Julio 16
“[Jesús] les dijo: ‘Vengan en pos de Mí, y Yo los haré pescadores de hombres’. Entonces ellos, dejando al instante las redes, lo siguieron”. Mateo 4:19-20
¿Alguna vez has estado en alguna parte (quizá en un restaurante, en el consultorio del médico o en una tienda departamental) y le has preguntado a un trabajador por qué hace lo que hace? Tal vez está intentando proveer para una familia. Tal vez tiene un profundo interés en ese ámbito desde que era joven. Entre una variedad de respuestas, ocasionalmente escucharás a alguien decir: “Este es mi llamado”. En un sentido muy real, esto expresa con exactitud la perspectiva del Nuevo Testamento sobre el ministerio.
Los que están en Cristo son llamados a una vida de servicio. No es que todos seamos llamados a Cristo, pero tan solo algunos a servir; el servicio es una parte esencial del discipulado cristiano. Cuando Jesús llamó a Sus discípulos a convertirse en “pescadores de hombres”, les estaba diciendo: Tengo un trabajo para ustedes. Quiero que participen en Mi ministerio.
Ya sea que un cristiano sea llamado a servir como predicador o maestro de la Palabra de Dios, como líder de estudios bíblicos para jóvenes, como voluntario en el salón de bebés de la iglesia, como testigo en su empresa u oficina, como padre en la crianza de sus hijos en casa, como hijo en el cuidado de un padre anciano o en algún otro rol, el llamado de Dios al servicio aplica de manera igual. Cualquier distinción entre “siervo de tiempo completo” y “siervo laico” es una distinción, no de valor, sino tan solo de función. El servicio en sí mismo es lo más importante.
En términos bíblicos, el servicio no es un camino a la grandeza; el servicio es la grandeza. “Ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos” (Mr 10:45). No servimos de manera sacrificial con la esperanza de recibir un “ascenso”, como si estuviéramos trabajando en círculos académicos; tampoco servimos para algún día poder dejar de servir. Jesús dice: “Si alguien desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos” (9:35). Cuando nuestras acciones demuestran nuestro entendimiento de esta paradoja, toda la gloria le pertenece a Dios.
En última instancia, el servicio cristiano es nada menos que el ministerio del Señor Jesús resucitado en y por medio de Su pueblo. El apóstol Pablo entendió esto con claridad cuando escribió: “Ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí” (Ga 2:20). Jesús dio Su vida por nosotros para poder tomar nuestra propia vida y darnos Su vida en nuestro interior. Si entiendes eso, podrás servir como Jesús sirvió, y tu vida contará mucho más que si la hubieras usado para servirte a ti mismo. Encarguémonos de nuestro llamado hoy.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
