Julio 15
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y Su gracia para conmigo no resultó vana. Antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí (1 Corintios 15:10).
Pablo se dio cuenta que la primera parte de este versículo podría malinterpretarse: “…he trabajado mucho más que todos ellos”. Por eso continuó diciendo: “…aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí”.
Pablo no atribuye su obediencia a su agradecimiento por la gracia pasada. La atribuye a la gracia presente, siempre presente. Confía en la promesa de la gracia venidera de Dios para llegar en cada momento de necesidad. En cada instante de su intención y esfuerzo por obedecer a Cristo, la gracia obraba para producir esa intención y ese esfuerzo. Pablo no realizó su obra simplemente por gratitud por la gracia pasada, sino por su constante confianza en la llegada de la gracia prometida. Pablo quiere enfatizar que la gracia de Dios, siempre presente, es la causa decisiva de su obra.
¿Realmente dice eso? ¿Acaso no dice simplemente que la gracia de Dios trabajó con Pablo? No, dice más que eso. Tenemos que aceptar lo que las palabras “aunque no yo” significan. Pablo quería exaltar la gracia de Dios que recibía momento tras momento, de tal manera que quedara claro que no era él mismo quien en última instancia realizaba el trabajo.
Aun así, él tiene parte en el trabajo: “…he trabajado mucho más que todos ellos”. Él trabajó, pero dijo que fue por “la gracia de Dios en mí”.
Si consideramos todas las partes del versículo, el resultado final es el siguiente: la gracia es el ejecutor decisivo en la obra de Pablo. Como Pablo también es un ejecutor de su trabajo, la manera en que la gracia se convierte en el ejecutor decisivo es convirtiéndose en el poder que capacita a Pablo para hacer su trabajo.
Por esto entiendo que, mientras Pablo enfrentaba la carga diaria del ministerio, agachaba la cabeza y confesaba que a menos que le fuera otorgada gracia venidera para el trabajo de ese día, él no sería capaz de realizarlo.
Quizás recordó las palabras de Jesús: “Separados de mí nada pueden hacer” (Juan 15:5). Así que oró pidiendo gracia vendiera para ese día, y confió en la promesa de que vendría con poder. “Y mi Dios proveerá a todas sus necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Después de eso, él trabajó con todas sus fuerzas.
