Hace unas semanas, el desfile anual del Orgullo paralizó el centro de la ciudad de Toronto. Fue el punto culminante de lo que ya habían sido diez días del festival del Orgullo de Toronto. El desfile brindó a las comunidades LGBTTIQQ2SA* la oportunidad de declarar su orgullo por ser quienes son, y lo hicieron desfilando por el corazón de la ciudad. El evento fue promocionado, transmitido por televisión y celebrado.
En ese momento, yo estaba predicando el siguiente texto en una serie de sermones y llegué a Romanos 1:16-17, donde el apóstol Pablo declara cierto orgullo propio. “No me avergüenzo del evangelio”. Le escribía a la iglesia en Roma para expresarles su deseo de viajar a su ciudad con el propósito específico de predicarles el evangelio a ellos y a las personas que los rodeaban. El motivo que lo impulsaba a hacerlo era su orgullo por el evangelio. Estaba orgulloso del evangelio porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen en él.

Y me quedé pensando: ¿por qué el evangelio es más ofensivo que un desfile del orgullo? ¿Por qué se desprecia el orgullo evangélico mientras se aplaude el orgullo gay (y el de las lesbianas, los trans, etc.)? Al fin y al cabo, el desfile, sus carrozas, sus participantes, su desnudez, su sexualidad descarada… todas estas cosas podrían resultar fácilmente ofensivas para mucha gente. Mi familia ha recibido advertencias de personas homosexuales de no llevar a nuestros hijos a ningún lugar cercano al desfile debido a aquello a lo que podrían estar expuestos. Sin embargo, nuestra cultura celebra a la comunidad LGBTTIQQ2SA* y se burla del evangelio. En un mundo de ideas descabelladas, el evangelio parece la más descabellada de todas. ¿Por qué?

Por esto: el evangelio es el único mensaje que se opone a todo lo que queremos creer acerca de nosotros mismos y acerca de Dios. Contradice el mensaje del Orgullo de Toronto, el mensaje del cristianismo liberal, el mensaje del ateísmo, el mensaje del mormonismo, el mensaje del humanismo y contradice cualquier mensaje fuera de sí mismo.

Queremos creer que somos autónomos, pero el evangelio nos asegura que estamos bajo la jurisdicción de Dios. Queremos creer que tenemos un buen corazón, pero el evangelio dice que somos mucho peores de lo que podríamos imaginar. Queremos creer que somos sabios, pero el evangelio nos dice que somos necios. Queremos definirnos por nuestros deseos y preferencias, pero el evangelio nos dice que Dios ya nos ha definido al crearnos. Queremos creer que podemos hacer lo que queramos hoy sin temor a las consecuencias eternas, pero el evangelio declara sin rodeos que habrá consecuencias eternas y temibles por nuestro pecado. Ese es un mensaje ofensivo. Ese es un mensaje sumamente ofensivo.

El orgullo gay y sus múltiples manifestaciones son fáciles de vender. Es como vender dulces a los niños, droga a los adictos o Biblias a los calvinistas. Es simplemente darles a las personas lo que desean. Es reafirmar lo que anhelan creer. Es permitirles celebrar lo que ya aman.
Pero el evangelio va a contracorriente y proclama un mensaje que lo contradice todo: eres desobediente, estás muerto, estás condenado. (Y, por supuesto, hasta que Cristo me encontró, yo también era desobediente, estaba muerto y condenado). Esta mala noticia del evangelio es tan ofensiva (¡pero tan evidentemente cierta!) que pocas personas se quedan para escuchar la buena noticia: la buena noticia de que hay esperanza, perdón y libertad para aquellos que ponen su fe en Jesucristo y reciben Su salvación. Las estrellas solo brillan plenamente en el cielo oscuro, y la alegría suprema del evangelio solo brilla frente a la maldad suprema.
* LGBTTIQQ2SA, por sus siglas en inglés, significa: lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, intersexuales, queer, en proceso de descubrimiento, de dos espíritus y aliados.
Publicado originalmente en Challies.