Mayo 24
«Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él los exalte a su debido tiempo, echando toda su ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de ustedes». 1 Pedro 5:6-7
La ansiedad puede entrometerse en nuestra vida cuando menos lo esperamos y rápidamente abrumarnos. O bien, puede quedarse a vivir sin ser invitada y, aparentemente, de forma permanente. Pocas personas no la experimentan: puede tener diferentes matices y ser motivada por circunstancias distintas, pero el asunto en sí mismo es notablemente común.
Cuando enfrentamos la ansiedad, con frecuencia intentamos ignorarla distrayendo nuestra mente: «Voy a escuchar algo de música. Saldré a conducir un rato. Voy a correr un par de kilómetros. ¡Voy a hacer lo que sea… con tal de escapar!».
Sin embargo, observa que, en este versículo, Pedro no nos dice que debemos negarla, ignorarla ni huir de ella. En cambio, debemos echar «toda [nuestra] ansiedad sobre Él». La palabra griega que se traduce aquí como «echar» denota una acción decisiva y enérgica. Puede ser utilizada para describir el deshacerse de una bolsa de basura. De la misma manera, en lugar de pasar nuestros días aplastados por la carga de la ansiedad, debemos deshacernos de ella, lanzarla sobre el Señor.
Esto requiere que rindamos nuestro orgullo, nuestro deseo de controlar nuestras circunstancias y de triunfar sobre ellas. Ser humildes es lo que nos permite entregar todas nuestras preocupaciones a Dios: la presencia de la humildad conduce a la ausencia de la ansiedad. Cuando intentamos tomar el asunto en nuestras propias manos a través de preocuparnos demasiado, indicamos una ausencia de humildad; estamos pensando más en nosotros mismos que en nuestro Padre celestial, o estamos más determinados a navegar por nuestro propio rumbo que dejárselo a Dios.
Siempre habrá circunstancias que nos causen ansiedad. No obstante, Pedro no aborda ninguna circunstancia específica; más bien, enfrenta la ansiedad producida por las circunstancias. Nuestra ansiedad en sí misma es lo que debemos echar sobre el Señor al hacer exactamente lo que la Biblia dice que debemos hacer: humillarnos bajo la mano de Dios y decir: «Mi Padre sabe lo que es mejor para mí. Él cuida de mí mejor de lo que yo puedo cuidar de mí mismo». Cuando nuestras preocupaciones nos aplastan, podemos rehusarnos a ser abrumados por ellas al recordar la disposición del Señor para ayudarnos.
Puede que estés luchando con algo hoy y preguntándote cómo lograrás sobrevivir hasta mañana. Tal vez ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te arrodillaste junto a tu cama y en verdad echaste tu carga sobre el único que puede llevarla y le dijiste: «Dios, no puedo vivir mi vida con esta carga sobre mis hombros. Tómala. Es Tuya».
Si es así, no esperes más. Echa tus ansiedades sobre los brazos amorosos de tu Padre celestial y experimenta la libertad y la paz que solo Él puede ofrecer.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
