente convencido de que la predicación fiel de la Palabra es la primera responsabilidad que tiene cada pastor, como dice Pablo en 1 Timoteo 3:2 y 2 Timoteo 4:2. Pero también estoy convencido de que la predicación debe estar acompañada de un proceso de consejería bíblica que sea cristocéntrica. Es de esta manera que equipamos a los santos a aplicar la Palabra que están recibiendo en sus vidas. Esto es vital para llevar a los creyentes a la madurez. Efesios 4:12-14 dice al respecto:
…a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error.
También Hebreos 5:12-6:1 dice:
Pues, aunque ya debieran ser maestros, otra vez tienen necesidad de que alguien les enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y han llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal. Por tanto, dejando las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe en Dios.

El llamado integral del pastor
La Biblia es clara al llamar a cada pastor a considerar la consejería como parte de nuestras responsabilidades primordiales. El apóstol Pablo nos recordó en Hechos 20:28 que tengamos cuidado de toda la grey, y en Colosenses 1:28-29 nos exhorta a proclamar la Palabra, pero también a amonestar a cada hombre:
A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. Con este fin también yo trabajo, esforzándome según Su poder que obra poderosamente en mí.
Uno de los problemas principales que tienen muchos cristianos en su caminar diario es la gran diferencia que existe entre el mensaje que reciben en el púlpito y la vida que viven; por esto es necesario un acompañamiento pastoral en el proceso, para que puedan aprender a aplicar lo aprendido.

Como pastor, disfruto enormemente enseñar y predicar expositivamente la Palabra de Dios; al hacer eso, le ofrezco a mis ovejas “todo el consejo de Dios” (Hch 20:27 RV60). Pero también me deleito diariamente de pasar tiempo con mis hermanos y ayudarlos a reforzar su confianza en las Escrituras, para que encuentren en ella todas las herramientas para enfrentar los problemas y retos de la vida.
Al fin y al cabo, si soy el pastor, estoy llamado a oler como mis ovejas, y la única manera de oler como mis ovejas es pasando tiempo con ellas. Por el mandato de Cristo, por la suficiencia de Su Palabra, y por el proceso de discipulado, todo pastor debe ser un pastor consejero.